Venezuela: crack económico, sanciones y alternativas

Por Rodrigo Cabezas Morales[i]

Foto referencial | archivo WEB

En un escenario de crisis política, alta volatilidad macroeconómica, riesgos a nivel del sistema financiero, cultura de pago e institucionalidad, así como del gobierno per se, me pareció adecuado recurrir a la metodología de Riesgo-País para acercarnos a un análisis que nos permita comprender el origen, la naturaleza y desenvolvimiento de los desequilibrios económicos-sociales tan profundos a los que ha arribado Venezuela en 2019. Ese es el esfuerzo de lo que sigue.

1. Análisis riesgo-país: siete constataciones del crack 2014-2019

La recesión más prolongada, profunda, generalizada y devastadora socialmente de nuestra historia económica

El hecho económico de producir menos que el año anterior, destruir acervo de capital, tener menos oportunidades de empleo productivo y, por tanto, menor riqueza que distribuir socialmente, comenzó en el año 2014 (-3.9% del PIB) y no se ha detenido en lo que va de año. Son seis años de recesión, es la más prolongada.

Entre 2014 y 2018 se inutilizó el 52% del cuerpo económico venezolano. Nunca antes habíamos llegado a una cifra de esta magnitud, que es más propia de economías sometidas a guerras militares convencionales. Es la recesión más profunda.

Todos los sectores de la actividad económica se desplomaron. El sector de la construcción, telecomunicaciones y gobierno, con historial estadístico positivo, también se derrumbaron. Es la recesión más generalizada.

Entre 2013-2018 el ingreso per cápita venezolano se redujo – 40% y las importaciones cayeron en – 80%. Un país importador de alimentos, medicinas y equipos e insumos médicos se exponía a una crisis social devastadora en sentido humano desde 2014 con agravamiento en 2018-2019.

La inflación más alta, prolongada y destructora de riqueza de la historia

Desde el año 2013 en adelante se supera la inflación promedio moderada de 20% anual de los últimos treinta años, se registra ese año un crecimiento de precios de 56.2%.

En el último bimestre de 2017 escala a hiperinflación (862.6% en todo el año), hasta el presente, junio 2019. Ésta, la anomalía más grave del orden capitalista, al paralizar el mecanismo de los precios, destruye el salario real (reforzando la caída del consumo), la inversión privada (por la constante reposición de costos) y el gasto público (al eliminar su efecto reactivador).

El Gobierno Nacional creó la hiperinflación, reforzó sus causas en todos estos años y no sabe cómo tratarla. Sus dos raíces claras son: una política fiscal que extralimitó la monetización del déficit desde el Banco Central de Venezuela con un agigantado, irresponsable y, jamás observado, desborde de los agregados monetarios. Entre 1990 y 2012 la liquidez monetaria crecía en promedio anual de 22%; sólo en 2018 el BCV autorizó “dinero de la nada” en más de 3.000%. Este anómalo papel del BCV se registra claramente desde el año 2015.

La otra raíz, la política cambiaria, no corrigió el inexplicable diferencial cambiario, destruyendo la estructura de costos, manteniéndose una tasa preferencial que originó fuga de capital por corrupción con su impacto negativo en el sector externo (balanza de pagos).

Deterioro operacional y financiero de Pdvsa

En el 2012-2013 se constata una reducción de la producción petrolera desde 3.4 millones de barriles diarios (MBD) a 3.0; caída en barrena que no se detiene, llegando a 700 mil barriles en mayo de 2019. Durante 2018-2019 la reducción de producción y exportación de crudo y refinados se acelera por impacto de las sanciones de EEUU.

La política cambiaria afectó la rentabilidad de las empresas mixtas petroleras. Las refinerías en el presente registran una caída histórica de su capacidad utilizada en más de 40%.

El endeudamiento financiero total en divisas va de 3.5 mil millones de dólares en el año 2006 a 40 mil millones en 2017. Deuda de mala calidad en función operativa dado que en su mayoría se emitió en dólares, pero pagadera en bolívares.

La reducción del ingreso por exportaciones petroleras es de lejos el principal elemento que refuerza o reproduce el crack económico que vive la economía en seis años.

Salida no ordenada del mercado de deuda externa

Con posibilidades de optar por una reestructuración y refinanciamiento de la Deuda Externa de la República y de Pdvsa en los años 2015 y 2016, el gobierno procedió a agotar reservas para cumplir el servicio de aquella. La reducción de los precios del petróleo en esos años así lo aconsejaba.

En 2017 se entra en cesación de pagos unilateralmente y, por tanto, en la exclusión de los mercados de crédito global. Estamos expuestos a demandas contra activos de la República.

