Maduro y el deslave pandémico

Foto: Prensa presidencial

Por Carlos Ochoa Ruiz   

A inicios de septiembre, Nicolás Maduro dejó en claro, decidido y en tono desafiante que, entre la pandemia y las elecciones parlamentarias no hay dilema que valga: «!el 6 de diciembre, con pandemia o sin pandemia habrá elecciones en el país, llueve, truene o relampaguee!».

En pleno desarrollo de la pandemia que amenaza en aumentar su contagio, se puede configurar un “deslave pandémico” a finales de este año. La bravuconada de Maduro produce un Déjà vu (en francés “ya visto, suceso ya vivido”). Nos traslada al lamentable deslave ocurrido en Vargas en diciembre de 1999, en ocasión de las elecciones para referéndum de la Asamblea Constituyente, convocada por Chávez. Necesitaba una nueva Constitución a la medida de sus intereses.

Una lluvia persistente de varios días, precedió la consulta electoral. Ya había producido inundaciones en otros estados del país. En Vargas las precipitaciones se acentuaron, el director nacional de Defensa Civil, recomendó la declaración de alarma nacional al gobierno central. Había una amenaza inminente. Pero Chávez no contemplaba suspender el proceso electoral. En sus ínfulas de grandeza, apeló con el irrespeto que lo caracterizó, a la frase de Simón Bolívar: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Y como es normal, la naturaleza se impuso, no obedeció. Fue el costo en vidas humanas por la imposición de un proceso electoral, el cual privilegió ante la necesidad de accionar un plan de contingencia y el desalojo de la población en las zonas más vulnerables de Vargas.

Veintiún años después, le correspondió a Nicolás Maduro hacer similar desafío ante la amenaza de un deslave pandémico (incremento mayor de los contagios y fallecidos) que autoridades científicas nacionales e internacionales pronostican para finales de este año. No obstante, los anuncios del régimen sobre el control de los contagios, la curva mantiene su tendencia ascendente.

En la evolución de la pandemia se identifican tres factores fundamentales:  los contagios, la capacidad de hospitalización y la cantidad de fallecidos. La evidencia médica señala que los contagios, con todas las medidas de bioseguridad implementada, su propagación, en general, se mantendrá hasta la llegada de la vacuna. Su poder de contagio es mayor a su letalidad, a menos que la infección ocurra en personas con condiciones preexistentes o de avanzada edad.  Por ese motivo, los esfuerzos de los gobiernos están en la disponibilidad hospitalaria y fármacos, con la finalidad de reducir el número de decesos.

El Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME) de la Universidad de Washington publicó recientemente las perspectivas globales de la pandemia, con escenarios donde el más probable contempla un aumento mayor de decesos a finales del presente año. A tal fin utiliza dos indicadores: La disponibilidad de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y los pacientes con estados de salud en la etapa de Insuficiencia Respiratoria Aguda Severa (IRAS), los cuales requieren respiración asistida en las UCI. En América Latina, resulta importante la comparación de Venezuela con los vecinos más cercanos: Colombia, Ecuador y Perú.

 

En Venezuela, aunque la magnitud de los decesos es relativamente menor, presenta una tendencia creciente con relación a Ecuador y Perú. Estos dos países estuvieron muy afectados al inicio de la pandemia cuando su sistema hospitalario, específicamente las UCI, su disponibilidad no fue suficiente para atender los pacientes que entraron en etapa de gravedad de forma acelerada.

Se debe destacar que la proyección de los decesos realizada para Venezuela, está en función de las cifras suministradas por las autoridades sanitarias del país, las cuales han tenido observaciones de instituciones médicas y científicas nacionales. De acuerdo a la Organización Médicos Unidos por Venezuela, al 27 de septiembre habían fallecido 200 profesionales  de la salud, representa el 33% del total de los reportes oficiales y la mayor tasa de mortalidad específica de América Latina. Ese subregistro es extensivo a otros fallecidos cuyos familiares han señalado que no aparecen en los registros oficiales difundidos.

El modelo predictivo del Instituto de Salud de la Universidad de Washington, señala que a partir de mediados de noviembre la disponibilidad de las UCI, estarían por debajo de los requerimientos de pacientes con insuficiencia respiratoria severa, lo que explicaría el aumento de los decesos a finales de año. Hay que señalar que los organismos internacionales como la Organización Panamericana de la Salud y otras instituciones internacionales reciben información de las autoridades sanitarias del país, que no son suministradas a los medios de comunicación nacional. Esa es la política del régimen, desinformar y manipular la información a los venezolanos.

Los reportes diarios oficiales, hacen énfasis en los pacientes recuperados y los activos o contagiados. Pero suministran poca información del estado de salud de los activos: Los asintomáticos, y los que están en condiciones de Insuficiencia Respiratoria Aguda Leve (IRAL), Moderada (IRAM) y Severa (IRAS), que son los pacientes que requieren la atención inmediata de las UCI.

