San Alberto Hurtado: su devoción a la virgen María

 

Por Alfredo Infante s.j. 

Este sábado 15 de agosto celebramos la fiesta de la Asunción de María. Y, bien vale la pena, compartir la cálida relación de San Alberto Hurtado con la Virgen María. En la experiencia de los ejercicios espirituales  hay una petición que San Ignacio propone  al ejercitante y que marca la vida de todo jesuita “María, ponme con tu hijo Jesús”.

 Esta petición será una clave  en la relación de San Alberto Hurtado con nuestro Señor Jesucristo, por eso  insistía el santo:

María Santísima. La más bella criatura… toda ternura… su misión no es ser Ella el centro de culto, sino llevarnos a Cristo y por Él al Padre…”

No hay piedad mariana que termine en María, pero sí rasgo distintivo, por María ir a Cristo y consagración de nuestra vida a María para que Ella la presente a Jesús”

Tenía San Alberto Hurtado la gracia de vivir la vida cotidiana con profunda devoción al punto que su trato con María, no era un trato desligado de su quehacer diario lleno de estudio, reflexiones densas sobre el país y la iglesia, acción solidaria con los más pobres, arduo trabajo por la justicia, en María encontraba el agua fresca para seguir andando y profundizando en su apostolado a favor de los más necesitados y centrarse en Jesucristo:

  “Así como cuando vivía Jesús iba usted, ¡Oh Madre!, con el cántaro sobre la cabeza a sacar agua de la fuente, venga ahora a tomar agua de la gracia y tráigala, por favor, para nosotros que tanto la necesitamos”

Y contemplándola a Ella, San Alberto Hurtado, nos descubría a la humanidad creyente que sirve, coopera y se entrega discipularmente a la búsqueda de la voluntad de Dios en las fronteras sociales y existenciales del mundo:

Modelo de cooperación: María como Madre no quiere condecoraciones ni honras, sino prestar servicios.”

“…el que ama a María .., como Ella, procurará hacer conocer y amar a su hijo Cristo, marchando al apostolado de las almas, apostolado que se hace hoy más necesario que nunca porque vemos a los países y a los individuos que atraviesan por horribles crisis, religiosa, moral y económica”

Y, desde su relación con María, nos propone una iglesia familia que se reúne en torno a la madre, madre que ora, sonríe, se alegra, se duele, acompaña, sufre, alienta la esperanza de sus hijos, y esa iglesia familia tiene como madre a María: 

“La familia nunca es tan familia como el día de la Madre; la Iglesia nunca es tan Iglesia como el día de la Madre, de la Madre de Cristo y Madre nuestra también… así lo sentimos todos: los indiferentes no menos que los fervientes… El mes de María en todas las Iglesias… esas colas interminables de fieles, de hombres, de gente alejada que siente en su corazón tal día como hoy la nostalgia del hogar. Es la Madre y aquí viene María también como cuando pequeños a descansar en su regazo, ¡qué día de tantas emociones para los hijos; de tantas alegrías en el cielo…, porque en el cielo hay alegrías suplementarias… En verdad os digo que más alegría en el cielo por un pecador… que por tantos ¡”

Y, finalmente, esa relación cercana e íntima con la virgen María, nos la describe bellamente en esta oración que toca nuestras fibras interiores, cuando aquel hombre “chiflado por Cristo” como el mismo se llamaba, aquel andariego vigoroso y soñador empedernido, aquel paladín de la justicia y la fraternidad, “aquel fuego que enciende otros fuegos”, aquel “ dulce  trajinador “ y  “pedigüeño a lo divino” como le llamó su amiga y poeta  Gabriela Mistral, se desarma, ante María, mendigando su mirada en esta bella oración.

Madre Mírame.

¡Madre mía querida y muy querida!

Ahora que ves en tus brazos a ese bello Niño

no te olvides de este siervo tuyo,

aunque sea por compasión mírame;

ya sé que te cuesta apartar los ojos de Jesús

para ponerlos en mis miserias,

pero, madre, si tú no me miras,

¿cómo se disiparán mis penas?

Si tú no te vuelves hacia mi rincón,

¿quién se acordará de mí?

Si tú no me miras,

Jesús que tiene sus ojitos clavados en los tuyos, no me mirará.

 

Si tú me miras, El seguirá tu mirada y me verá

y entonces con que le digas

“¡Pobrecito! necesita nuestra ayuda”;

Jesús me atraerá a sí y me bendecirá

y lo amaré y me dará fuerza y alegría,

confianza y desprendimiento.

Me llenará de su amor y de tu amor

y trabajaré mucho por El y por Ti,

haré que todos te amen

y amándote se salvarán.

¡Madre! ¡Y solo con que me mires!

(San Alberto Hurtado)

 


Referencia:

http://www.caminando-con-maria.org/MESDEMARIA/SAN%20ALBERTO%20HURTADO/FRASES.htm

 

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