Polarización política inorgánica, divorcio de la realidad social

Foto: AFP

Por Alfredo Infante s.j. | Boletín Signos de los Tiempos.

Hace unos días, en un conversatorio vía Zoom, me hicieron una pregunta que me quedó resonando en la mente: ¿Hay polarización política en Venezuela? Responder “no” era caer en el osado simplismo que despacha las cuestiones serias para seguir en la trinchera cómoda y, más aún, cuando todo apunta a que vivimos en un mundo globalmente polarizado, que se ha expresado de manera clara en las elecciones estadounidenses y, a nivel eclesiástico mundial, se evidencia en la fidelidad y rechazo al papa Francisco.

La percepción que tengo es que en Venezuela hemos pasado de una polarización política orgánica a una polarización política inorgánica. Los estudios de opinión pública van arrojando como resultado que, hoy, tanto el régimen de facto como la oposición partidista han perdido una importante base social, y lo que se está percibiendo como fenómeno es un descontento alarmante hacia la política. En este contexto, ambos polos son una minoría que no ha logrado interpretar las aspiraciones del cuerpo social ni vincularse orgánicamente para movilizarlas genuinamente; hoy, como nunca, se percibe una brecha entre las aspiraciones legítimas del cuerpo social y los operadores políticos que, se supone, deben canalizar sus aspiraciones, tendencia que, lamentablemente, nos ha llevado a una desmovilización ciudadana. En este escenario, la desmovilización política juega a favor del régimen, porque es una minoría con poder que controla para sus intereses el aparato del Estado, mientras la minoría opositora carece de poder interno y, cada vez más, de la legitimidad de la población. Estamos en una calle ciega.

¿Es adecuado hablar de polarización política en un contexto de desmovilización política?

Es adecuado sólo si consideramos que estamos en un escenario de polarización política inorgánica, donde el quehacer político se ha divorciado del cuerpo social y la tensión y confrontación propias de la polarización han migrado a las redes sociales, a la propaganda, quedando todo en lo meramente ideológico, en la superestructura; así, el ejercicio de la política tiende a convertirse en la pasión de unas minorías abocadas al poder y desvinculadas del sentir de la gente.

Es lamentable que, más que haber superado la polarización política -que fracturó nuestro tejido social creando hondas heridas en las personas, las familias, las comunidades y, en la complejidad del cuerpo social-, estemos transitando, no hacia una solución democrática de la crisis, sino hacia una polarización inorgánica, con una sociedad despolitizada donde el ejercicio de la política apartó su cara del bien común.

En una emergencia humanitaria compleja, con quiebre de servicios públicos, con una cotidianidad vivida a sobresalto, con escandalosa desigualdad, con noticias alarmantes como las de los dos ancianos que murieron de hambre en su apartamento o el aumento de los feminicidios, no deja de sorprender que los dirigentes políticos no sepan interpretar las necesidades de la sociedad y sintonizar genuinamente con sus anhelos, sin dobleces y picardía, y apostar al país para encaminarnos a un Estado de derecho.

Hace poco, el joven jesuita Isaac González me comentaba sobre una investigación realizada con un grupo de estudiantes de 5° año de bachillerato del Colegio Loyola de Puerto Ordaz, quienes, curiosamente, expresaban una alta valoración de la democracia, pero, paradójicamente, no querían saber nada de la política. En otras palabras, la democracia es sólo un anhelo, una ilusión, cuando el vehículo más adecuado para construirla -que es la política- huele a muerto.

Creo que este hallazgo, por mis observaciones en el barrio, es tal vez el sentir de gran parte de la gente. Por eso, desde Signos de los Tiempos insistimos en que, si no ponemos el país en el centro y recuperamos el ejercicio de la política verdadera, el cambio seguirá siendo una ilusión y, dolorosamente, el régimen de facto permanecerá en el poder en medio de un gran descontento social, mientras la reconstrucción del Estado de derecho seguirá en lista de espera.


Fuente: https://mailchi.mp/0144c63a6067/signos-de-los-tiempos-n-78-30-oct-al-05-nov-2020

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