La memoria como acción política (I)

Foto: Sergio González.

Si atendemos a la tradición, cualquier proceso de transición democrática vendrá determinado por el fortalecimiento que otorguemos a la “cultura de la memoria” y, en este momento, la realidad venezolana demanda que nos reconozcamos en compromiso con esta tarea.

Leonor Mora Salas*, Karen Cronick**, Daniel Pérez Mena***

Tras haber comprendido que la conquista de las tierras y los hombres pasa por la de la información y la comunicación, las tiranías del siglo xx sistematizaron su dominio sobre la memoria e intentaron controlarla hasta en sus más secretos rincones. Tzvetan Todorov1.

El tiempo pasado y el tiempo futuro. Lo que pudo haber sido y lo que ha sido. Tienen un solo fin, presente siempre. T.S. Eliot2.

En razón de lo que resulta ser un imperativo en esta época, surge el proyecto Memoria social en el escenario sociopolítico contemporáneo. Caso: dinámica comunitaria e Iglesia católica en sectores populares de Caracas, enfocado directamente en los cuestionamientos: ¿Qué caracteriza los procesos de la dinámica comunitaria y la participación de la Iglesia católica en sectores populares de Caracas? ¿Cómo se definen las distintas memorias de su desarrollo, en los diferentes sectores?

Este proyecto recoge un consolidado de intereses y motivaciones sobre el estudio de la memoria en comunidades populares caraqueñas, en las cuales tiene presencia y desarrolla obra pastoral y acción social la Compañía de Jesús. Ambos, motivaciones e intereses, que compartimos como miembros del Instituto de Psicología de la Universidad Central de Venezuela con la directiva y miembros del Centro de Investigación y Acción Social de la Compañía de Jesús en Venezuela – Centro Gumilla, surgen en una coyuntura socio-política del país que requiere atención especial de los venezolanos desde los diferentes lugares y obligaciones institucionales en las cuales nos ubicamos.

De esta forma, a partir del acuerdo interinstitucional nos fijamos como propósito: construir, desde el recuerdo, narrativas sobre la evolución de procesos que definen dinámicas comunitarias y la participación de la Iglesia católica en sectores populares de Caracas, además de las distintas memorias de su desarrollo en los inicios del siglo XXI. De allí logramos estudiar diversos eventos de orden socio-político, ocurridos en el país en los últimos veinte años, a través del trabajo con grupos conformados por diferentes líderes de las comunidades con los cuales celebramos encuentros de la memoria, para tratar desde el diálogo participativo asuntos inherentes a su pasado reciente.

Trabajamos, desde la Iglesia católica como institución de enlace, de manera articulada con sacerdotes y laicos comprometidos de cuatro sectores del oeste caraqueño:

  • Capilla Nuestra Señora de La Esperanza – Carapita (Jesús María Aguirre, s.j., Aida Cabrera, Ángela Álvarez, Yessica Ordóñez).
  • Parroquia San Alberto Hurtado La Vega (Alfredo Infante, s.j., Anyerlin Iguaro, María Zenaida Rosario).
  • Parroquia Jesús Obrero – Los Flores de Catia (Johnny Veramendi, s.j.).
  • Vicaría Nuestra Señora del Perpetuo Socorro 23 de Enero (Rolando Cañizalez, Marisol Mendoza).

Con su apoyo conseguimos constituir en cada sector grupos de líderes que conformaron los grupos de encuentros de la memoria (GEM); reunirnos con periodicidad con cada uno de ellos y generar narrativas alrededor de temas de interés social; discutir y valorar sus contenidos, hacer de los testimonios, documentos para socializarlos en diferentes contextos y abrir, con ellos, espacios de reflexión y denuncia pública, para iluminar procesos acerca de lo que se debe hacer.

Recordar y narrar lo vivido desde la pluralidad de estas voces convocadas, de sus experiencias específicas y contextos diferentes de pertenencia, quiere ser un aporte a la afirmación del deber de: no olvidar para evitar que se repita lo ocurrido.

Asumimos a la memoria como un proceso y un producto colectivo de reconstrucción del pasado con información y referencias tomadas del presente3. Como práctica social, política y cultural que permite la construcción conjunta, deviene en vínculo que provee la continuidad con el presente y la proyección en el futuro4.

Al hacer memoria apelamos al diálogo, la narración, la discusión, el debate y los acuerdos. De este modo en el acto compartido, se construye comunidad y se produce la conexión de las personas con su cultura, su lugar de pertenencia y su identidad social.

De igual modo, la remembranza coloca a los grupos como testigos de la historia de su tiempo, contándola en primera persona y como sujetos que estuvieron presentes allí. Esta comprensión del pasado implica una responsabilidad frente al presente y al futuro, que alude al posicionamiento con respecto a la acción social para que no se olvide lo que no se debe repetir, ni lo que se debe seguir haciendo.

Sin embargo, los estudios sobre la memoria generalmente obvian el problema de los derechos humanos:

Al combinar la memoria con la idea de los derechos humanos, el universalismo de los derechos humanos se traslada hacia experiencias particulares y subjetivas sobre episodios develados en los relatos de los participantes, en donde se revisita la universalidad de las necesidades y los derechos de los individuos como agentes de la memoria5.