La convocatoria pública del presidente Maduro a una negociación con nuestros acreedores externos, con comisión presidencial de la que nadie se acuerda, fue tan aparatosa e improcedente que fuimos el hazme reír del mundo financiero.

Sistema bancario con rentabilidad sostenida en reducción de costos

Se ha producido desde 2015 una reducción en términos reales de la intermediación financiera, en ese año el crédito privado representaba el 54% del PIB, en 2016 el 26%.  El crédito bancario se concentró en el financiamiento del consumo en un promedio de 67% entre 2015 y 2018. El financiamiento industrial alcanzaba un 7%. Estamos frente a un cambio estructural que no favorece el crecimiento de la economía productiva.

La banca ha tendido a protegerse reduciendo costos operativos: cierre de agencias bancarias, eliminación de cajeros automáticos y reducción de personal.

Las imprecisas decisiones del BCV, entre 2018 y 2019, sobre el encaje legal normal y marginal, refuerzan a niveles históricos la caída de la intermediación que en última instancia mantienen el sentido de la existencia de las instituciones financieras.

Impactos sociales inéditos en un país petrolero exportador

Solo una crisis de proporciones demoledoras de expectativas de la vida humana explica que la Venezuela petrolera se haya convertido en país migrante, con registro superior a 3 millones de venezolanos en diáspora desde 2015, entre ellos, más de 500 mil profesionales y técnicos en su mayoría jóvenes, y con indicadores negativos de desnutrición y hambre, esto último, en las poblaciones más vulnerables: ancianos, niños y enfermos.

Se incrementan los escenarios de conflictividad social por deterioro del acceso a servicios básicos como salud, educación y transporte, así como al suministro estable de gasolina y electricidad.

Inédita situación de sufrimiento psicológico y desesperanza de las familias y de los migrantes. Se acrecienta la pobreza y la desigualdad.

Bloqueo económico-financiero internacional y aislamiento de América Latina y el Caribe

Por razones de la crisis de legitimidad política democrática se ha producido un aislamiento del país de la comunidad regional y, a partir de agosto de 2017, se han impuesto sanciones financieras de impacto sobre las importaciones de bienes, la inversión extranjera y el acceso a los mercados globales. A comienzo de 2019 los EEUU toman medidas restrictivas del comercio petrolero con Venezuela con limitadas excepciones que afectan a Pdvsa.

2. Sanciones y alternativas de recuperación económica

Las preguntas de una polémica: ¿Qué es lo primero, el origen del crack económico o sus consecuencias?, ¿las sanciones de EEUU son la causa o consecuencia del deterioro económico-social?

En varios episodios de la historia económica contemporánea de Venezuela se ha distorsionado el análisis de resultado desde el prisma interesado de la perspectiva política partidista.

En nuestras escuelas de economía se debate sobre el origen de la industrialización por sustitución de importaciones. Economistas y pensadores de la socialdemocracia la ubican a partir del gobierno de Rómulo Betancourt; otros, más conservadores y partidarios de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, se la adjudican a la década de los años cincuenta. En ninguno está la verdad. La producción nacional creciente es un proceso que se corresponde con nuestra acelerada transformación y conformación en un tipo de desarrollo capitalista rentístico. La tasa de crecimiento del PIB industrial de 7% y 4%, en los años cincuenta y los sesenta, así lo verifica.

Igual ocurre con datos referidos a la llamada “Cuarta República” y el periodo bolivariano liderado por Hugo Chávez. Acá la polarización casi que atropella los números de la realidad. Desde la izquierda se vendió la falsa idea de que todo el periodo de los años sesenta a los noventa fue una especie de hecatombe social. La realidad es que el crecimiento cíclico de la economía venezolana toma cuerpo en los años ochenta y noventa, ello se correspondía con el agotamiento del modelo de acumulación basado en la renta petrolera.

Tampoco es cierta la versión conservadora según la cual todos los años del gobierno de Chávez fueron una tragedia. En rigor, el crecimiento económico de 2004 a 2013 es uno de los más prolongados de nuestra historia, asociado a una reducción sustantiva de la pobreza y la desigualdad. Nada comparable a la tragedia económica y humana que se vive en los últimos, por lo menos, cinco años.

La polarización política acrecentada que se vive en nuestro país también nos ha llevado a un debate que busca eludir por parte del gobierno de Nicolás Maduro su absoluta y total responsabilidad en el origen y explicación de la crisis que hoy lacera la vida de todos los venezolanos, los que acá vivimos padeciendo su rigor y los que obligados se marcharon a otras tierras que siempre les serán extrañas.

