La agenda Guaidó sus virtudes y límites

Foto: Archivo Web

Por Alfredo Infante, S. J.

Como virtud, la agenda Guaidó junto a su emergente y carismática figura, logró interpretar el sentir popular.

Recordemos que 2018 cerró como el año con los índices de protesta social más elevado de los últimos años (por servicios públicos, de salud y salarios entre otros).

Tales eventos ocurrieron a lo largo y ancho de nuestro país. Los analistas apuntaban a un descontento y malestar masivo pero fragmentado y sin conducción política.

De hecho, políticamente se respiró una atmósfera de desmovilización que olía a resignación. Guaidó con su rostro nuevo, carisma y agenda clara, logró interpretar políticamente el sentir de la sociedad y, muy especialmente, algo que no había logrado cabalmente el liderazgo opositor: conectarse con los sectores populares.

Esta combinación de variables catapultó el liderazgo de Juan Guaidó dándole una gran legitimidad y despertando la confianza. Pero su límite está en que en la actual Venezuela no basta con ser legítimo y contar con la mayoría, pues nos encontramos ante un gobierno de facto que pretende permanecer en el poder «como sea», llevándose el país al despeñadero.

Por eso, hoy tenemos la percepción de que en la agenda Guaidó es necesario repensar el orden de los pasos porque «el cese a la usurpación» atrinchera y cohesiona a los actores de poder.

Tal vez resultará más acertado plantearse como punto primero el de «elecciones libres y competitivas» y orquestar todos los esfuerzos para que ello ocurra.

Soy un convencido de la agenda Guaidó como lo más deseable para nuestro país, pero una cosa son nuestros deseos y otra la realidad política.

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