El colapso nos alcanzó

Foto EFE/RAYNER PEÑA

Por Andrés Cañizález 

Escribo sin que el país haya recuperado por completo el servicio eléctrico. Venezuela ha vivido, y sus ciudadanos han padecido, el apagón más extenso y prolongado del que se tenga memoria desde que se implantó el sistema de electricidad en el país, en los años finales del siglo XIX.

A lo largo del siglo XX Venezuela gozó de un sistema eléctrico estable, que se vio potenciado con el gran proyecto del Guri, en la parte final de la década de los años 70. A la par que el mundo ha visto como hechos excepcionales y esporádicos los apagones, en Venezuela hemos ido caminando para atrás como el cangrejo.

En el siglo XXI se comenzaron a hacer frecuentes los apagones y hace dos años el estado Zulia vivió una crisis eléctrica prolongada, también con cortes de suministro por más de 24 horas durante varios días a la semana.

No soy experto en la materia, pero como usuario el servicio comenzó a fallar de forma notable tras decisiones que en vida tomó Hugo Chávez. La primera pifia fue la estatización de todo el sistema eléctrico, acabando con un sinfín de empresas que a nivel local prestaban el servicio de electricidad. Se recuerda el nombre de la Electricidad de Caracas, por ser la firma más emblemática, pero hubo otras tantas estatizaciones.

La segunda decisión desacertada fue unir a todo, incluyendo a la ya existente y no particularmente eficiente Cadafe, en un solo conglomerado estatal al que pasó a llamársele Corpoelec. El tercer error de Chávez fue militarizar al sistema eléctrico nacional.

A estos errores de origen, que simbolizan muy bien la lógica del chavismo: estatización, centralización y militarización, hemos llegado a dónde hemos llegado. Se le suman ineficiencia, corrupción, fuga de talentos.

El apagón nacional que se inició la tarde del jueves 7 de marzo estaba cantado, tal como se dice en el argot deportivo.

El año pasado tuve el honor de conocer al ingeniero Miguel Lara, quien en 2013 fue apresado y procesado judicialmente por denunciar la gravedad de la crisis eléctrica.

Nos encontramos en un evento relacionado con la defensa de la libertad de expresión, ya que Lara simboliza un caso de cómo el régimen de Nicolás Maduro ha pretendido acallar no sólo a medios y periodistas, sino a fuentes periodísticas (expertos en diversas materias) para que estos no hablen de la gravedad de determinadas situaciones con conocimiento de causa.

Colapso inevitable

Lara me dijo, el año pasado, que aún no habíamos llegado al colapso, pero será inevitable, me recalcó. Me imaginé una bola de nieve cuesta abajo, creciendo de tal forma que resulta indetenible.

La bola de nieve nos alcanzó. No bastaron las alertas de expertos, periodistas y la acción de los diputados que incluso aprobaron en 2017 un voto de censura y le solicitaron a Maduro la remoción de Motta Domínguez de Corpoelec.

Tal vez el chavismo no tenía interés alguno en restituir un servicio eléctrico de calidad para la población ni evitar el colapso, sino que su objetivo era enriquecerse. De acuerdo con Transparencia Venezuela, entre 2010 y 2018 se destinaron 29.000 millones de dólares al sector eléctrico, pero el 61 por ciento de tan astronómica cifra no llegó a su destino.

La corrupción ha sido el verdadero ataque contra el sistema eléctrico. Hoy lo padecemos de forma dramática y generalizada.

Fuente: Efecto Cocuyo

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