La Política de Jesús

Foto: Archivo Web

Por Greg Boyd

Muchos están tan condicionados por la mentalidad del mundo que ni siquiera pueden imaginar una forma alternativa de influenciar la sociedad y la política que no sea entrando en el juego político tal como lo hace el sistema gubernamental establecido. Así, algunos concluyen que, ya que Jesús no trató de transformar los sistemas políticos de su época mediante el uso de las tácticas comunes de esos sistemas, la fe cristiana debe ser principalmente sobre la piedad personal y, por lo tanto, no tiene relevancia social.

En su libro Jesús y la realidad política (The Politics of Jesús), John Howard Yoder ha demostrado que todo acerca del ministerio de Jesús era social y políticamente relevante. Precisamente porque no permitió que la política de su época definiera su ministerio, se posicionó para hacer un comentario profético revolucionario y finalmente, tener un impacto revolucionario en la sociedad y en la política de su época.

Jesús no aceptó las opciones limitadas que la cultura colocó ante él. Él expuso las horribles injusticias en todas las opciones del reino-del-mundo al ofrecer una alternativa radicalmente distinta. Se trata de un reino que resiste el impulso demoníaco hacia la violencia coercitiva y de “poder por encima” que caracteriza a todas las variantes del reino de este mundo.

Se trata de un reino que, a través del sacrificio-propio, desenmascara la horrible injusticia y la violencia de todas las versiones del reino de este mundo y los poderes demoníacos que los alimentan. Se trata de un reino que no hace la guerra “contra carne y sangre”, sino que lucha contra “los gobernantes, contra las autoridades, contra los poderes cósmicos de esta oscuridad presente” (Ef. 6:12 ) que mantienen a todas las personas en cautiverio.

Se trata de un hermoso reino del que no se habla tanto, pero se muestra en acción amorosa. Por ejemplo, Jesús nunca entró en la discusión de debates particulares sobre el estado de las mujeres en la sociedad. Más bien expuso la fealdad del patriarcado por medio de la forma contracultural en que trataba a las mujeres. Ignorando las consecuencias negativas de su reputación (y en última instancia de su vida) Jesús se hizo amigo de ellas y les dio una dignidad cultural sin precedentes.

En una sociedad en la que generalmente se entendía que las mujeres eran propiedad de los hombres y en la que las mujeres tenían pocos derechos, las acciones de Jesús eran revolucionarias.

Lo mismo puede decirse del trato de Jesús a los marginados sociales, incluidos los leprosos, los ciegos, los endemoniados, los pobres, las prostitutas y los recaudadores de impuestos. En lugar de tratar de legislar justicia para ellos, proporcionó una alternativa a las estructuras sociopolíticas del mundo y expuso las injusticias de estas estructuras en el proceso.

Lo más importante, Jesús expuso la brutalidad del gobierno romano y, en última instancia, la brutalidad de todos los reinos del mundo, dejándose ser crucificado por ellos. En lugar de usar el poder que tenía disponible para preservar su vida, ejerció el poder del amor al dar su vida por las mismas personas que se la estaban quitando.

La muerte de Jesús estableció que la comunidad del reino no sería caracterizada por “poder por encima” sino por “poder por debajo”. Sería una comunidad donde la gente tenga la misma actitud de Jesús y ponga los intereses de las otras personas por encima de los propios (Fil 2: 4 -5).

De esta manera, Jesús ofreció un tipo diferente de política. Él proporcionó una hermosa alternativa a la estructura del mundo de “poder por encima” y expuso la fealdad egocéntrica de estas estructuras en el proceso.

Esta es la política a la que la comunidad de Dios está llamada a imitar, caracterizada por el amor como el del Calvario. Como tal, esta comunidad se esfuerza por la justicia no por la conquista, a estar dispuesta a sufrir. ¡Qué social y políticamente revolucionario sería si pusiéramos nuestra confianza en la política de Jesús en lugar ponerla en la política de este mundo!

Fuente: lareformaradical

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