Se extiende el populismo-iliberal como proyecto de demolición de la democracia occidental (II)

Imagen archivo WEB

Por Francisco J. Contreras M.

Bajo condiciones de descomposición moral y debilidad institucional los intereses particulares cobran fuerza sobre los generales de la sociedad. Esas anomalías están presentes en los conflictos más serios del mundo actual, con una agenda que cobra vida propia y no es impuesta desde los países centro sino desde los mismos estados débiles y fallidos.

Urge una revisión de los contenidos que guardan relación con la conducta de la gente de manera que las creencias, la moral, las emociones, la religión, el estado y la economía no se desvíen de su esencia y pasen a servir de instrumentos para la exclusión y el conflicto como prósperos negocios de la élite populista en tránsito “iliberal”. Es el fértil terreno de la manipulación para resquebrajar otro de los principios de la democracia: las reglas de la verdad deliberativa bajo una auténtica democracia.

Los mercaderes de la “democracia iliberal”, pueden ser gobierno o no, coordinan sus actividades para sí con autonomía y movilidad, sus acciones incluyen todo tipo de actos ilícitos o no, contagian empresas, políticos, medios y actores individuales que no poseen poder institucional. Aunque los humanos sean razonables, sus juicios pueden ser inexactos por falta de información o por manipulación. La asfixia regulatoria, la discrecionalidad del poder público y la debilidad institucional son el resguardo de todas esas actividades perjudiciales cuyo reflejo se manifiesta en mercados negros, escasez, inflación y propagación de la miseria.

El rechazo a la evidencia -en el caso de las verdades experimentales- y de los criterios de demarcación del discurso democrático -en el caso de las verdades deliberativas-, constituyen el origen para que cualquier cosa imaginaria sea asumida como real dependiendo de la manera como se la presente a conveniencia de las partes en conflicto, es la condición “posfactual” en la cual se privilegia el desorden, el individualismo y la desconfianza hacia todo y entre todos, perdiéndose el factor crítico de éxito del sentido de propósito de un país, es la fuente anti-frágil de la perpetuación del autoritarismo y de una cultura iliberal-populista entre los venezolanos sin exclusión de los propios factores democráticos y más en sus variantes radicales.

La gobernanza fundada en la asfixia regulatoria es contraria al buen desempeño de la economía: la gente y las empresas se debilitan pues la dependencia de prebendas y regulaciones las hacen ineficientes. Bajo el autoritarismo desaparecen los alicientes propios de la cultura innovadora que surgen de los contratiempos, errores y aciertos, bajo esta nueva modalidad “iliberal” se niega cualquier posibilidad de mejora y sobreviene la demolición social, es la explicación del cómo toda organización nacionalizada al término del tiempo desaparece o se transforma en un crematorio de recursos productivos.


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Fuente: https://www.prosprev.com

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