Claves para leer Fratelli Tutti desde la eclesiología sociocultural de Francisco (III)

Foto referencial. Archivo WEB.

Por Rafael Luciani

4. Sanar la fragilidad del pueblo herido

Redimir la política desde los últimos

En el Te Deum celebrado en la Catedral de Buenos Aires en 2003, diez años antes de ser elegido Papa, el entonces Cardenal Bergoglio usó la parábola del buen samaritano para proponer la imagen del pueblo-herido. Podemos decir que esta es una cuarta noción de pueblo que identifica la acción política con el samaritano que acoge y sirve al herido, al caído, y no voltea la mirada ante los sufrimientos del pueblo. Durante la homilía comentó: «No tenemos derecho a la indiferencia y al desinterés o a mirar hacia otro lado. No podemos pasar de largo como lo hicieron los de la parábola. Tenemos responsabilidad sobre el herido que es la nación y su pueblo. Se inicia hoy una nueva etapa signada muy profundamente por la fragilidad: fragilidad de nuestros hermanos más pobres y excluidos, fragilidad de nuestras instituciones, fragilidad de nuestros vínculos sociales… ¡Cuidemos la fragilidad de nuestro Pueblo herido!»13.

Hoy en día Francisco vuelve sobre esta imagen samaritana para proponer la redención de la política a partir del «amor preferencial por los últimos» (FT 187), los caídos. Es aquí donde Francisco sitúa la opción preferencial por los pobres (FT 56, 116) como motor de la promoción humana y la lucha por el bien común (FT 282), con el fin de sanar a ese pueblo-herido que padece la «fragilidad de las instituciones y la fragilidad de los vínculos sociales» (FT 66). «Todos tenemos responsabilidad sobre el herido que es el pueblo mismo y todos los pueblos de la tierra» (FT 79), porque «ningún cambio auténtico, profundo y estable es posible si no se realiza a partir de las diversas culturas, principalmente de los pobres» (FT 220).

Esto supone concebir la praxis política en función de la amistad social, del reencuentro con los sectores más pobres (FT 233), haciéndonos «amigos de los pobres» (FT 234). Se trata de crear el vínculo por el que nos reconocemos parte de un mismo pueblo-nación, hermanados por los mismos lazos culturales. Esta amistad social se construye desde una praxis y un servicio fraterno (FT 190) que «mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la padece y busca la promoción del hermano» (FT 115). La acción política nace de este vínculo, de saberse «parte de un pueblo, formar parte de una identidad común, hecha de lazos sociales y culturales. Y esto no es algo automático, sino todo lo contrario: es un proceso lento, difícil, hacia un proyecto común» (FT 158). Esta entrega personal y fraterna que se anima desde la caridad política se distancia de cualquier instrumentalización ideológica. Una auténtica acción política se inspira en el servicio y «nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas» (FT 115).

La encíclica recupera el auténtico sentido de ciertas expresiones que han sido desgastadas por regímenes populistas. Entre ellas, «el pueblo somos todos» (FT 199), que se refiere a la relación constitutiva y constituyente entre ser-persona y ser-pueblo, entre el bien común y las identidades socioculturales compartidas. También, «en el pueblo todos son iguales» (FT 99), que apunta al reconocimiento de los mismos derechos y deberes, con igual dignidad, de cada persona en el conjunto de la sociedad (FT 106). El desprecio a la categoría «pueblo» se debe a la pérdida de los vínculos comunitarios, de tejidos sociales fracturados, sea por visiones liberales que acentúan el individualismo (FT 163), como otras populistas que instrumentalizan al pueblo y lo consideran una masa (FT 159). Todas ellas con fines ideológicos (FT 157) de tal modo que «se tienen ideologías de izquierda o pensamientos sociales, junto con hábitos individualistas y procedimientos ineficaces que sólo llegan a unos pocos. Mientras tanto, la multitud de los abandonados queda a merced de la posible buena voluntad de algunos» (FT 165).

La instrumentalización ideológica de los pueblos

La instrumentalización ideológica convierte a los pobres en objetos y erosiona a las democracias. Por ello, Francisco rescata la noción de pueblo-sujeto advirtiendo, que, «la pretensión de instalar el populismo como clave de lectura de la realidad social, tiene otra debilidad: que ignora la legitimidad de la noción de pueblo. El intento por hacer desaparecer del lenguaje esta categoría podría llevar a eliminar la misma palabra democracia —es decir: el gobierno del pueblo» (FT 157). Es aquí donde el Papa hace una dura crítica a la ideologización de la opción política por los pobres. Esto lo había explicado en su Viaje Apostólico al Paraguay, donde afirmó que «no sirve una mirada ideológica, que termina usando a los pobres al servicio de otros intereses políticos y personales (EG 199). Las ideologías terminan mal, no sirven. Las ideologías tienen una relación o incompleta o enferma o mala con el pueblo. Las ideologías no asumen al pueblo. Por eso, fíjense en el siglo pasado. ¿En qué terminaron las ideologías? En dictaduras, siempre, siempre. Piensan por el pueblo, pero no dejan pensar al pueblo (…). Estas son las ideologías»14.

