Creer en nada y en todo

Foto referencial | Archivo WEB

Por Hugo Pérez Hernáiz

Cuando los hombres no creen en Dios, son capaces de creer en cualquier cosa”.

Cualquiera se da cuenta del problema con esta famosa frase atribuida a Chesterton: es evidente que muchos no creen en Dios y sin embargo no andan por ahí creyendo en hadas y duendes. Chesterton no era tonto y no se refería a eso, sino al tema de la aparente necesidad humana por creer en algo, por sentirse seguro en la certeza. Siendo católico, Chesterton sentía la seguridad de su fe y le preocupaba que otros, no teniendo el referente absoluto de Dios, entregasen su fe a otras cosas, muchas banales y algunas muy peligrosas. Para él no había duda de que en algo había que creer y alguna certeza había que tener.

Muchos compartimos la ilusión ilustrada de que el ser humano quiere saber, y no simplemente saber, sino saber sobre “la verdad” de algo. Convenientemente, olvidamos que a veces también queremos creer y que ese creer no necesariamente está reñido con el saber (también está de moda olvidar que hay muchas verdades). Aunque a veces sí parecen reñidos el creer y el saber, el saber nos hace dudar, y eso nos produce mucha angustia, porque el creer nos da algo que no siempre el saber puede: certezas. Cosas como el sentido de control y la seguridad en un mundo que parece haberse vuelto loco, son cosas muy preciadas. Cuando las hemos logrado, no todo saber vale, solo aquel que reafirma nuestra certeza.

Cuando discutimos con algún defensor de alguna de las teorías de la conspiración de moda: las que han comenzado casi como una broma anónima pero ahora son el furor de las redes, como QAnon; o las de algunos venezolanos en Estados Unidos que apoyaron a Trump y ahora repiten, con creativas adiciones, las teorías de la existencia de un estado profundo y grupos de satánicos-socialistas-pedófilos dedicados a hacer fraudes electorales; o las de los convencidos por el gobierno venezolano de que todo en política que no sea el discurso oficial es parte de una conspiración de oligarcas-capitalistas-colombianos, nos encontramos con el curioso patrón de paradójico escepticismo crédulo al que tanto temía Chesterton.

La teoría crítica nos acostumbró a la duda, y eso es bueno. Cuando leas un titular de un periódico, nos decían nuestros profesores (cuando teníamos periódicos), no te quedes en el mero titular. Es más, no te quedes ni siquiera en el texto, lee entre líneas, busca las fuentes, pregúntate por el autor ¿qué interés tiene en decir lo que dice? Pregúntate por el periódico mismo ¿a qué intereses responde? Todas cosas muy sanas y perfectamente aplicables a la lectura en los nuevos medios. En general, frente a lo que leas, duda, pero siempre duda, no te detengas cuando sientas certeza, justo allí es cuando más debes dudar, continúa buscando, no has llegado ni llegarás, nos decían nuestros queridos profesores.

¿Qué pensar entonces cuando un célebre influencer venezolano (hay muchos, escojo un ejemplo entre varios), con cientos de miles de seguidores, aconseja por las redes sociales esta máxima?: La flojera los está matando. Bloqueen con el control remoto, y dejen de entrar en sus móviles, tabletas, portátiles y PCs en los canales y portales de medios ñángaras. Hagan como yo: investiguen directamente en fuentes oficiales, lean la Constitución de los EEUU. No sean flojos”. Lo primero que viene a la mente es: bien por él, duda, va a las fuentes. Aunque ya falle un tanto la actitud crítica con eso de “medios ñángaras” y de apagar internet (¿cómo entonces “investigar” directamente en fuentes oficiales?) Pero se lo perdonamos, porque por lo menos asegura que él sí que va a las fuentes y lee la Constitución de los EEUU.

