La polémica de los subtítulos en español a la “Roma” de Cuarón

Foto: Archivo Web

Por Jaime Septién

Algunos distribuidores en la península ibérica decidieron que era necesario ponerle subtítulos con “español de España”

Por una u otra razón, todo el mundo cinematográfico habla de la nueva película del cineasta mexicano Alfonso Cuarón, “Roma”, que recibió ese nombre no porque haya sido filmada en la “Ciudad eterna”, sino que son recuerdos de infancia de Cuarón, nativo de la colonia Roma, en la Ciudad de México.

Segura candidata a ganar el Óscar a la mejor película extranjera (tal parece que los mexicanos están monopolizando la estatuilla), “Roma” ha levantado, también, polémica en España, dado que Netflix –como en los tiempos de “Cantinflas”—decidió poner subtítulos en español a la película en la que, salvo un personaje que habla mixteco, pero por poco tiempo, todos los personajes hablan… en español.

Los estrategas de Netflix y algunos distribuidores en la península ibérica decidieron que era necesario ponerle subtítulos con “español de España” para que los espectadores entendieran el “español de México”.

Ciertamente hay algunas diferencias: un taco en España es una palabrota, en cambio en México es una tortilla con todo lo imaginable adentro; una torta es un mamporro en España y en México es un bolillo, también con todo lo imaginable dentro. Por cierto, el bolillo no es un tejido, sino un pan que podría pasar por mini baguete y que en México recibe ese nombre (por su color blanco-amarillo, también a los estadounidenses, los mexicanos les dicen “bolillos”).

Cualquiera que haya ido a una frutería en España y pide un durazno, no le van a surtir nada hasta que pida melocotón. Y en un bar español (menos a la hora punta que suele ser todo el día) puede recibir una fea mirada si pide “un cafecito con lechita, por favorcito”.

Pero se trata de diferencia simpáticas que, metidas en el contexto de una película, pueden ser entendidas por un espectador medio, y al mismo tiempo hablan de la riqueza propia del castellano.

No por nada, las academias de la lengua española diseminadas en todo el mundo, especialmente en América Latina, han editado el Diccionario Panhispánico de Dudas. Es ahí donde la lengua española, la segunda lengua más hablada en el mundo y la que acumula un mayor número de países que la hablan, muestra su poderío.

De ahí a subtitular “Roma” hay una enorme distancia. Cuarón estaba enfadado con el trato y, desde Nueva York dijo que estaba totalmente en desacuerdo con el tema. “Me parece muy ofensivo para el público español el que ‘Roma’ la hayan subtitulado con español castellano”, señaló Cuarón. Y agregó: “El color, la empatía, funciona sin los subtítulos. Me parece muy muy ridículo, parroquial e ignorante”.

Con certeza, Cuarón comparó la decisión de Netflix como si en México se le pusiera subtítulos a una película de Almodóvar. O se tradujera del sevillano y el euskera “Ocho apellidos vascos”. Obviamente hay muchas cosas que podrían pasar desapercibidas por el espectador, pero el contexto de la película las explica. “A mí me encanta ver, como mexicano, el cine de Almodóvar y yo no necesito subtítulos al mexicano para entenderlo”, dijo Cuarón.

Algunas de las expresiones traducidas del español al español son: “mirar” por “checar”; “tranquila” por “suave”; “despedir” por “correr” (del trabajo); “enfadarse” por “enojarse” y “ganchitos” por “gansitos” (unos pastelitos de chocolate y mermelada de fresa con los que Bimbo-Marinela se hizo famoso en México). Además de cambiar el “ustedes” mexicanísimo, por el “vosotros” español; o “madre” por “mamá” y “venid” por “vengan”.

Las opiniones en redes sociales hablan a favor y en contra. En el fondo está el tema de un idioma que tiene tanta riqueza como para que aún se debata sobre sus formas expresivas. Después de todo, uno que es lector del Quijote, puede gozar leyéndolo en su original o en la estupenda adaptación de Andrés Trapiello al español actual.

Fuente: Aleteia 

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