Red Educativa San Alberto Hurtado: una propuesta local para el logro de la misión

Foto archivo UE Fe y Alegría Luis María Olaso

Cuando la fragmentación del tejido social de nuestras comunidades se hace tangible a través del miedo y la desconfianza, la oportunidad de tejer redes de solidaridad que articulen esfuerzos por y para la gente surge de la voluntad y el compromiso de quienes, con pequeñas acciones, pueden convertirse en agentes promotores de grandes cambios

Por Adle Hernández*

El trabajo en red ha sido promovido en la Compañía de Jesús desde hace unas décadas, porque se entiende que “Las transformaciones que la promoción de la justicia requiere se juegan en un ámbito global”1 y se ha visto esto como una “[…] nueva manera de proceder […] (un) nuevo estilo apostólico”2, para el que se generaron recomendaciones generales y directrices más bien descriptivas, sobre rasgos a considerar para discernir sobre esto. Indica Villanueva, S.J. que esta es “Una nueva forma apostólica de proceder […] al servicio de la misión universal”3 que tiene beneficios globales. Sin embargo, esta propuesta ha permeado también a nivel local manteniendo muchos de los elementos descritos en estos documentos y representando de igual forma importantes beneficios para comunidades que están sometidas a escenarios de gran adversidad.

A finales del año 2014, la parte alta de la parroquia La Vega experimentó una situación de violencia, generada por la penetración de una banda armada, caracterizada por gran poder organizativo, de fuego y económico, con un número importante de miembros participantes.

La situación de violencia en ese momento fue tan grande, que afectó el desarrollo de la vida cotidiana local y obligó a cambiar rutinas en sus habitantes, e incluso a algunas instituciones y organizaciones del sector a suspender sus actividades en algunos momentos, debido al riesgo que significaba movilizarse hasta las escuelas, centros de salud o hacer la vida comunitaria que normalmente se hacía.

 Una respuesta a la fragmentación del tejido social producto de la violencia armada

A raíz de esa situación que afectó la vida y las rutinas del sector, se comenzaron a realizar unas reuniones en las que un grupo de actores clave empezaron a encontrarse fuera del territorio tomado, para comprender mejor y escuchar de primera mano la descripción de los acontecimientos, dimensionar los riesgos y desarrollar estrategias para, entre todos, generar formas de autoprotección.

En la comunidad se sentía miedo y especialmente desconfianza, el silencio algunas veces era abrumador. El silencio en estos casos significa la ruptura del intercambio natural entre las personas, no era un silencio reflexivo sino obligado, el caldo de cultivo para la fragmentación del tejido social, para limitar el encuentro, la construcción colectiva de iniciativas comunitarias, para el abandono de las organizaciones externas y para ahuyentar alianzas que traían cosas buenas a la comunidad.

Esos encuentros para afrontar la emergencia empezaron entre un párroco nuevo y un pequeño grupo de mujeres, cada una de ellas cabeza de una institución educativa del sector y una representante de una organización externa con años de trabajo allí. Mientras las condiciones reales obligaban a la separación, nació sin saberlo aún, una red en la que todas las partes tácitamente se comprometieron a trabajar en conjunto para apoyarse, cuidarse y fortalecerse en la adversidad. Ante la violencia armada la consecuencia podría haber sido la fractura del tejido, pero la respuesta fue una retirada segura y el encuentro entre las instituciones para reorganizarse y responder estratégicamente, el objetivo ¿la sobrevivencia o la vivencia?

Afortunadamente la situación de la banda cesó, pero para ese momento el encuentro entre las directoras de las escuelas Andy Aparicio, Canaima, Luis María Olaso, Proyección y Relaciones Comunitarias de la UCAB y el sacerdote de la parroquia San Alberto Hurtado, ya se había constituido en un espacio de encuentro para compartir problemáticas, formas de resolución, recursos (no precisamente económicos) y, especialmente, acompañamiento humano y espiritual… ahora la red ya se podía reunir en la parroquia.

La red como soporte para afrontar la violencia estructural

Las narrativas ahora se centraban en situaciones de las instituciones presentes, como por ejemplo promover convivencias para disminuir rivalidades entre jóvenes, alinear el trabajo pastoral, o cómo insertar de manera más efectiva las acciones de la UCAB en este marco de trabajo conjunto. Era la oportunidad para planificar entre todos y alinear los esfuerzos hacia los mismos objetivos, compartir experiencias, aprendizajes y elementos más logísticos como los mejores proveedores de alimentos para los programas de alimentación. Los encuentros permitían tener una visión global de las diversas necesidades de los sectores, lo común a todos, pero también entender la particularidad de cada uno, la comprensión de las dinámicas comunitarias y las posibilidades de trabajo o prioridades se identificaban más rápidamente, los encuentros permitían un pensamiento estratégico.