El problema empieza ahora. Entusiasmados por la actitud inicial crítica del influencer en cuestión, nos sumergimos en su cuenta de Twitter, en su página web, en la gente a la cita, seguro allí encontraremos pistas sobre cómo llegar a las “fuentes oficiales” para leerlas nosotros mismos, o por lo menos al enlace para descargar directamente la versión oficial y verdadera de la Constitución de los EEUU…

Nada. No hay nada de eso. Hay sí en cambio muchas certezas. Hay citas de connotados políticos del partido de Trump, hay enlaces a otros que piensan como él, hay también enlaces a portales de noticias que, sin bien quizás no son “ñángaras”, no parecen ser las fuentes más oficialosas de todo Internet. También encontramos ideas que el influencer asegura provienen de su inquebrantable fe cristiana, pero que parecen reducirse a algunas certezas sobre lo satánico que es el aborto, el matrimonio homosexual y el socialismo (todo aquello del “amor al otro”, al parecer, es muy periférico en esta forma de entender lo cristiano). Hay muchas más certezas que, según él, son fácilmente verificables si tan solo los flojos nos diéramos un poco a la tarea de, en vez de leer los medios “ñangaras” (que incluyen al New York Times, la BBC, El País…), meternos en las “fuentes oficiales”. Descubriríamos así que Trump en realidad ganó las pasadas elecciones de EEUU pero que ha sido víctima de un gigantesco fraude; que pese a todas las mentiras de los medios (ñángaras) Trump tendrá un segundo mandato; que en ese segundo mandato purgará a los socialistas, satánicos, pedófilos, abortistas, y homosexuales de la vida política…; y lo más importante, que Trump durante ese segundo mandato, y de la mano de Dios, invadirá a Venezuela para librarla de los socialistas, satánicos, etc. locales e instaurará una República (que no una democracia, dice) Trump llamará entonces a sus fieles a gobernar Venezuela, se intuye que nuestro influencer estará entre ellos, al menos como asesor “cristiano”.

¿Qué ha pasado? ¿No teníamos que dudar e ir a las fuentes? Pues al parecer en el camino hemos suspendido esa duda inicial. El fallo se nos revela: nuestro influencer en realidad no nos pide duda y búsqueda, nos pide dudar de los medios en los que él no cree y lanzarnos a una certeza que él ya ha descubierto. Es una forma de argumentación muy común en la teoría de la conspiración: duda de los medios establecidos porque te mienten, luego arrójate con fe a las certezas propagadas por medios “alternativos” y, sobre todo, por mis cuentas en redes sociales. La conclusión es, duda de todo, y luego pasa a creer en los disparates más delirantes que consigas por ahí.

Todo el asunto no pasaría de una curiosidad si no fuera porque muchos venezolanos siguen en las redes sociales a estos gurús de la nueva era. Los tienen por sabios analistas que no se han dejado embaucar por falsos diálogos y negociaciones. Calan porque en realidad se suscriben por entero a la retórica chavista sobre una guerra de fin de mundo entre fuerzas del bien y el mal, entre “socialistas” y “capitalistas”. Esas simplificaciones le sirven a mucha gente porque ofrecen certezas en un mundo confuso.

El sociólogo alemán Max Weber parecía compartir parte de la preocupación de Chesterton. Aunque Weber, a diferencia de Chesterton, ponía en la ciencia su creencia, pero le preocupaba que ésta no pudiese ofrecer respuesta la pregunta por el sentido de la vida y que eso decepcionara al “hombre moderno”. Al final de su famosa conferencia La Ciencia como Vocación, Weber pide a sus estudiantes que si no sienten la fortaleza para enfrentar el vacío y desencanto de la ciencia y su negativa a dar respuestas a preguntas por los fines últimos, por lo menos no fueran a buscar esas respuestas entre los charlatanes de moda. Mejor, recomendaba Weber, arrojarse a los brazos de las religiones establecidas, que por lo menos tienen caché cultural y un largo historial de ensayo y error en cosas espirituales. Pero si vas a dudar, duda de verdad.

 

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