Claves para leer Fratelli Tutti desde la eclesiología sociocultural de Francisco (II)

Foto: archivo WEB.

Por Rafael Luciani*

2. Iglesia Pueblo de Dios en salida de sí hacia el hermano

Tres ejes del magisterio de Francisco

Fratelli Tutti no es una Encíclica aislada del resto del pensamiento de Francisco, como un fragmento más. Con ella se cierra un eje de su magisterio, pero se abre otro. Por tanto, aun siendo considerada una encíclica social, no se le puede entender fuera del marco interpretativo de la eclesiología sociocultural y misionera que la inspira y da unidad al magisterio del Papa. Por ello, podemos identificar tres ejes interconectados a lo largo del pontificado de Francisco que permiten ordenar la forma mentis de este nuevo documento y situarlo al interno de todo su magisterio.

El primero, eclesiológico, conformado por Evangelii gaudium (2013), su discurso durante la Conmemoración de los 50 años de la institución del Sínodo de los Obispos (2015) y la Constitución Apostólica Episcopalis Communio (2018). A la luz de la eclesiología del Pueblo de Dios se nos invitó a pensar en la reforma de la Iglesia a la luz de dos conversiones: pastoral y sinodal; es decir, tanto en la mentalidad eclesial como en las relaciones entre los sujetos eclesiales al interno de la institución. Este eje encuentra una buena sistematización en el documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la Sinodalidad en la vida de la Iglesia (2018).

El segundo eje, social, integrado por Laudato Sì (2015), Querida Amazonia (2019) y la nueva Encíclica Fratelli Tutti (2020), llama a emprender un proceso de conversión integral que gira en torno a lo ecológico (grito de la tierra) y lo social (grito de los pobres), pero lo hace a partir de la preservación de los pueblos y sus culturas como lugares teológicos, de auténtica revelación de Dios. La Iglesia Pueblo de Dios habita en medio de realidad culturales locales, a partir de las cuales ha de expresarse con ministerios, liturgias y teologías propias. En este eje, se aprecia como la opción por los pobres y descartados pasa a ser una opción estructural de toda la organización eclesial, incluso, en la orientación de su geopolítica pastoral6.

Estos primeros dos ejes han de ser leídos en el marco de una eclesiología misionera, de corte sociocultural7, que es ampliada con un tercer eje conformado por el Documento sobre la Fraternidad Humana, por la paz mundial y la convivencia común (2019) y la última parte de la Encíclica Sobre la fraternidad y la amistad social (cap. VIII). Aquí abre, inicialmente, una visión, aún por desarrollarse, con miras al diálogo interreligioso y la presencia de la Iglesia en lugares en los que aún el cristianismo sigue siendo minoría.

De este modo, Fratelli Tutti no puede ser leída fuera del contexto mayor de los ejes que han ido conformando el magisterio de Francisco, porque el modelo de una Iglesia en salida supone «la absoluta prioridad de la «salida de sí hacia el hermano» como uno de los dos mandamientos principales que fundan toda norma moral (…), porque en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros» (EG 179).

La dinámica del nosotros eclesial

Al inicio de la Encíclica, el Papa comenta que «las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social han estado siempre entre mis preocupaciones. Durante los últimos años me he referido a ellas reiteradas veces y en diversos lugares. Quise recoger en esta encíclica muchas de esas intervenciones situándolas en un contexto más amplio de reflexión» (FT 5). Estos dos conceptos marcan una unidad al interno de su eclesiología. El llamado a la fraternidad como modo de ser de esa Iglesia Pueblo de Dios, y la amistad social como realización de su misión en medio de los pueblos y sus culturas.

La fraternidad como perspectiva eclesiológica aparece desde el inicio de su pontificado, en su primera Bendición Urbi et Orbi, el 13 de marzo 2013. Ahí el Papa aseveró: «Ahora comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad».

