Totalitarismo fracasado

Por Alfredo Infante s.j. | Boletín Signos de los Tiempos

Foto: archivo WEB

Los regímenes autocráticos, como el instalado en Venezuela, tienen vocación totalitaria. Los totalitarismos de corte marxista procuran por todos los medios el control de lo que, en su catecismo, se denomina la “infraestructura” y la “superestructura”.

La infraestructura tiene que ver con los medios y modos de producción, por ello la expropiación y estatización de la propiedad y las empresas privadas. La superestructura tiene que ver con el sistema político y sus instituciones y, de igual modo, todo lo referido al mundo de las ideas. Por ello, la pluralidad y libertad de pensamiento se convierten en una amenaza para el poder totalitario.

De las instituciones que conforman la superestructura quiero resaltar las siguientes: educación, religión y medios de comunicación.

No es casual el deterioro y destrucción multidimensional que ha sufrido el sistema educativo, especialmente, las condiciones de vida de los educadores. Con esta clave hay que leer también las transformaciones de las mallas curriculares, sobre todo en cuanto a los contenidos de historia, que pretenden resignificar la memoria patria y legitimar el statu quo revolucionario.

Tampoco nos sorprenden los intentos por crear una matriz de opinión contra la Iglesia católica, institución que, por su entrega y solidaridad ante la tragedia que vivimos y por su palabra certera ante los abusos de poder, goza de la confianza de la sociedad venezolana. Y, por supuesto, son parte de esta receta el cierre y compra de medios de información y comunicación privados y el control del circuito radioeléctrico y televisivo como política de Estado. Los medios que aún mantienen cierta autonomía viven bajo la sombra de la autocensura, debido a que Conatel mantiene un monitoreo de los contenidos de la programación como cuchillo al cuello.

En Venezuela esta pretensión totalitaria se fue imponiendo, en un primer momento, gracias al liderazgo avasallante del finado expresidente Chávez, en quien confluyeron carisma seductor, abundancia petrolera y populismo radical; sin embargo, al desaparecer esta figura y bajar los precios del petróleo, la seducción se truncó y la tendencia totalitaria mostró descaradamente su rostro oculto y pasamos a una fase de Estado represor, dictatorial. Como prueba de ello, los indicadores del mes de enero que, en el tema de violaciones a la libertad de expresión, nos presenta la ONG Espacio Público:

“La política estatal restrictiva utiliza diversas herramientas en momentos de alta tensión política para intimidar, agredir, censurar y detener a periodistas, ciudadanos y medios de comunicación con el fin de imponer una hegemonía. En enero se registraron 28 casos, que se tradujeron en 110 violaciones del derecho a la libertad de expresión en Venezuela; en su mayoría para impedir la cobertura de la fuente parlamentaria, retenciones arbitrarias y censura a través de la prohibición de la difusión de información. De los 82 afectados(as), 66 son periodistas y reporteros. Los datos revelan un incremento en el número de violaciones producto del periodo de conflictividad social y política que transita el país”¹.

Al régimen nadie le cree, su pretensión totalitaria fracasó, la gente es consciente de que miente, su mensaje solo lo valida una minoría ideologizada. Ante este hecho, su política es perseguir, amedrentar, para que la gente no se informe², porque sabe que la información de fuente confiable moviliza. Seamos productores y portadores de información creíble. Así construimos nuestro país.

Fuente: https://mailchi.mp/25cd13532f18/signos-de-los-tiempos-n-46-07-al-13-de-febrero-de-2020

Notas:

1 http://espaciopublico.ong/enero-golpes-a-la-informacion-politica/

2 El día 11 de febrero, durante la cobertura del regreso de Juan Guaidó al país, fueron agredidos 11 periodistas por simpatizantes del Gobierno de Maduro.

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