El ambiente cultural y la revista SIC

 

En Venezuela se vivió una floración de movimientos en el siglo XX con revistas literarias, artísticas, musicales, informativas y especializadas, pero en general de vida efímera

En nuestro caso concreto nos limitaremos a realizar una breve síntesis capaz de explicar el nacimiento y la importancia de la revista del Seminario Interdiocesano de Caracas (SIC).

Podríamos afirmar que la primera época de los años 20 convocó a sus juventudes inquietas y giró en torno a El Cojo ilustrado y Élite (1925- 1936).

Pero, sin lugar a dudas, existe una frontera claramente definida que es la Generación del 28. Pero como anota Humberto Cuenca, ya las revistas no forman generaciones sino grupos. Y añade: “La del 28, más que una generación, fue una actitud. Los hombres del 28 vivieron su propia literatura, sus vivencias fueron adquiridas con jirones de vida y por ello se llamó la generación angustiada”1.

En 1938 conocieron la luz pública dos revistas cuya biografía todavía sigue vigente.

La primera fue la revista Nacional de Cultura dirigida por Mariano Picón Salas, patrocinada por el Ministerio de Educación y, como anota Humberto Cuenca: “a veces ha sido escrita con el mejor pensamiento hispanoamericano, pero como publicación oficial no ha podido recoger en su integridad nuestra proyección estética e ideológica”2.

La segunda: la revista SIC donde se cultiva el pensamiento católico y la cultura venezolana. Su fundador fue el jesuita Manuel Aguirre Elorriaga, filósofo e historiador, y su casa editorial el Seminario Interdiocesano de Caracas. Su inspiración inicial en Venezuela fue la emblemática carta pastoral colectiva del 8 de diciembre de 1936. En ella se exponen los enfoques papales sobre el comunismo, el socialismo, la cuestión social obrera, el valor del derecho de propiedad con sus limitaciones, los derechos sindicales y los derechos docentes de la Iglesia, usurpados por el Estado en tiempos de Guzmán Blanco. Por otra parte, dicha carta es un abierto llamado a cerrar filas en la acción católica3.

Es lógico pensar que la Iglesia quisiera hacer acto de presencia cualificado en el mundo cultural y del pensamiento y ninguna institución, en aquel momento, más propicia que el Seminario Interdiocesano de Caracas.

Era preciso redimir el pobre concepto que la sociedad del conocimiento tenía de la iglesia y de los eclesiásticos y, dadas las circunstancias políticas, ningún momento más oportuno para lanzar un proyecto cultural que pusiese al día a los que eran católicos o tenían su mente abierta al progreso del pensamiento.

En todo caso la Iglesia mantuvo sus medios de comunicación a pesar de todas las dificultades y contratiempos. Así pues, la vida eclesial se puede seguir gracias a cuatro periódicos que mantuvo la Iglesia a lo largo del siglo XX: La Religión (1890) en Caracas; El Vigilante (1924) en Mérida; Diario Católico (1924) en San Cristóbal y La Columna (1932) en Maracaibo. Hoy todos han perdido su vigencia.

No podemos dejar de llamar la atención sobre una revista católica poco citada pero que cubrió algunos sectores selectos de la sociedad. Nos referimos a IRIS, fundada y dirigida por Lucila Luciani de Pérez Díaz y que mantuvo su producción entre 1928 y 1940.

La génesis de la revista SIC

La gestación de la revista SIC fue lenta, silenciosa y bien planificada. Don hombres fueron los artífices del proyecto. El P. Víctor Iriarte4, hombre de sólida formación intelectual y de avanzada, y el P. Manuel Aguirre5 quien en Roma adelantaba su tesis doctoral en Historia de la Iglesia en la Universidad Gregoriana.

Gracias a la correspondencia mantenida entre ambos jesuitas podemos seguir las líneas maestras que desembocaron en la revista SIC.

Dos cartas vienen a señalar el diseño de la nueva publicación6. La primera, del P. Víctor Iriarte, data del 10 de diciembre de 1934 y en ella se hace alusión a un proyecto para fundar un periódico o reforzar La Religión y añade: “la pobre sigue tan tísica como en los buenos tiempos en que usted la conoció”. Otro punto oscuro es el de los colaboradores y por ello apela a la formación de hombres aptos.

