Condiciones

Foto: Archivo web

Por Gonzalo Oliveros Navarro

Cuando uno sale de un país en condición de migrante, debe entender que está en la obligación a ajustar su conducta a las costumbres del sitio a donde se instalará. No puede pretender imponer las propias.

Pudiere ocurrir que las que se traen del país de origen sean mejores que las que se tienen en el de acogida y seguramente, los nacionales de éste, al observar las mismas las incorporarán a sus prácticas naturales.

Cuando situaciones como las descritas en el párrafo precedente se producen, a no dudarlo, el país que recibe a los migrantes sale ganando.

Colombia tiene una manera de hacer las cosas en materia de contratación o de formación laboral que son distintas a Venezuela. No sé si mejor o no, pero en todo caso distintas. Mientras no se demuestre que la nuestra es mejor, continuaran imperando, y es natural, las locales.

Quien aquí migró y busca trabajo o formación para éste, está compitiendo con nacionales colombianos. Eso lo obliga a ser mejor que aquél, sin ninguna duda. No puede, por su condición de minusvalía económica, estar haciendo exigencias contrarias a los requisitos establecidos, máxime cuando desconoce si la persona con la que va a competir, tiene sus mismas falencias.

Cuando uno busca trabajo o formación para éste porque lo necesita, hace lo necesario para obtenerlo. No busca excusas de ninguna índole, ni tampoco hace exigencias fundadas en sus carencias. Todos las tenemos y cada uno de su hambre es dueño.

Los venezolanos que aquí llegamos debemos comprender que este es un país con condiciones económicas distintas a las nuestras. Ello nos obliga a hacer todos los sacrificios que sean necesarios para incorporarnos a su aparato productivo.

Sea este un llamado respetuoso de atención a quienes creen que por su condición de migrantes, deben tener ventajas que la ley y la práctica, no otorgan a los nacionales colombianos.

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