De fiscal en Venezuela a pastelero en Argentina

Foto:Archivo Web

Por Esteban Pittaro

Emerson tiene 44 años. Hasta marzo de 2017, era fiscal octavo de Carabobo, en Venezuela. Hoy es un orgulloso pastelero en Mar del Plata, Argentina, que con su familia conquista paladares y corazones por igual. Pero el camino, tuvo sus avatares.

Emerson tuvo que abandonar su exitosa carrera judicial en Venezuela agobiado por las necesidades, pero sobre todo por las presiones gubernamentales que recibía para ejercer con libertad sus responsabilidades. Con su esposa Diliana, también abogada, tomaron la decisión de buscar nuevos horizontes.

Primero Emerson viajó a Estados Unidos. Allí trabajó como cocinero unos meses, hasta juntar el dinero para comprar el pasaje para su esposa y sus dos hijos, Anastasia y Ramón. La historia de miles de profesionales venezolanos que emigraron a Estados Unidos. Pero ya allí, una amiga de ellos les sugirió “Mar del Plata”, una ciudad argentina de la que no habían oído hablar. En su país de origen, era del puerto, y Mar del Plata, ciudad balnearia con puertos y playas, además de ser una de las ciudades argentinas más pobladas, les encantaría.

A “La Feliz”, como se la conoce a Mar del Plata, llegaron en mayo del año pasado. Las primeras semanas, el horizonte laboral no parecía claro. Convalidar el título de ambos, llevaría por lo menos dos años. Y en muchos trabajos, les decían que estaban sobrecalificados. “Cuando uno llega a un país la prioridad es buscar el bienestar de la familia. Dejar de lado toda una carrera hecha en el país y buscar la forma de sacar adelante a la familia”, declaró Emerson a Radio Mitre Córdoba. Y fue así que con Diliana retomaron ese viejo gusto hogareño, los ponquesitos, que en la Argentina rápidamente reconocieron como los cupcakes.

Foto: Archivo Web

Los ponquesitos venezolanos no sólo resultaron ser una delicia para los argentinos. El empeño, la sonrisa, y el amor que en cada venta han puesto, reflejada en la cuenta de Twitter de Instagram @cupcakesconsaborvenezolano 

Diariamente, Emerson comparte selfies con los clientes de comercios de Mar del Plata, describe las calles de La Feliz, relata las virtudes de esos negocios invitando a conocerlos, y cierra con una frase que invita a la reflexión. Los posteos recolectan likes y comentarios, todos agradeciendo el haber conocido a este noble emprendedor.

Emerson es un dignísimo pastelero y estupendo vendedor, y eso, aunque no sobre, permite que el pan a la familia le alcance. Pero quiere a su país y en distintas entrevistas expresó que sueña con volver. El 23E gritó con brío, y participó desde La Rambla de Mar del Plata, frente al mar, de una manifestación de venezolanos que reclamaron un gobierno de transición y elecciones libres en Venezuela.

Fuente: Aleteia

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