La fraternidad moldea, aquí, tres relaciones, que van conformando el nosotros eclesial: (a) Obispo de Roma y pueblo de Dios; (b) Iglesia de Roma e Iglesias locales; (c) e Iglesia y mundo. Primero, el Obispo de Roma se presenta como un fiel más, inspirado en la más genuina interpretación de Lumen gentium que lo define como un sujeto eclesial más del «pueblo» junto a todos los otros fieles: Papa, obispos, clero, vida religiosa, laicado; todos conformando una totalidad (EG 119). Segundo, hay un distanciamiento de la eclesiología universalista y se plantea una colegialidad afectiva o fraterna, muy propia de la experiencia latinoamericana, entre la Iglesia de Roma y las Iglesias locales, sin que la primera anule a las otras.

Pero la dinámica de este nosotros eclesial fraterno no se limita a la vida eclesial ad intra. Como explica Francisco, «la Iglesia tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia y educación, sino que procura la promoción del hombre y la fraternidad universal» (FT 276; Gaudium et spes 3). Su misión se realiza en la medida en que «haya una gran fraternidad», una «fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social» (FT 154). La razón de la presencia de Iglesia en el mundo responde a su naturaleza misionera como «Iglesia en salida de sí hacia el hermano» (EG 179), con el fin de construir una amistad social, es decir, un amor que se extienda más allá de las fronteras de las ciudades y los países, que integre a todos/as sin distinción alguna, porque esa la «condición de posibilidad de una verdadera apertura universal» (FT 99), como en su tiempo también sostuvieron Juan XXIII y Pablo VI.

Francisco no pretende dar soluciones mágicas, sino ofrecer un desafío a esta nueva época, que no sólo responde a la pregunta por la dolencia humana, sino también al discernimiento de la visión teológico-pastoral de toda la Iglesia: ««la voz de Dios, no sólo a cada uno de nosotros, sino a toda la humanidad, pregunta; “¿dónde está tu hermano? ¿dónde está tu hermana?». Y nuestra respuesta es: «yo sé dónde están los que son bombardeados allá, que son expulsados de allí, pero estos no son hermanos, he destruido el vínculo»»8. Podemos hablar de una fraternidad que necesita ser redimida, para que no siga repitiéndose la paradoja de Caín y Abel. Ello supone «percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en cualquier circunstancia» (FT 106). Aún más, esta redención se realiza en la medida en que nos «constituimos en un nosotros que habita la casa común» (FT 17) y seamos signos de una Iglesia mundial e intercultural que realice su misión y la exprese inculturándose, es decir, asumiendo el carácter normativo de las identidades culturales de los pueblos en toda su eclesialidad.

3. Iglesia Pueblo de Dios en medio de los pueblos y sus culturas

Los pueblos como identidades culturales

La teología latinoamericana ha propuesto como novedad histórica la comprensión del pueblo como sujeto histórico, tanto en la sociedad como en la Iglesia9. El pueblo-sujeto, capaz de crear y orientar la historia, no es una entelequia ni un abstraccionismo universalista (FT 216), como tampoco es una masa o conjunto difuso de individuos sin rumbo ni proyecto. Para Francisco, «pueblo y persona son términos correlativos» (FT 182). Lo que define al pueblo es el modo como las personas viven la cotidianidad como fraternidad abierta, antes que aislándose como fragmentos que rompen los vínculos sociales que nos cohesionan (FT 30; 44).

Los individuos no tienen una identidad completa per se, aislada, sino en su relación con los otros/as en un pueblo concreto. La cultura expresa, pues, esas identidades compartidas (FT 143) que existen bajo la forma de pueblos, dando arraigo y pertenencia a cada persona (FT 143), con cosmovisiones, estilos de vida, valores y formas de interactuar propias (FT 219). Son estilos y formas de apropiarse el mundo (FT 216).