La encíclica reconoce que nuestra época está llamada a salvar la democracia, pues ésta se basa en la construcción del bien común y no en el «ejercicio demagógico del poder» por unos pocos (FT 157), que es propio del «populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder» (FT 159). El populismo «busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad» (FT 159).

Una de las consecuencias más graves de estas ideologías, y un gran signo de nuestros tiempos denunciado por la encíclica, es la violación sistemática de los Derechos Humanos por parte de los propios Estados que llegan, incluso, a realizar, de modo sistemático, «ejecuciones extrajudiciales o extralegales, que son homicidios deliberados cometidos por algunos Estados o por sus agentes, que a menudo se hacen pasar como enfrentamientos con delincuentes o son presentados como consecuencias no deseadas del uso razonable, necesario y proporcional de la fuerza para hacer aplicar la ley» (FT 267). Esto revela un cambio cualitativo en la apreciación de grupos políticos que, aun llegando al poder por la vía electoral, luego se convierten en regímenes autocráticos o totalitarios que buscan permanecer en el poder a toda costa. Así, «el siglo XXI es escenario de un debilitamiento del poder de los Estados nacionales» (FT 172) y del crecimiento exponencial del ejercicio de la violencia «desde las estructuras y el poder del Estado» (FT 253). Frente a esta realidad nueva y compleja, la solución no puede ser unilateral. Ha de integrar distintas instancias, como son la vía del diálogo nacional para la reconciliación y la justicia, y la negociación y el arbitraje internacional como lo propone la Carta de las Naciones Unidas (FT 173). Hoy, más que nunca, se necesita recuperar el multilateralismo (FT 174).

En el caso del diálogo, no es sólo un diálogo entre los actores políticos o partidistas, sino también «entre las generaciones y en el pueblo» (FT 199). Sin esta integración de todos los sectores que conforman el pueblo-pobre y el pueblo-nación —ambos como pueblo-herido que son—, no habrá un verdadero diálogo, y «la falta de diálogo implica que ninguno, en los distintos sectores, está preocupado por el bien común, sino por la adquisición de los beneficios que otorga el poder, o en el mejor de los casos, por imponer su forma de pensar. Así las conversaciones se convertirán en meras negociaciones para que cada uno pueda rasguñar todo el poder y los mayores beneficios posibles, no en una búsqueda conjunta que genere bien común» (FT 202).

Al hablar de diálogo, Francisco precisa que «no es necesario contraponer la conveniencia social, el consenso y la realidad de una verdad objetiva. Estas tres pueden unirse armoniosamente cuando, a través del diálogo, las personas se atreven a llegar hasta el fondo de una cuestión» (FT 212), porque «no hay punto final en la construcción de la paz social de un país» (FT 232) o la alternativa será la guerra. Ante la complejidad de los conflictos globales y locales actuales, «hay quienes buscan soluciones en la guerra, que frecuentemente se nutre de la perversión de las relaciones, de ambiciones hegemónicas, de abusos de poder, del miedo al otro y a la diferencia vista como un obstáculo» (FT 256). Sin embargo, ante esto, la posición del magisterio eclesial es un rotundo «no a las guerras» (FT 258), y un llamado a ser «artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia» (FT 225).

Conclusión abierta

Francisco no propone soluciones fáciles. Nos invita a discernir los desafíos globales y locales de esta nueva época. Por ello, para concluir, parece oportuno recordar a Ignacio Ellacuría SJ, perseguido y asesinado en 1989 por una dictadura militar en El Salvador. Refiriéndose a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, dijo: “Lo único que quisiera son dos cosas: que pusieran ustedes sus ojos y su corazón en esos pueblos, que están sufriendo tanto —unos de miseria y hambre, otros de opresión y represión— y después (ya que soy jesuita) que ante ese pueblo así crucificado hicieran el coloquio de san Ignacio en la primera semana de los Ejercicios, preguntándose: ¿qué he hecho yo para crucificarlo? ¿qué hago para que lo descrucifiquen? ¿qué debo hacer para que ese pueblo resucite?”15. Estas preguntas nos invitan a ser honestos con la realidad para hacernos cargo de ella e iniciar un proceso de conversión fraterna que sane a nuestros pueblos crucificados.


Referencias:

12 Cf. Carlos M. Galli, «La reforma misionera de la Iglesia según el Papa Francisco. La eclesiología del Pueblo de Dios evangelizador», en La reforma y las reformas en la Iglesia, Sígueme, Santander, 51-77.

13 Jorge M. Bergoglio, Te Deum en la Catedral de Buenos Aires, 25 de mayo de 2003.

14 Francisco, Viaje Apostólico a Paraguay. Encuentro con representantes de la sociedad civil, 11 de julio de 2015. También ver FT 169.

 15 Cf. Ignacio Ellacuría, “Las iglesias latinoamericanas interpelan a la Iglesia de España”, Escritos teológicos II, UCA Editores, San Salvador 2000, 602.

*Experto del CELAM y miembro del Equipo Teológico de la CLAR

LEA AQUÍ la primera y segunda entrega:

Claves para leer Fratelli Tutti desde la eclesiología sociocultural de Francisco (I)

Claves para leer Fratelli Tutti desde la eclesiología sociocultural de Francisco (II)

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