En la medida que la red continuó, las reuniones empezaron a estar centradas en dificultades más profundas, el hambre había llegado a los encuentros reflejando una situación cada vez más crítica, el hambre de estudiantes, representantes y maestros empezó a ocupar los esfuerzos. Así, las directoras tuvieron que liderar con ánimo equipos de trabajo cada vez más afectados, todas se encontraban ya no gerenciando un colegio, sino haciendo sus mejores esfuerzos para llevar a cabo aquello que les había sido confiado, pero en un contexto de hambre, falta de transporte, angustia de los padres ante la situación de sus niños, aflicción de sus maestros ante las condiciones económicas; la pobreza como no se había visto formaba parte de la vida de las escuelas.

Las directoras tenían que acompañar la mejor calidad educativa posible en un contexto de desesperación y afectación humana. Cuando las condiciones de la vida cotidiana son tan adversas, el rol gerencial va más allá de lo que está contemplado en la descripción del cargo, el acompañamiento a la persona más allá de las tareas es un elemento central. El acompañamiento espiritual para el fortalecimiento de las personas fue un punto clave, el acompañamiento mutuo fue fundamental para contener el quiebre y para elaborar, analizar y discernir en conjunto qué era posible hacer ante un escenario tan desolador, para serenar y focalizarse estratégicamente en la misión. Ante la violencia estructural, el agotamiento de los equipos, el dolor, la desesperación y la ola migratoria, la red funcionó como fortaleza para mantener el horizonte de las acciones, para compartir angustias y discernir en qué centrar los esfuerzos para el mejor bien colectivo. Fue el espacio de aquietar las urgencias, respirar y focalizarse en la misión.

El compartir experiencias tan duras y difíciles generó una cercanía y confianza entre los miembros de la red en una dimensión diferente a la necesaria para generar el proceso gerencial, operativo o logístico. La red actuó como espacio de elaboración y construcción colectiva y como fuente de fortalecimiento conjunto, en ese momento se consolidó el sentido de cuerpo de la red.

Desarrollo de capacidades que permitan responder a la pandemia

El tiempo de trabajo de la red y las dificultades que ha tenido que afrontar ha hecho que exista una forma de trabajo, los equipos de las diferentes instituciones ya saben cómo se procede; ante cualquier evento que ocurra la red se activa, se comunica, evalúa y toma decisiones en equipo. La llegada de la pandemia por el COVID-19 activó a la red para mantener un seguimiento de los eventos en comunidad, evaluar consecuencias en las familias sobre las cuales se tiene impacto e ir desarrollando las mejores estrategias para responder; el aislamiento social significa que la red tiene que estar más alineada y conectada.

Ante la amenaza de un evento como la pandemia, la red es el espacio de reorganización y adaptación de las buenas prácticas para responder y mantener las iniciativas de apoyo y las acciones prioritarias para los más vulnerables, organizar las mejores prácticas logísticas y de transparencia de las acciones y medios de verificación que usualmente exigen los financistas, diseñar los protocolos para mantener acciones de apoyo con la conciencia y responsabilidad de respetar las medidas de bioseguridad adaptadas a la realidad del barrio. Algo muy satisfactorio es que el trabajo se distribuye naturalmente, cada miembro sabe qué hacer, sabe además permear estos modos a sus equipos. Todo está alineado, las logísticas se definen y planifican con una rapidez impresionante y cada oportunidad se aprovecha al máximo. La red en estos años ha permitido que se desarrollen capacidades para seguir respondiendo, aun en pandemia, a la comunidad, e involucrar  esta dentro de un clima cívico y respetuoso de las normas, para no exponer a las personas en un contexto de riesgo.

La red analizada por sus miembros

Dentro de la Compañía de Jesús, la red hace referencia a “[…] una serie de individuos o instituciones independientes, distantes, que se asocian y cooperan a través de un tejido de relaciones complejo, con un objetivo […] y una coordinación identificable.”4

La red reúne cinco instituciones, dos de ellas Escuelas Fe y Alegría, una escuela cristiana católica, la Parroquia y las Relaciones Comunitarias de la UCAB, su objetivo es alinear los esfuerzos, intercambiar saberes, dialogar, analizar y reflexionar para responder a los desafíos de la realidad con el horizonte de la misión, teniendo como elemento orientador el cuidado de la persona y el acompañamiento espiritual.