La segunda carta está escrita por el P. Aguirre el 4 de octubre de 1936 en Marneffe (Bélgica) y dirigida al P. Juan María Ponce, Vice Provincial y Rector del Seminario. Su proyecto se ha ido delineando con las siguientes sugerencias. Los artículos deben ser breves y propone como nombres posibles “Ideario” y también “Horizontes y Verdad y Justicia”. Su estructura la concibe: “el fondo de la revista debería comprender: artículo de fondo (de la Dirección, comentarios (de la Dirección), sección sociológica, textos y documentos de historia patria, sección literaria, sección científica, apologética, moral práctica, cónicas, revista de revistas, Bibliografía”.

También el epistolario dedicó su atención sobre los posibles colaboradores. Entre los jesuitas mencionados, más allá de los dos fundadores, se señalan, entre otros, el P. Carlos Guillermo Plaza y el P. Pedro Pablo Barnola7.

De los laicos se hace referencia a: Mario Briceño Iragorry8, Rafael Caldera9, Mons. Henríquez, José Izquierdo10, Samuel Darío Maldonado11, Mons. Nicolás E. Navarro12, Caracciolo Parra León13 y Rafael Domingo Silva Uzcátegui14.

Tampoco debemos dejar pasar por alto otro elemento importante e inspirador como son los varios modelos jesuíticos exitosos muy bien conocidos por los profesores del Seminario. Nos referimos a las revistas que se movían en el ámbito del pensamiento y de la alta cultura y que eran respetadas en el mundo del pensamiento. Era el caso de las revistas: Razón y Fe en Madrid (1901), Études en Paris (1856), La Civiltà Cattolica en Roma (1850), y por citar un caso más cercano revista Javeriana en Bogotá (1934).

En enero de 1938 ingresaba al mundo hemerográfico venezolano una nueva revista con el título de SIC. Quizá pocos creyeron que su biografía sería de larga duración, pues todavía se mantiene en el mercado.

En su primera Editorial la publicación se autodefine así: “Una revista de orientación católica, palestra de discusión de temas actuales, compendio de criterios en cuestiones debatidas, síntesis de principios morales, como reclama la trascendencia de la hora crucial que vivimos, de la que ha de surgir ineludiblemente –buena o mala- una Nueva Venezuela”. Y más adelante especifica: “SIC es el anagrama del Seminario Interdiocesano de Caracas. Pero además de anagrama, es un lema de optimismo y una afirmación de seguridad. Sic- ¡Así es!”.

Finalmente, anuncia la estructura por la que se regirán los futuros números de la revista: Editorial y comentarios del mes. Acción social católica. Pastoral y catequesis. Misiones. Noticias del mundo católico. Crónica del Seminario. Bibliografía15.

Como fenómeno curioso anexamos una pequeña nota que las Noticias de Castilla, referidas a Venezuela, indicaban en el mes de marzo de 1940: “SIC, revista ampliamente difundida en toda la República, ha inaugurado este año varias secciones nuevas con un suplemento exclusivo del Seminario: Los intelectuales que tornan a Cristo, Consultorio moral por el P. Ugarte, etc. La sección «Vida nacional. será redactada por el joven abogado y líder derechista, antiguo alumno, Rafael Caldera. El noticiario católico se deberá a la pluma del P. Muniategui. Del suplemento anexo a la revista, se encargará el P. Salcedo. A su ve,z con el año, inicia la misma revista la editorial SIC que dispone ya de abundantes libros y espera editar otros propios de la redacción”16.

Su Director fue el P. Manuel Aguirre que, sin lugar a dudas, era la persona ideal para llevar adelante tan vital proyecto. Sus estudios en España, Bélgica, Austria y Roma le hicieron conocer de cerca ese confuso e interesante mundo que acabaría con la segunda guerra mundial (1939-1945).

Para los historiadores es evidente que el final de ese terrible ciclo que se abrió con las revoluciones democráticas y se cerró con la caída del último bastión del totalitarismo europeo, Alemania, grabó la fecha de un nuevo nacimiento, cuando la división causada por la barbarie nazi y la locura comunista cedió el paso a la reunificación.

Manuel Aguirre vivió ese ciclo, lo estudió y lo comprendió por su sólida formación intelectual como los demuestran tanto su doctorado en Filosofía como el de Historia Eclesiástica. Por ello, estaba convencido de que el nuevo mundo debería regirse por la democracia, justicia, ciencia y progreso del hombre moderno.

Con toda razón escribió Fernando García que periodos históricos de crisis están llenos de inseguridades y fanatismos, se colman de presentimientos de un nuevo comienzo y de inquietudes por una grave sensación de pérdida. De esa conciencia de cambio proceden las utopías políticas, cuya sustancia se distribuye entre las esperanzas desmedidas y la desesperación inconsolable. De esa misma conciencia se alimentan la brillantez de las corrientes literarias, la fuerza de la expresión plástica y el desacomplejado vigor del pensamiento, porque escritores, filósofos y artistas se sienten más y mejor convocados por una época que eleva su tasa de exigencia intelectual a una altura eminente.