Para explicar esto, Francisco usa un ejemplo del mundo de vida popular latinoamericano, al decir que, «en algunos barrios populares, todavía se vive el espíritu del “vecindario”, donde cada uno siente espontáneamente el deber de acompañar y ayudar al vecino. En estos lugares que conservan esos valores comunitarios, se viven las relaciones de cercanía con notas de gratuidad, solidaridad y reciprocidad, a partir del sentido de un “nosotros” barrial. Ojalá pudiera vivirse esto también entre países cercanos, que sean capaces de construir una vecindad cordial entre sus pueblos» (FT 152). En otros contextos, como el venezolano, se usa la expresión convivialidad para referirse a ese modo propio de relación que surge en los espacios compartidos de los barrios populares. El pueblo es «una comunidad de relaciones conviviales que produce sus propias formas de convivencia, las cuales no pueden recibir el nombre moderno de instituciones porque pertenecen a otro mundo de vida»10. Es una categoría abierta y relacional (FT 160). En este contexto, la fraternidad no es vivida como una emoción empática, como lo puede ser para la modernidad ilustrada. Es expresión de ese entramado de relaciones conviviales en las que somos y nos vamos constituyendo en personas-pueblo11, forjando una identidad propia. Por ello, «al cultivar esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos» (FT 94).

La Iglesia subsiste y se realiza en los pueblos

Fratelli Tutti recoge las tres nociones de pueblo que se encuentran a lo largo del magisterio de Francisco. El pueblo-pobre, el descartado y excluido de los canales de participación sociopolítica y el bienestar económico. El pueblo-nación, que expresa un proyecto común e identitario por construir. Y el pueblo-fiel, los creyentes, quienes desde su fe y sus valores cargan con los padecimientos cotidianos, especialmente a través de la religiosidad popular. Estas formas conforman una unidad en la que la Iglesia se encarna y realiza su misión: en medio de los pobres, en el espacio público y en la vida creyente.

Si pueblo y persona son correlativos, lo que llamamos pueblo conforma la identidad constitutiva de cada sujeto. Por tanto, no puede existir una Iglesia Pueblo de Dios que no esté encarnada en la realidad cotidiana de los pueblos concretos de este mundo y se exprese a través de sus formas socioculturales en las que subsiste y realiza su misión salvífica12. Los modelos eclesiales son siempre teológico-culturales, o caerían en un abstraccionismo puro que nos llevaría a un nuevo universalismo eclesiológico. Como sostiene Lumen gentium, «si bien el Pueblo de Dios trasciende a todo pueblo, está llamado a encarnarse en todos los pueblos de la tierra» (LG 13). Francisco profundiza esta senda y afirma que «Dios ha elegido convocarlos como pueblo y no como seres aislados. Nadie se salva solo, esto es, ni como individuo aislado ni por sus propias fuerzas. Dios nos atrae teniendo en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que supone la vida en una comunidad humana» (EG 113).


Referencias:

2 Karl Rahner, Was heisst Jesns lieben? Wer ist dein Bruder? Herder 1981. Ed. Española: Amar a Jesús, amar al

hermano. Sal Terrae, Santander 1983, 103.

3  Karl Rahner, 106.

4  Karl Rahner, 103.

5 Cf. Rafael Luciani, “La Iglesia y el Testimonio histórico. La Credibilidad como un problema de la Fraternitas Convocata”, ITER Teología 40 (2006) 11-16.

6 Rafael Luciani, «Francis and the Pastoral Geopolitics of Peoples and their Cultures: a structural Option for the Poor», Theological Studies 81 (2020) 181-202; «La opción por los pobres desde una Iglesia pobre y para los pobres», Revista Medellín (CELAM) 168 (2017) 347-373.

7 Rafael Luciani, «La centralidad del pueblo en la teología sociocultural del Papa Francisco», Concilium 376 (2018) 387-400.

8 Francisco, Misa matutina en la capilla de la Domus Sanctae Marthae, 13 de febrero de 2017.

9 Cf. Pedro Trigo, «Teología de la liberación y cultura», Revista Latinoamericana de Teología 4 (1985) 89.

10 Alejandro Moreno, El aro y la trama. Episteme, modernidad y pueblo, Convivium Press, Miami FL, 2008, 362.

11 Alejandro Moreno, 403.

*Experto del CELAM y miembro del Equipo Teológico de la CLAR

LEA AQUÍ la primera  y tercera entrega:

Claves para leer Fratelli Tutti desde la eclesiología sociocultural de Francisco (I)

Claves para leer Fratelli Tutti desde la eclesiología sociocultural de Francisco (III)

 

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