Como se puede observar, la tendencia es el aumento de los pacientes con mayores dificultades respiratorias y los que presentan afectación de los pulmones y otros órganos vitales. El aumento de los contagios, las limitaciones de los hospitales públicos, en términos de equipos, insumos y personal sanitario, ha exigido la utilización de las clínicas privadas, las cuales ya están agotando su capacidad instalada de hospitalización.

En este escenario, el régimen de Maduro insiste que la curva de contagios está bajo control. Pero en realidad muestra una curva ralentizada, al reducir la velocidad de su crecimiento mediante el control de las pruebas realizadas, de los laboratorios y la difusión de los resultados con omisiones y retrasos. La finalidad es ocultar el potencial crecimiento exponencial de los contagios y pretender dar una sensación de normalidad y control de la pandemia que aún no lo han logrado.

La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela, presentó el 10 de septiembre un nuevo informe sobre la situación del covid-19 en Venezuela. Advirtió que en diciembre podrían registrarse hasta 14.000 casos diarios. Son los resultados basados en modelos de predicción epidemiológicos que describen dos posibles escenarios.

En el primer caso, la estimación es que se contabilicen entre 7.000 y 14.000 casos positivos al día en los próximos tres meses. En el segundo escenario, se proyecta que se registren más de 4.000 infecciones de covid-19 diariamente en el mismo período. Los pronósticos realizados por la Academia de Ciencias en abril, colocaba los contagios en 4 mil diarios para septiembre. Sin embargo, se mantuvo en el promedio de mil por efecto de la ralentización antes mencionada.  El escenario de más de 4 mil contagios en el último trimestre del año está en correspondencia con las proyecciones de decesos de la Universidad de Washington.

En estos escenarios de la pandemia, Nicolás Maduro decidió la realización de las elecciones parlamentarias en diciembre. Es su principal prioridad frente a la necesidad de utilizar los recursos financieros disponibles para fortalecer y ampliar el servicio hospitalario en las áreas más críticas y preservar la salud y la vida de la población.

Con ese afán, su “nuevo” Consejo Nacional Electoral (CNE) actualizó en tiempo récord el padrón o registro electoral nacional, quedando conformado por 20.710.421 de electores. En el escenario más bajo de la Academia de Ciencias, que sería la proyección de los contagios diarios de 4 mil para final de año; al relacionarlo con al padrón electoral, se obtienen los contagios por cada 100 mil electores para ese período. Representado en la tasa de contagio electoral, un indicador acorde con ese eventual evento.

A nivel de los estados del país, la proyección de tasa de contagio electoral resulta aún más significativa, por cuanto afecta a las entidades que, además de tener menor población, presentaron crecimientos importantes de los contagios hasta finales de septiembre.

 

Si bien los reportes oficiales indican que los contagios se concentran en Caracas como epicentro de la pandemia, hay estados donde, al compararlo con su padrón electoral correspondiente, la tasa de contagio electoral aumenta más que proporcional, como Vargas, Apure y Nueva Esparta.

Es importante también evaluar a los electores por edad, dada la vulnerabilidad de las personas mayores de sesenta años frente a los contagios. La emigración inducida por el régimen de Maduro redujo la población total y en consecuencia produjo un cambio en la estructura de la pirámide poblacional, con el envejecimiento relativo de la población.

De acuerdo a la Organización Internacional para Migraciones (OIM) la población emigrante de Venezuela es poco más de 5 millones de personas. En función de esa cifra el Banco Mundial estima el total de la población actual en 28,4 millones, población similar a 2010 (28,5 millones) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La mayor disminución de la población se ha producido en las edades comprendidas entre 20 y 59 años. Utilizando los estratos por grupos de edad del INE, corresponde a la población económicamente activa.

Significa que la proporción de electores mayores de 60 años aumentó con relación a 2015. De acuerdo a las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la mayor tasa de mortalidad por covid-19 ocurre en el estrato de esta población. Lo confirman los reportes diarios que dan las autoridades del régimen.

Las posibilidades de la agudización del impacto de la crisis sanitaria de la pandemia en la población por no contar con un sistema médico hospitalario acorde con la demanda de los servicios, así como la ausencia de las condiciones competitivas democráticas para un evento electoral, han sido las causas para las exigencias de diversas organizaciones políticas y sociales para la suspensión de las elecciones parlamentarias en diciembre.

Además, no se justifica, que ante las dificultades fiscales, el régimen de Maduro le otorguen más prioridad a un evento electoral, financieramente costoso, que a la salud de la población. Aún está a tiempo de evitar, que al igual que 1999, se produzca otro nuevo deslave en el país.

 

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