Es evidente que Manuel Aguirre tenía conciencia del valor de la tríada que constituyen hombre, ciencia y sociedad para el diseño de una nueva nación y una nación es la empresa resuelta a hacerse tarea creadora, es la voluntad de sustentar los principios que justificaron su nacimiento.

Quien estudie atentamente su inagotable colaboración en SIC de inmediato se percatará su obsesión por el catolicismo social y político inspirado en los grandes maestros Jacques Maritain y de Manuel Mounier y las experiencias de la Democracia Cristiana en Alemania e Italia. La Doctrina Social de la Iglesia será una temática siempre recurrente como inspiradora para la reconstrucción que necesitaba Venezuela tras la larga dictadura gomecista.

SIC fue iluminadora para todos los sectores sociales en la transformación ideológica y política que vivió el país, en la apresurada transición que se vivió desde 1938 y 1952. Estuvo presente en las grandes polémicas y también se dedicó a orientar la renovación católica. Un ejemplo son los espacios dedicados a lo que fue el Círculo Obrero y de su amplia gama de iniciativas educativas, cooperativas, sindicales y agrarias.

A partir del número 6 (junio de 1938) aparece un apartado que con el tiempo adquiriría una gran importancia para los lectores: “Vida nacional”, síntesis de los principales hechos vividos en el país durante el mes17.

La Doctrina Social Católica

Quien revise con detención la revista SIC observará que la temática relativa a la Doctrina social cristiana permea desde sus orígenes todo su devenir.

Y no era para menos, pues su director Manuel Aguirre había regresado de Europa convencido de las bondades del nuevo pensamiento social de la Iglesia y de los aportes de las democracias cristianas a la reconstrucción de la Europa Occidental destruida por la guerra.

Como es evidente, la Constituyente quiso imponer en Venezuela un nuevo Estado, una nueva sociedad, un nuevo orden social, y temas como la Familia, la Propiedad Privada, la Reforma Agraria, la Vivienda, la Educación, todos ellos impregnados, para la Iglesia, de un alto toque de Marxismo.

En definitiva, se va a originar un conflicto ideológico entre el Socialismo y las ideologías pro marxistas frente al pensamiento de la Doctrina Social Católica que condena la lucha de clases y rechaza el materialismo histórico como única forma de entender el funcionamiento de las sociedades y oponiéndolo al concepto cristiano de la vida.

La postura sostenida por SIC responde a una especie de “Tercera Vía” que propone un término medio entre el socialismo y el liberalismo y su esencia radica en que interpreta el concepto de derecho de propiedad como una función social, pues su función es producir y no generar luchas improductivas y divisionistas.

Manuel Aguirre es muy claro en su posición:

La propiedad privada es un derecho natural. Dios, por medio de la naturaleza, nos ha impreso la tendencia a poseer y hacer propios establemente los bienes de la tierra, para alivio de nuestras necesidades individuales y familiares…

Pero si el obrero y sus líderes olvidan con frecuencia el derecho de propiedad, los patronos y propietarios olvidan con igual facilidad la doble función de la propiedad: función individual y función social…

[…] Lo más grave de nuestra propaganda social en el campo es el carácter político de las ligas, sindicatos y cooperativas que están naciendo.

[…] La política es, además, culpable de la desorientación de ciertas prédicas. Se busca más que el bien del campesinado, los votos del campesinado; y en la puja de los partidos se halaga al trabajador, hablándole constantemente de sus derechos y muy rara vez de sus deberes. La política es el comején de las organizaciones obreras y sindicales”18.

 

Sin lugar a dudas el trienio 1945-1948 es uno de los más ricos en la lucha de las ideas que ha vivido Venezuela en el siglo XX. En este trabajo haremos referencia a los puntos más destacados y en ningún momento pretendemos elaborar un tratado orgánico sobre las corrientes ideológicas.

En la aurora del año 1948 SIC intenta convocar las fuerzas católicas desalentadas por la campaña electoral. Y en un largo texto toma de nuevo posición:

Venezuela vive también en medio del vértice del apogeo marxista. Ha caído derribado por la revolución de Octubre de 1945 el andamiaje del viejo Estado liberal…

Es necesario reconocer que el último decenio, mientras la Iglesia se ha contentado con una actitud defensiva, el marxismo ha organizado una acción brillante y rápida en gran parte de nuestro mundo proletario.

