Alexis Andarcia: “El peor mal que nos afecta es la pérdida de la identidad antropológica”

Por Ana Mireya Uzcátegui Q.*

Libro: Insilio, carta a Karim

Autor: Alexis Andarcia

Octubre 2020

Su autor, Alexis Andarcia, un venezolano nacido y criado en el Oriente del país y radicado en Maracaibo desde hace muchos años, nos ofrece en esta obra una pintura hecha con letras escritas sobre papel, con un lápiz de madera, sobre la Venezuela actual, donde él representa uno de los miles de venezolanos convertidos en seres sin identidad cultural ni antropológica, gracias a diversos factores que considero exógenos a ellos mismos.

El texto es una narración literaria, no de ficción, donde autor y narrador se fusionan en el personaje. Se trata de una autobiografía condensada en una carta titulada Insilio, el cual resume lo que se llama campo del registro del discurso, encargado de darle coherencia al texto.

Su destinatario es una de sus sobrinas, radicada actualmente en otro contexto, debido a su exilio voluntario mucho antes de lo que ocurre a los «insiliados» de hoy. Podríamos calificar el texto de Andarcia como un texto híbrido, pues, aunque predomina la narración autobiográfica, tiene también cortos diálogos intrascendentes y algunas descripciones donde muestra su inspiración poética, como en el siguiente párrafo: «Disfruto la brisa que obliga a los cujíes a la posición de reverencia, mientras el sol les cercena su crecimiento llevándolos a besar la tierra para tener algo de humedad».

No obstante, el tipo de discurso que desarrolla y domina en su angustiosa carta es su profundo análisis de la crítica situación actual del país en todos los aspectos: políticos, sociales, económicos, educacionales, conductuales, actitudinales, sanitarios, entre otros, lo cual resume magistralmente afirmando que el peor mal que nos afecta es la pérdida de la identidad antropológica, pues ya no sabemos ni quiénes somos.

Continúa atribuyendo tal situación al tipo de régimen que ostenta el poder: una dictadura que ha hecho un trueque de las riquezas naturales del país (petróleo, oro, diamantes, coltán, madera…) y de la libertad de su población, a cambio de recursos económicos (préstamos, contratos, comisiones) manchados de corrupción, a lo que se añaden servicios médicos y técnicos de dudosa preparación profesional.

Visto lo anterior el lector preguntará: ¿cuál es entonces el hilo que enlaza tantos temas diversos para darle coherencia al discurso?; ¿de dónde proviene la motivación del autor del Insilio? No es otra que, del encierro involuntario entre las paredes de su hogar, situación donde la soledad o, mejor, las soledades estimulan la memoria para contarse a sí mismo el contenido de los recuerdos de Alexis, el otro, el que gozó de una infancia y adolescencia feliz, una juventud de estudiante universitario que soñaba otra Venezuela, una vida de trabajo constante enseñando a otros los valores ciudadanos tanto en el aula como en un teatro de títeres, o mediante artículos periodísticos.

Pero Insilio no es sólo una avalancha de recuerdos de un pasado irrepetible. Es, también, un presente donde ya la memoria no es la fuente del decir y ha dado paso a la vivencia de la realidad actual que genera en el Alexis de hoy una catarata de reflexiones que evidencian su madurez intelectual y emocional y que lo capacitan para señalar las causas y consecuencias de la abulia y el «dejar hacer» de la población insiliada.

Igualmente, el estado anímico de algunos, dominados por la angustia y la desesperación, factor que también inhibe la voluntad necesaria para luchar por un cambio.

Leamos lo que nos dice el autor: «Tengo un insilio acompañado de exilio y migración. Tengo una soledad tan atestada de voces, ecos y susurros que llegan a mis oídos, desgarran el alma y se resbalan en lágrimas por la geografía de mi rostro». Dejo al lector la tarea de leer el escrito completo para que saque sus propias conclusiones sobre las consecuencias futuras del «dejar ser y dejar hacer».

Más información sobre el libro AQUÍ 


*Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela.

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