Cada una de las instituciones vinculadas a la red cumple un rol y aporta algo, la parroquia proporciona la visión y el horizonte que reúne y cohesiona a todos, así como el acompañamiento espiritual de las directoras. Cada uno aporta su lectura de la realidad, su compromiso, su tiempo, sus saberes y experiencias previas, “Las escuelas son el alma de la red”5 dice Infante S.J., porque ellas ponen el sustrato del trabajo, la Universidad apoya desde sus iniciativas de extensión articulándolas a las necesidades detectadas y priorizadas; las líneas de acción y estrategias diseñadas en conjunto son socializadas a los equipos de cada una de las escuelas. La visión clara, la confianza y respeto mutuo han sido claves para que se haya consolidado este trabajo, así como también la valoración de lo que cada uno aporta; la comunicación asertiva y el sentirse identificados para trabajar de cara a las necesidades comunitarias, en pro de la calidad educativa y la calidad de vida de las personas en condiciones de mayor vulnerabilidad6.

La red proporciona a los participantes un espacio para sentirse acompañados e interconectados7, compartir cargas permite estrechar lazos fraternos, es un espacio para el crecimiento espiritual, personal y profesional; la adversidad que podría haber llevado a la disminución de las acciones, por el contrario se transformó en el terreno para que fecunden una cantidad de iniciativas que han fortalecido a las instituciones en su trabajo con la comunidad, como dice el párroco «[…] trabajar en corresponsabilidad y en equipo hace más llevadero el trabajo y tiene mayor alcance la misión […] (trabajar) en red nos salva, nos sostiene, nos llena de esperanza.»8

“No hay red sin pastor”

Para todas el elemento aglutinante de la red y coordinador es el párroco, a él la red le ha permitido:

[…] articular dos polaridades de la misión del jesuita, el cuidado de la persona (cura personalis) y el cuidado de la misión (cura apostólica); el jesuita tiene que pensar en el magis –el bien cuanto más universal mejor– dice San Ignacio y, en ese sentido, debe tener pensamiento estratégico, pero, ese bien universal pierde densidad, consistencia, si arrolla a las personas y al equipo, y, por tanto, no debe contradecir el cuidado de las personas. De nada vale hacer grandes obras, si las personas quedan atropelladas. Gracias al trabajo en red esta polaridad propia del modo de proceder ignaciano ocurre en buenos términos.9

Según sus propias palabras, trabajar en red también le ha permitido sentirse apoyado y eso lo fortalece espiritualmente, es una experiencia consoladora, pero además le permite descubrir la calidad humana y cristiana de las personas, identificar capacidades organizativas, descubrir la energía social de la gente que es fuente de esperanza. Otro punto importante desde el ángulo del pastor es que poder leer y vivir su fe en este contexto le humaniza y le llena de paz, en medio de la adversidad y aún en la dureza de la situación puede vivir lleno de alegría y agradecido a Dios; la red es un regalo.10

Se ha insistido dentro de la Compañía que el trabajo en red permite responder mejor a las nuevas condiciones de la misión11 en este caso, ha permitido además de todos los beneficios señalados, incorporar a los colaboradores laicos y jesuitas en un proceso de fortalecimiento ante la adversidad que ha transformado el camino desde la sobrevivencia a la vivencia consoladora.

Para las mujeres que conforman este equipo junto al párroco y para todos aquellos que participan de los frutos de esta, la red se ha constituido en la oportunidad para multiplicar acciones y, como la levadura en la masa, ha permitido generar espacios para celebrar la vida en medio de una realidad muy dura.

A Marta Piñango, María Zenaida Rosario, Zurely Núñez y al párroco Alfredo Infante, S.J.  desde Proyección a la Comunidad de la UCAB, gracias por ser desde esta red: “Un fuego que enciende otro fuego”.


*Directora de Proyección y Relaciones Comunitarias. UCAB.

Notas:

  1. Trabajar en red para responder mejor a la misión. Redes del sector social de la Compañía de Jesús. Coordinadores Sociales de las Conferencias. Mayo de 2013. Promotio Iustitiae, n°113, 2013/4.
  2. Directrices para el trabajo en red en el ámbito social en la Compañía de Jesús. 2002.
  3. Trabajo en Red Internacional en la Compañía de Jesús. Artículo para el Anuario de la Compañía de Jesús, 2014. Daniel Villanueva, S.J.
  4. Directrices para el trabajo en red en el ámbito social en la Compañía de Jesús ( cit.)
  5. Alfredo Infante, S.J. Párroco de la parroquia San Alberto Hurtado. Coordinador de la Red Educativa SAH. Comunicación personal enviada el 14 de julio de 2020.
  6. Comunicaciones personales de Marta Piñango, María Zenaida Rosario, Zurely Núñez, equipo pastoral del Andy Aparicio. Enviadas entre el 14 y 15 de julio de 2020.
  7. Alfredo Infante, S.J. Párroco de la parroquia San Alberto Hurtado. Coordinador de la Red Educativa SAH ().
  8. Trabajar en red para responder mejor a la misión. Redes del sector social de la Compañía de Jesús. Coordinadores Sociales de las Conferencias ( cit.).

Fuente: Revista SIC 827

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