Rafael Uzcátegui: «El desafío es salir de esta crisis con sentido de comunidad, como país»

Foto: Reyner Peña (El Pitazo)

Por Juan Salvador Pérez*.

Continuamos con la serie de entrevistas realizadas desde la Revista SIC a especialistas de diferentes disciplinas para reflexionar sobre la condición humana en medio de uno de los mayores desafíos que ha enfrentado la humanidad en el último siglo.

En esta oportunidad contamos con las reflexiones de Rafael Uzcátegui, Sociólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Coordinador General de Provea desde el año 2015. Desde 1990, edita fanzines y publicaciones de manera independiente. Autor de «Corazón de Tinta» y «Venezuela: La revolución como espectáculo. Una crítica anarquista al gobierno bolivariano». Columnista de Tal Cual y La Silla Vacía (Colombia).

Fe. Desde el inicio de esta pandemia, quizás el sentimiento más arraigado y más común –tanto en los dirigentes, como en los simples ciudadanos, en los expertos y en los legos – ha sido la duda, la incertidumbre, la confusión. Qué hacer, por qué, por cuánto tiempo, cómo hacerlo… La vacilación y la sospecha ante las medidas y sus efectos. Se pone de manifiesto una vez más esa histórica actitud del ser humano entre la certeza y la incertidumbre, entre confiar o desconfiar. Aquí es donde entra la Fe (del latín fides, confiar). ¿Qué significa ser un hombre/ mujer de fe, en estos momentos?

– Ser un hombre o mujer de fe, dentro de un país donde se han derrumbado todos los referentes morales de actuación, es seguir aferrado a un conjunto de principios y valores que guían tus actos y el sentido de tu vida, donde agrupas: dónde está “el bien” y donde está el “mal”. Hay elementos externos que no podemos controlar, como lo es la erosión de las instituciones democráticas, las decisiones que generan una emergencia humanitaria compleja o la transmisión de una epidemia llamada Covid-19, de la cual desconocemos casi todo.

De lo que sí podemos tener certidumbre es de nuestra respuesta personal a esas circunstancias. Hay quienes en situaciones límites como esta diluyen su fe al actuar según la lógica del “sálvese quien pueda” o “el fin -que es sobrevivir- justifica cualquier medio”. Pero también, hay quien guiado por sus convicciones intenta ser consecuente con lo que cree es bueno para sí y sus seres queridos. Por ejemplo, un hombre o mujer de fe, luego de tomar las medidas de protección necesarias para sí y sus familiares, intentará ayudar a sus semejantes, bien sea con apoyo material, psicoemocional o espiritual.

La otredad. Hace algún tiempo leí, en una entrevista realizada a Savater, que el jurista italiano Norberto Bobbio llamaba la atención sobre tres conductas que atentaban contra la aspiración de los Derechos Humanos: el descuido, la indolencia y el escepticismo. ¿Acaso esta circunstancia que vive hoy la Humanidad nos permitirá un actitud diferente y más comprometida con y hacia los otros?

– Que el mundo se haya paralizado por una epidemia nos ha recordado amargamente que, a pesar de las diferencias de raza, de idioma o de creencias, somos parte de un todo que habita en un mismo planeta. Como toda crisis, representa una oportunidad para superar las debilidades que tenemos hoy para enfrentarla y que, en una situación similar en el futuro, estemos en mejores condiciones para dar una respuesta global.

Nuestra situación particular en Venezuela nos impide participar en la discusión global abierta de cómo será el mundo después del Coronavirus. Uno de los flancos de este debate es la reforma de los sistemas sanitarios para que puedan garantizar, aún en los peores escenarios, las garantías universales para el disfrute del derecho a la salud. Conversaciones similares hay sobre el impacto de los procesos educativos, las actividades culturales y de recreación en el espacio público, el propio tamaño de la economía y de los derechos laborales, la cooperación internacional y el rol de las agencias de Naciones Unidas. Cuando respondo estas interrogantes, las cifras de fallecidos en todo el mundo por la epidemia sumaban más de 346.000. Si algo pudiéramos sacar en positivo de toda esta catástrofe es la sensibilidad para desarrollar todo el conocimiento técnico y humano necesario para minimizar el sufrimiento humano en el futuro.

Las acciones individuales. Hemos visto una cantidad enorme de testimonios conmovedores sobre actuaciones de personas durante esta epidemia. Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, enseña que los sermones morales universales resultan menos útiles que las acciones individuales (“sermones enim morales universales sunt minus utiles, eo quod actiones in particularibus sunt”). ¿Qué nos exige esta situación a cada uno de nosotros en particular?

– En un tono más procaz, hace tiempo leí en alguna parte que “teoría sin acción es masturbación”. Y sí, es reconfortante el conocer esas historias mínimas de lo que puede ser el aspecto luminoso de hombres y mujeres, pues no da un elemento para aferrarnos en cualquier momento de desesperación sobre la dificultad de ser mejores de lo que somos. La pausa forzada del aislamiento social nos da la oportunidad para estar con nosotros mismos, en nuestro recinto más privado de intimidad. Y constatar si nos sentimos bien con lo que somos como personas y con lo que hemos edificado a nuestro alrededor.

En cuarentena podemos revalorizar cosas que antes habíamos desmeritado por la cotidianidad acelerada de la vida moderna. Una de ellas es el acontecimiento extraordinario del encuentro físico con las personas que estimamos, esa alegría de estar juntos y juntas. Ahora, que no podemos hacerlo, nos damos cuenta de lo especial que es una celebración de cumpleaños o un matrimonio. Así que no sólo es un momento propicio para hacer un balance de quiénes somos, sino también de cómo nos vinculamos a otros.

Lamentablemente, en Venezuela la pandemia está vinculada a la emergencia humanitaria compleja, la falta de democracia y la imposibilidad que nuestro salario pueda adquirir todos los alimentos que necesitamos poner en la mesa. Pero la lucha por nuestra supervivencia también debe ser la lucha por la subsistencia de los demás. Fue un príncipe ruso, Pedro Kropotkin, quien demostró que el apoyo mutuo era más importante para la evolución de las especies que la teoría de la supervivencia del más apto. El desafío es salir de esta crisis con sentido de comunidad, como país: Un territorio habitado por personas que, a partir de sus necesidades comunes, construyen un sueño compartido.

 *Abogado. Magíster en Estudios Políticos y de Gobierno. Miembro del Consejo de Redacción SIC.

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