El trueque se ha convertido en una forma de vida en Venezuela

Foto: Archivo Web

Por Isaac González

Con el bolso del tricolor remendado, unos zapatos rotos y la espalda inclinada, Luis Segundo Daboín recorre las casas de las urbanizaciones del oeste de Caracas para cambiar azúcar, dentrífico o jabón por productos como harina, lentejas, arroz o pasta.

“¡Llegó el azúcar! ¡Cambio azúcar!”, grita mientras avanza en su trayecto. El hombre, de 54 años de edad, hizo del trueque su forma de vida por la escasez del efectivo y las fallas de los puntos venta, que han empeorado desde la crisis eléctrica iniciada el pasado 7 de marzo.

Daboín se viene de Valencia cada dos días en autobús a las 4:00 am. Ya en Caracas, hace recorridos por la ciudad, especialmente en Gato Negro y Propatria, y acumula los artículos que -dice- lleva a su familia. Afirma que no es bachaquero y justifica el trueque al recordar que el fallecido Hugo Chávez lo aprobó hace más de 10 años.

Antes se dedicaba a vender yuca en un puesto en la capital de Carabobo, pero al empeorar la falta de efectivo y las fallas de los puntos, optó por dedicarse a este nuevo oficio.

Mientras muestra que le faltan tres dedos de la mano izquierda resalta que es discapacitado, así que no consigue empleo en el mercado formal. “Este es un trabajo forzoso, pero no tenemos más nada que hacer. Porque no hay trabajos buenos. Si te pones a vender una o dos cestas de cambur, ¿qué le vas a ganar? No te va a alcanzar para la comida. Y en Valencia hace tres días que no llega la caja”, lamenta.

Daboín señala que cada vez más personas se unen al trueque. En las mañanas mujeres y hombres caminan entre las calles ofreciendo lo que tienen. El fenómeno se repite en Ruperto Lugo, La Pastora, la avenida Baralt, Prado de María o El Cementerio.

“Nosotros pasamos por las cuadras ofreciendo, normalmente, azúcar. O pasta de diente que también da más resultado. También jabón. Los cambiamos por harina, pasta, arroz… por ejemplo, un kilo de azúcar lo cambiamos por dos de caraotas o dos de lentejas. Dos por uno”, explica el ciudadano, quien afirma que han preferido hacerlo en Caracas porque en Valencia no les ha funcionado.

Denuncia que la PNB y la GNB le ha decomisado los productos tildándolo de bachaquero. “Si a uno lo ven con mercancía del Clap te la quieren quitar. Chávez dijo que existía el cambio, el trueque de alimentos de toda clase. Ahora vemos que este gobierno no cumple y te quieren quitar lo que tienes cuando uno usa eso para la casa”.

En una oportunidad -asegura- lo retuvieron junto a varios compañeros y lo obligaron a entregar cinco productos más 500.000 bolívares reunidos entre todos. “Es un abuso lo que están haciendo. El gobierno no lo deja a uno trabajar. Yo soy padre de familia. Si esto no me da resultado, pues tendré que irme a Colombia a buscar algo que hacer”, dice.

Zobeida Acosta, residente del sector Manicomio, ha cambiado productos con comerciantes como Daboín, principalmente azúcar. “Yo lo hago porque a veces no me llega el azúcar en la caja del CLAP. Y tampoco se consigue o es demasiado cara. Yo les doy dos arroz y ellos me dan un kilo. Aunque me parece que es demasiado caro porque ganan el doble. Pero no tengo otra opción”, afirma.

Connie Echarre indica que en la avenida Los Samanes de El Cementerio pasan al menos una vez por semana jóvenes cambiando azúcar. “Buscan granos y a veces harina”.

En Catia, en los alrededores del mercado, hay revendedores que hacen trueques. Dicen, a gritos, que cambian leche, pasta, azúcar o harina. Pero son muy celosos para hablar sobre la procedencia de los productos. De hecho los cambios hay que hacerlos muy rápido y frente a la PNB y la GNB, que no hacen más que caminar de un lado a otro.

Entre la oficina y los vecinos

Pero el trueque también ha llegado a los puestos de trabajo. Mervi Linares, quien labora en un colegio de Caracas, suele cambiar mensualmente productos con sus colegas. Por ejemplo, intercambia un kilo de lentejas por harina u otros alimentos como azúcar, arroz y pasta, e incluso toallas sanitarias. “Prefiero cambiarlos porque no tengo efectivo. Cuesta conseguirlo”, asegura la maestra de preescolar.

María Balza Guerra, por su parte, hace cambio con sus vecinos: “Yo lo hago por pasta dental, jabón de baño, champú o azúcar. Otra cosa que he hecho es darle un producto a un bachaquero para que me dé efectivo y con eso compro los huevos, que así salen más baratos”.

Desde Maracay, estado Aragua, Jorge Osorio Granado cuenta que hace ya tiempo dejó de usar efectivo. “En el mercado mayorista de Maracay muchos vendedores de verduras y hortalizasme aceptan pagos con arroz, pasta o caraotas”. Sabrina Track, por su parte, le pagó en Caracas a un taxista con un litro de aceite porque no tenía dinero. “Él aceptó feliz”, dice.

Connie Echarre señala que el técnico que le va a reparar le está cobrando una caja de comida, que incluye productos como arroz, pasta, harina, granos y aceite. “Esto es para pagar la revisión del aparato y luego que yo tenga los materiales él viene y arregla”.

Un retroceso

La economista Melissa Evaristo advierte que la proliferación del trueque representa un retroceso para el país y es sinónimo del colapso de los medios de pago. “Es una irresponsabilidad que el BCV y la Sudeban no hayan ofrecido todavía otras soluciones”, señala.

Considera que el problema es que ahora bajó el movimiento del dinero por días y que habrá cada vez menos transacciones. “Menos dinero moviéndose es menos estímulo para la economía. Ahora no solo se detuvo la producción, sino que hay menor circulación de dinero”.

“El trueque también ha proliferado a raíz de los apagones. Porque al final del apagón los medios de pago han quedado comprometidos. En Caracas hay locales, incluso buhoneros, que cobran en dólares. Aunque en el interior del país eso no es tan común porque no todo el mundo tiene acceso a dicha moneda”, explica la economista, quien considera que si las circunstancias actuales hubiesen ocurrido en el año 2000, no hubiera sido necesario recurrir al trueque porque hubiese habido suficiente efectivo.

Fuente: Efecto Cocuyo

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