Urge un acuerdo social humanitario para salvar al país

Por Alfredo Infante s.j.

Foto: archivo WEB

En Venezuela el paso de una emergencia humanitaria a una catástrofe humanitaria es una posibilidad en este contexto de pandemia.

La pandemia del Covid-19 nos alcanza en medio de una emergencia humanitaria compleja producto de 7 años de contracción económica; con quiebre del sistema eléctrico que ha afectado estructuralmente la capacidad de bombeo del sistema de agua potable; sumado a una situación de hambre por la correlación salario e hiperinflación y, también, en una atmósfera de insalubridad sanitaria dado el colapso del sistema de salud y la deficiente recolección de basura.

¿Cómo prevenir la propagación de la pandemia sin electricidad, agua potable y con el sistema de salud por el piso?

¿Cómo vivir la cuarentena en nuestros sectores populares con hambre, sin recursos económicos y, en muchos casos, en hacinamiento? Estamos ante una bomba de destrucción masiva.

Las personas que habitan en los sectores populares se ven obligadas por la necesidad a salir a la calle a rebuscar el sustento diario, a proveerse de agua potable y a correr detrás del camión del gas.

En el interior del país hay sectores que llevan meses sin agua potable y pasan largas horas sin electricidad, hecho que hace insoportable el encierro necesario para prevenir la propagación del virus.

Las enfermeras, médicos y personal de salud han venido manifestando y exigiendo condiciones básicas de higiene para servir de manera medianamente segura.

Para evitar que esta pandemia se convierta en una catástrofe, urge un acuerdo social humanitario que ponga como interés común la vida de todas y cada una de las personas que habitan nuestro país.

Es doloroso y trágico que la lógica del poder y los intereses particulares de grupo cierren la posibilidad de una negociación y acuerdo entre todos los actores políticos, sociales y económicos en pro de la vida.

La iglesia, seguidora de Jesucristo, quien «vino para que tengan vida y vida en abundancia» (Jn10,10) exhorta a los actores responsables, especialmente a quienes ejercen el poder en Venezuela, a trascender los intereses particulares y trabajar por la vida de todos los venezolanos; si no lo hacemos, pasaremos a la historia como una «raza de víboras» (Lc 3,7) y una « generación perversa» (Mt11,1), idiota.

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