Pero es también igualmente cierto que, en la juventud intelectual católica, tanto eclesiástica como secular, ha surgido ya con vigor la preocupación por la doctrina social católica; que contamos ya con hombres… que defienden con brillantez y contundencia victoriosa los postulados de las Encíclicas de León XIII y Pío XI.

No es hora de llorar la realidad evidente de nuestras masas obreras, ilusionadas con el espejismo marxista. Es la hora de llevar a la realidad de sindicatos, cooperativas, ligas campesinas, cajas de ahorro, la doctrina que se predica en discursos, libros y artículos.

La hora es solemne. La batalla se ha iniciado con las organizaciones católico-sociales de varios celosos párrocos […].

La victoria definitiva, aunque en el camino hubieran de caer algunos audaces y gloriosos fracasados, ha de ser de la verdad; de la doctrina social católica.

Actuar la doctrina social de la Iglesia debe ser la consigna de los católicos venezolanos en el año 1948”19.

 

El triunfo arrollador de Acción Democrática en las elecciones de diciembre de 1947 la ubicaba en el vértice del apogeo marxista.

Evidentemente, una nueva guerra se había declarado y el editorialista advierte sobre el odio:

Se está sembrando odio. Se está sembrando el rencor y el espíritu de venganza, no contra enemigos concretos y claramente culpables, sino contra todo lo culto, todo lo ordenado, todo lo decente… Se está jugando con fuego. Se está haciendo además ingenuamente el juego al comunismo internacional y su prédica profesional de odio. Y nuevamente nos vemos precisados a repetir: El que siembra vientos, cosecha tempestades”20.

 

Se habla de disolución social y alejamiento de la moral cristiana. Y, por ello, hacen referencia a la escuela laica, materialista y atea; la libertad sexual; el desmembramiento de la familia, la lucha de clases, la falta de fuerza en las amonestaciones del Presidente de la República, en fin, se insiste en las prácticas políticas debido al énfasis exagerado que da a los derechos por encima de los deberes.

Con respecto a la industria nacional se anota lo siguiente: “En los centros urbanos son muchas las industrias que viven lánguidamente, se cierran o no se abren por miedo a la pereza, oficialmente protegida, o la hostilidad marxista de los trabajadores de la empresa. ¿Qué podía esperarse de la insensata prédica de la lucha de clases? ¿De la ostentosa promesa de redenciones proletarias? Solamente la engañosa realidad del aumento de salarios. Engañosa, porque en una proporción más rápida se aumentan, en consecuencia, los alimentos y los servicios”21.

Una confirmación del tema la encontramos en el Editorial correspondiente al mes de julio de 1947, se transcribe un Carta Abierta de la Cámara de Industriales de Caracas:

Es un hecho efectivo que las desmedidas reclamaciones de ciertos elementos sindicales, inducidos por el simple deseo de enfrentar a empresarios y trabajadores o por un radical desconocimiento de las realidades y problemas económicos; el recargo constante de los costos sociales, que va unido a una creciente competencia de la industria extranjera y a un descenso de la productividad real de la mano de obra nacional desmoralizada por agitaciones demagógicas y, sobre todo, las angustias e inquietudes de la vida del industrial que une, a las que plantea a cada instante la vida de la empresa, la intolerable situación de verse señalado por elementos irresponsables como un enemigo a quien es preciso combatir y no como un hombre de trabajo con quien es necesario colaborar, ocasionan constantemente que las mejores energías humanas se desplacen de la industria y de la producción para refugiarse en operaciones comerciales o inmobiliarias o para buscar tranquilidad y acomodo en el disfrute de un sueldo burocrático”22.

Como punto de referencia para comprender esta situación citamos la respuesta de Domingo Alberto Rangel en la Asamblea Nacional Constituyente: “Firmes estaremos abriéndole surcos a una Revolución que no se va a detener aquí –óigase bien– que va a llegar muy lejos y tiene un camino muy claro de redención social, donde no cabrán cuando ella llegue a su cenit, los explotadores, los terratenientes y los que en una u otra forma están traficando y siguen traficando con el dolor del pueblo”23.

Otro capítulo al que le dio mucha importancia la revista SIC fue el de la propaganda oficial en el campo y su influencia en el campesinado.

