El ocaso de la cultura clerical (IV)

Por Jesús María Aguirre 

La estampida informativa y la alarma de las Conferencias Episcopales

 

De un mapa de las denuncias de abusos sexuales por parte de miembros de la Iglesia católica en el mundo elaborado por Mariana Toro Nader extraemos los siguientes datos, seleccionando aquellos países que han estado más marcados por las agendas noticiosas mundiales y contando con fuentes oficiales y oficiosas contrastables frente a los “fakenews”.
Para una indagación más exhaustiva de los informes concernientes de Estados Unidos, Alemania y Australia “El fracaso institucional de un modelo teológico cultural de Iglesia”, con énfasis en los factores sistémicos en la crisis de los abusos sexuales (Shickendantz:2019).
Estados Unidos, que puede ser considerado uno de los países más liberales del mundo, pareciera corroborar la hipótesis del Papa Emérito, si nos atenemos al número de victimarios, pero hay que tener en cuenta que es de los pocos países que han tomado en serio la averiguación profunda de esta lacra.
En 2004, la Conferencia de Obispos Católicos Estadounidenses (USCCB) publicó una investigación sobre el abuso sexual de menores de edad por parte de sacerdotes y diáconos católicos en Estados Unidos entre 1950 y 2002 encargada al John Jay College of Criminal Justice y a la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) en la que encontraron que:

4.392 sacerdotes fueron acusados entre 1950 y 2002 por abuso sexual de menores de edad.

Según otra fuente la orden jesuita tuvo que pagar 166 millones de dólares a 470 víctimas de abusos entre 1940 y 1990 por 230 jesuitas acusados de abusos sexuales

Jesuits pay record $166.1 million in child abuse case

En Alemania, La Conferencia de Obispos Católicos Alemanes reportó en 2018 las denuncias de abusos sexuales por parte de los clérigos entre 1946 y 2014 con un saldo de 1.670 victimarios por abuso sexual de niños.

En 2009, en un país paradigmáticamente católico como Irlanda, la Comisión de Investigaciones de la Arquidiócesis de Dublín confirmó en un informe  que “no hay duda de que el abuso sexual de niños por parte del clérigo fue encubierto” entre 1975 y 2004. De los 46 sacerdotes de abusar de menores de edad 11 sacerdotes se declararon culpables.

En México el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, monseñor Rogelio Cabrera, dio una conferencia de prensa en Ciudad de México en la que afirmó que: 152 sacerdotes fueron retirados del ministerio en los últimos 9 años, al ser declarados culpables por abusos sexuales a menores. No reportó números sobre víctimas.

En Chile, el año 2018, la Conferencia Episcopal chilena reportó que 34 obispos pusieron sus cargos a disposición del Vaticano, tras los escándalos sobre presuntos abusos sexuales, en que se contabilizaron 266 víctimas, mientras la Fiscalía investigaba 158 casos. Siete años antes, el Vaticano había encontrado al sacerdote chileno Fernando Karadima culpable de abuso sexual infantil.

El papa Francisco llamó a los obispos del país a Roma después de que recibió un informe de 2.300 páginas que detallaba los abusos sexuales cometidos por sacerdotes en Chile. El informe alegó que durante décadas, los funcionarios de la iglesia en Chile habían conocido casos de abuso sexual y llevaron a un encubrimiento masivo, incluso destruyendo registros.

No disponemos cifras de otros continentes, a excepción de Australia, donde, según informe de la Australian Royal Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse, entre 1980 y 2015, más de 4.000 personas afirmaron haber sido víctimas de abuso sexual por parte de autoridades religiosas, pero es de suponer, a juzgar por los primeros indicios que en Asia y en África (Makamatinee, 2019), las cifras son similares.

En el ámbito latinoamericano Frédéric Martel, autor de Sodoma, -informe desigual en el tratamiento de ciertos tópicos, pero revelador de tendencias- tras realizar su encuesta sobre homosexualidad en la Iglesia y explorar también el tema de los abusos de menores en América Latina, asegura: «Estuve varias veces en Argentina, Cuba, México, Chile y Colombia y encontré que la situación no era muy diferente que en el Vaticano» (Martel 2019). Presumimos que la realidad venezolana no será muy distinta, si nos atenemos a la baja evaluación que obtuvieron los sacerdotes en una encuesta de 2012 y a una cultura en que implícitamente se ironiza sobre la consigna atribuida a un obispo: “si no son castos al menos sean cautos” (Aguirre 2012).

Como se ve por los informes de las mismas Conferencias Episcopales, no hay continente que se escape a esa virosis, ni tampoco organización clerical, diocesana o religiosa inmune a este flagelo. Pero ¿podemos contentarnos con la sindéresis británica del Cardenal Henry Newman, quien afirmaba hace más de un siglo : “Dado lo que es el hombre, sería un milagro que tales escándalos estén fuera de la Iglesia”? (Newman: 1904). ¿O, simplemente con la justificación de que en todos los ambientes en que se frecuenta la relación con los niños o adolescentes, escuelas, centros deportivos y excursionistas, coros infantiles, seminarios, etc. se reproducen conductas similares, como si la Iglesia y el clero no estuvieran exigidos por un plus moral?

“Hoy, -como dijera Drewerman en su estudio sobre los clérigos- ya no creemos en el ´testimonio cristiano´ de un ´ministro de la Iglesia´ escudado tras los límites infranqueables del estado clerical para ahorrarse vivir una existencia terrestre, erizada de peligros, e incluso inmersa en el ´pecado´” (Drewerman 1989: 15)

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