Para mí, como profesional de la ciencia económica, esta postura gubernamental se puede comprender, pero es inadmisible que haya economistas extranjeros que pretendan demostrar que el origen y causa del crack venezolano se explica exclusivamente en las sanciones financieras de 2017 y las petroleras de enero 2019. Se deja de hacer ciencia también cuando se pretende negar que estas, en su contexto y tiempo, incuestionablemente han acelerado la recesión y la caída de la actividad petrolera durante 2018-2019.

El colapso económico venezolano es previo a las sanciones económicas y financieras. La reducción de la producción de crudos se comienza a registrar con rigor estadístico de 2013-2014 en 144 MBD. Previo a las sanciones, no estrictamente petroleras, hubo una reducción de 389 MBD entre enero de 2016 y agosto de 2017. Esto no tiene ninguna discusión. Un año después, agosto de 2018, con las sanciones en marcha, la pérdida de producción se aceleró a 700 MBD. Esto tampoco tiene discusión.

¿Cómo se puede obviar desde un análisis económico con alguna objetividad el impacto que ha tenido en las actividades de Pdvsa una alta gerencia absolutamente errática por incompetente, que llevó a militares y familiares de políticos del gobierno, sin ninguna experiencia técnica-económica-financiera, a dirigir la estratégica industria de los hidrocarburos venezolana?

¿Cómo soslayar que el principal rehén del sistema cambiario fueron las empresas mixtas petroleras impactadas en su rentabilidad por el diferencial cambiario y la sobrevaluación implícita en el 10 bs/$ insensatamente sostenido por años?  Recuerdo que a lo largo del año 2016 los representantes de la Asociación Venezolana de Hidrocarburos insistieron en más de una oportunidad, con documentos probatorios, ante el Consejo Nacional de Economía Productiva (CNEP), sobre la necesidad de un cambio urgente en la política cambiaria que reducía inversiones en el sector. Nunca les hicieron caso.

¿Cómo eludir que la progresiva y masiva política de endeudamiento de Pdvsa fue totalmente nociva, no solo por la cuantía, de 3.500 millones de dólares en 2006 a 40.000 mil millones de dólares en 2017, también porque comprometió el gasto operativo y de mantenimiento de la industria al ser deuda mayoritariamente recibida en bolívares, pero titularizando para los acreedores, su capital e intereses, en dólares?

¿Cómo ocultar el manejo burocrático-clientelar de Pdvsa que le llevó a tener una nómina en 2017 de 161 mil empleados y más de 120 empresas en su organigrama?

¿Hay alternativas para la recuperación económica y humana de Venezuela?

Pregunta esta de gran calado. Comencemos por decir que el actual gobierno venezolano está imposibilitado de hacerlo. No sabe cómo hacerlo por su impericia y desprecio por el conocimiento y la ciencia económica, no quiere hacerlo por el dogmatismo ignorante que les domina y, no puede hacerlo.

Nicolás Maduro y quienes con él han gobernado estos más de seis años perdieron la magnífica oportunidad de, recurriendo a los instrumentos de la política económica, dotarse de un programa de estabilización macroeconómica que incluyera el refinanciamiento y restructuración de la deuda externa. Eso era vital y urgente cuando se asomaron los primeros indicios de debilidad de los ingresos petroleros en 2014 y 2015. No lo hizo.

En junio de 2016 en sus manos tuvo el programa macroeconómico construido por Unasur, equipo que lideró el economista venezolano Francisco Rodríguez y, en diciembre de 2016 una comisión especial del CNEP que coordiné junto a empresarios y representantes del PSUV, le entregó al vicepresidente de la época, Aristóbulo Istúriz, un documento de Lineamientos Macroeconómicos para superar la Emergencia Económica. La única repuesta fue que aquellos documentos eran “neoliberales”. La ignorancia volvía a demostrar que era libre.

En este tiempo, es previo a la política económica el hecho político. Para instrumentar una política económica sistémica con sus metas de crecimiento del PIB, de los precios y el empleo se requiere resolver el tema del bloqueo económico-financiero. Concuerdo con quienes lo plantean y defienden que el programa de petróleo por alimento, como el implementado por Irak en 1996, es una alternativa paliativa frente a la creciente escasez de medicinas y alimentos que nos afecta a la inmensa mayoría de los venezolanos.

Dotarnos de un programa que incluya el Plan de Estabilización Macroeconómica y Crecimiento, el anti hiperinflacionario, de reestructuración y Refinanciamiento de Deuda Externa y el de recuperación operativa y financiera de la industria petrolera, requiere de un nuevo gobierno capaz de crear un clima político, económico y social que favorezca la confianza y el diálogo democrático. Quien afirme que será posible contener la hiperinflación y volver a la senda del crecimiento sin acceder de nuevo a los mercados globales y multilaterales miente a la nación. En definitiva, la economía requiere más democracia.

[i] Economista venezolano

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