María Soledad Hernández que ha estudiado toda la información la resume de esta manera: “[…] donde se hace referencia a los asaltos de haciendas, invasión y expropiación de tierras, talas y quemas indiscriminadas, conuqueros que se niegan a pagar la renta, amenazas, propagandas y proclamas subversivas, sabotajes, todas ellas causadas por la irresponsabilidad del Gobierno frente a un discurso divisionista y agresivo. Afirman que ha habido negligencia y desorientación en el manejo de una ideología mal expresada e inculcada y una peligrosa intromisión de la política en el campo24.

El resumen de la revista aduce que queremos pasar de la encomienda y de la hacienda a la explotación cooperativa y añade: “Algunos campesinos venezolanos han aprendido a gritar: la tierra es de quien la cultiva. Este lema resume dos principios marxistas, reñidos con la doctrina cristiana y con toda sana filosofía. Ese lema niega el derecho de propiedad y la productividad del capital”25.

Otro tema palpitante es la destrucción de los valores éticos y morales que ha generado un régimen corrupto y amoral inspirado en el ateísmo y sobre todo la educación sin Dios. Por ello argumenta SIC: “Mayor ilustración, –sin mayor base moral– en concreto, –sin mayor base moral cristiana– nunca conducirá a la íntima prosperidad de un pueblo. Tenemos más escuelas. Disminuye felizmente el número de nuestros analfabetas. Son más frecuentadas nuestras aulas universitarias y los centros de segunda enseñanza. ¿Aumenta en proporción la pública moralidad? ¿Hay menos robos? ¿Hay menos crímenes? ¿Hay más pulcritud en los negocios? ¿Hay moralidad profesional? ¿Hay más honradez en la administración? Para desventura nuestra la inmoralidad pública avanza en proporción alarmante”26.

El problema de la educación lo hemos tratado más arriba y aquí nos circunscribiremos a la conclusión del Editorial: “[…] La formación de los niños católicos venezolanos será incompleta, será inarmónica y desequilibrada, si carece de la parte moral y religiosa”27.

También la familia ocupa un lugar preferencial en la constitución del Nuevo Estado. No vamos a traer a colación toda la concepción cristiana de la familia. SIC establece esta visión y resumen de lo que significa el núcleo familiar:

La familia es la célula natural y fundamental de la sociedad, y está dotada por el Creador de derechos inalienables, que preceden a toda ley positiva. La familia no existe para servir al Estado, pero al mismo tiempo no es una unidad independiente. Entre sus derechos figuran:

  1. El derecho a contraer matrimonio, a fundar el hogar, y a engendrar hijos.
  2. El derecho a la seguridad económica suficiente para asegurar la estabilidad y la independencia de la familia.
  3. El derecho a la protección de la maternidad.
  4. El derecho a la educación de los hijos.
  5. El derecho a mantener condiciones adecuadas para el cuidado de la infancia.
  6. El derecho al auxilio de la comunidad, en la educación y formación de los niños.
  7. El derecho a la habitación adaptada a las necesidades y funciones de la vida en familia”28.

Como es natural exige derechos políticos, sociales, así como el salario familiar, seguridad social y un contrato social. La necesidad de una vida digna a través del trabajo y una convivencia social respetuosa.

A partir de octubre de 1948 asume la dirección de SIC el R. P. Pedro Pablo Barnola29, hombre de fina sensibilidad literaria y excelente conocedor de todos los movimientos literarios e ideológicos del país. Una personalidad intelectual muy distinta a la del P. Manuel Aguirre, pero una firma también altamente recocida en los medios intelectuales de Venezuela.

El año 1948 también se llevó cabo el cambio de sede Editorial de SIC, pues del Seminario pasó a la comunidad que vivía en la Iglesia de San Francisco. ¿Razones? No hemos podido encontrar ningún documento significativo sobre este tema, pero nos atrevemos a sugerir, como hipótesis, que dada la posibilidad que se manejó de la expulsión de los jesuitas se optó por liberar al Seminario de todos los problemas que ello hubiera significado.

Se puede aseverar con toda convicción que la revista SIC en su primera etapa había sido, sin lugar a dudas, la presencia y la voz autorizada del pensamiento intelectual católico en esa década tan complicada para la historia de Venezuela. Aun en nuestros días continúa contribuyendo, como “Servicio de Información Católica” (SIC) a la construcción de un país marcado por la justicia y la equidad en medio de un sistema que se ha querido llamar “Socialismo del siglo XXI”.


Fuente: Capítulo 9. Libro El Seminario de Caracas y la Restauración de la Compañía de Jesús. Colección Letraviva | ABediciones (UCAB). José de Rey Fajardo y Carlos Rodríguez Souquet.

 

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