Los derechos constituyen principios guías que organizan las relaciones sociales. La memoria individual está estrechamente relacionada con las perspectivas de los grupos. Ellas tienden luego a colectivizarse y expresarse como construcciones dominantes, y pueden variar con el tiempo. Se puede distinguir entre la memoria comunicativa y la memoria cultural6. La primera viene de las personas involucradas en los eventos evocados. La memoria cultural tiene características “institucionales” en donde los recuerdos son evocados por conversaciones pasadas, e inclusive reciben la influencia de los medios de comunicación. La memoria cultural tiende a ser más descontextualizada. Es la gran diferencia entre quien está recordando y qué es lo que se acuerda.

Cuando los protagonistas de los eventos recordados hablan de sus propias experiencias, hacen varias cosas. En el primer lugar, al tratar de injusticias y violaciones de los derechos humanos, están formando la base para una futura narrativa que será modificada de múltiples maneras y transmitidas a otras comunidades y generaciones. También los protagonistas reclaman algún tipo de justicia la cual solo puede ser respondida a los niveles institucionalizados de la sociedad. Asimismo, las personas afectadas directamente por las experiencias que narran están comunicando su dolor y piden la solidaridad de sus comunidades. Finalmente, están elaborando respuestas inmediatas en términos de acciones personales o colectivas que pueden realizar para aliviar su desconsuelo. Por ejemplo, pueden desarrollar estrategias para protegerse de la violencia y tácticas para reducir la violencia en sus comunidades.

El estudio de la memoria –como lo hemos indicado antes– representa un desafío para ocuparnos, con “sentido de urgencia”, de los temas de atención colectiva que definen la época actual en Venezuela. Lo hemos hecho a partir de la consideración de tres dimensiones básicas:

Primera. En el rescate para hacer visibles asuntos de atención e interés colectivos del momento: institucionalidad, crisis, violencia, muerte; tópicos sobre los cuales la memoria, como acción política, puede contribuir a su reconocimiento social y a los derivados asociados. Esto es, como parte de los retos que debemos asumir los venezolanos en la reconstrucción del país.

Segunda. En la reafirmación de la identidad colectiva como venezolanos que somos, convivimos en un ambiente de dificultades que nos complejizan lo cotidiano, y como actores sociales que experimentamos a lo largo de las últimas dos décadas una alta conflictividad.

Tercera. En el compromiso firme de hacer resistencia al olvido a partir de la recuperación del pasado. Para contribuir en los desafíos que suponen para el país entero: hacer efectiva la denuncia, procurar justicia, apostar por la conciliación social.

El estudio de la memoria y las narrativas producidas vienen a recoger la vivencia de pobladores de las comunidades participantes. Lo hemos desarrollado con el uso de métodos y estrategias cualitativas de producción y análisis de la información, cuyo propósito es rescatar con fines interpretativo/comprensivos la complejidad de sentimientos y sensibilidades albergados detrás de la experiencia de las personas y, en este caso, las versiones del pasado que ellas elaboran.

Las memorias construidas que presentamos aquí implican solo a los líderes participantes en los grupos que se crearon en cada uno de los sectores, no representan a las comunidades en su totalidad. Cuando se hace memoria en grupo se crean versiones del recuerdo que definen al grupo y no a una colectividad más amplia; en este sentido, será posible tener interpretaciones plurales de los acontecimientos que se complementan porque contienen las vivencias específicas y pueden conformar un recuerdo más general, verosímil y de mayor alcance.

Los miembros que constituyen los grupos conformados en los diferentes sectores participantes son líderes, en su mayoría, vinculados con la Iglesia católica. Se trata de personas con características diversas en cuanto a orientación política, profesión, oficio, edad, género, tiempo de vida en la comunidad, todo lo cual marca un matiz particular en las narrativas, por cuanto los relatos de estas personas –entre siete y diez participantes por sector– se refieren a sus experiencias de vida como grupo y no a las de las comunidades en su generalidad.

Los lugares a los cuales pertenecen los grupos y desde los que se recuerda pueden ser distinguidos por sus orígenes y rasgos distintivos:

  • Carapita es un sector de la parroquia Antímano, ubicado al oeste del Municipio Libertador. La parroquia es fundada en 1620 como un pequeño emplazamiento con importante presencia de encomiendas de indios Toromaimas. Posteriormente se convierte en un lugar de esparcimiento para los habitantes de Caracas a mediados del siglo XIX, y a inicios del siglo XX se transforma en un centro de producción agropecuaria. Carapita inicia su poblamiento en el año 1947, en la zona La Acequia; sin embargo, no es sino hasta el año 1958 que el barrio se consolida y se urbaniza, cuando llegan numerosas oleadas migratorias del interior del país a construir emplazamientos de viviendas informales en los diversos cerros de Antímano7.
  • La Vega es fundada en 1568, se encuentra ubicada en al centro-oeste del Municipio Libertador y representa una de las 32 parroquias de la ciudad capital. Su proceso de crecimiento ha estado determinado por la creación en 1916 de la fábrica “Cementos La Vega”, lo cual generó industrialización de la zona, progreso y oportunidades de empleo, expansión y crecimiento demográfico. En la parte alta, Las Casitas de Los Mangos, durante el período 1979-1980, el Instituto Nacional de la Vivienda entrega casas y títulos de propiedad. El sector presenta una dinámica social compleja con precariedad en las condiciones de vida, dificultad en el acceso a servicios básicos, pobreza extrema, desempleo, aumento de la economía informal, migración y “niños dejados atrás”, crimen organizado, consumo de drogas y alcohol. Cuenta con escuelas oficiales, subvencionadas y privadas, consejos comunales constituidos, agrupaciones infantiles y juveniles, deportivas y culturales; también con la presencia religiosa-jesuita en la Parroquia San Alberto Hurtado fundada en el año 20108.
  • Los Flores de Catia es un sector de la Parroquia Sucre, perteneciente al Municipio Libertador y situado al oeste de Caracas. Surge en el año 1958 con migrantes del interior del país, desplazados del naciente 23 de enero y habitantes de algunas parroquias de Caracas, quienes construyeron sus casas con tablas, zinc y otros materiales, pero bajo la presión policial del desalojo9. Cada logro en el sector ha sido producto del esfuerzo organizado y de la participación activa de su comunidad, de este modo fueron adquiriendo los servicios básicos que mejoraron progresivamente las condiciones de habitabilidad de los residentes (agua, electricidad, vialidad, mejora de la construcción de sus viviendas), pero también, el surgimiento de las instituciones fundamentales: escuela, comercios, la Parroquia Jesús Obrero que en 1960 adopta este nombre a partir del nacimiento, al lado de la iglesia, del Instituto Técnico Jesús Obrero –ITJO. Esta institución de educación técnica a nivel medio, junto con el nivel superior que se ofrece en el Instituto Universitario Jesús Obrero –IUJO, constituye la obra de mayor reconocimiento de los jesuitas en Catia10. Con el tiempo el crecimiento del sector se ha visto representado por el asentamiento de fábricas, la creación y demolición del retén carcelario y por el incremento de su población que ha dado acogida a migrantes europeos y suramericanos. Hoy la comunidad experimenta los problemas comunes que agobian a la ciudad toda, pero enriquecidos por los “olvidos” del apoyo gubernamental; no obstante, sus habitantes conservan intacta su tradición de lucha reivindicativa heredada de los fundadores, con la cual sortean la complejidad cotidiana.
  • El 23 de Enero es una parroquia ubicada en el norte del Municipio Libertador, al oeste de la ciudad de Caracas. Dentro de ella, en su límite occidental se localiza el sector Andrés Eloy Blanco, también conocido como “El Plan”, es un barrio que se conformó durante una oleada de migración desde el interior del país, tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958. En dicha oleada, se construyeron ranchos en las áreas verdes del proyecto infraestructural del 23 de Enero (conocido entonces con el nombre de 2 de diciembre). El urbanismo y los barrios del sector se asociarían en el transcurso de los años con diversas formas de participación política, movimientos sociales de oposición a los gobiernos de la cuarta república y luego como aliados del gobierno bolivariano11. En particular, “El Plan” se construye en un terreno que se encontraba vaciado y destinado a la creación de una base militar para proteger la posición del conjunto residencial 2 de diciembre12.

Leer II parte

Notas:

  1. TODOROV, T. (2001): Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX. Barcelona: Península. P. 139.
  2. ELIOT, T.S. (1989). Cuatro cuartetos. México: Fondo de Cultura Económica. Burnt Norton. P. 10.
  3. HALBWACHS, M. (1950/2002): “Fragmentos de la memoria colectiva”. En: Athenea Digital, No. 2. Disponible en: http://blues.uab.es/athenea/num2/Halbwachs.pdf; Vásquez, F. (2001). La memoria como acción social: relaciones, significados e imaginario. Barcelona: Paidós.
  4. VÁSQUEZ, F. (2001): Ob. cit.
  5. GKINOPOULOS, T. (2019): “Nostalgic memories and human rights: Integrating subjective experiences with universal needs”. En: Theory & Psychology. 1- 10, p. 1. Disponible en: https://doi.org/10.1177/0959354319845505
  6. GKINOPOULOS, T. (2019): Ob. cit.
  7. CASTELLANOS, C. (2007): Trabajo etnográfico sobre los problemas socioambientales del sector 5 de Julio de la comunidad de Carapita perteneciente a la parroquia Antímano. Marzo de 2005 – noviembre de 2006. Un estudio de caso (Trabajo de grado de Maestría). Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
  8. IGUARO, en Mora-Salas, L. e Iguaro, A. (2019): Reflexión colectiva sobre el pasado: recuerdo y reconciliación una alianza sociopolítica necesaria (En prensa).
  9. Museo del Oeste Jacobo Borges (2008). Historia de las Comunidades de Catia. Los Flores de Catia. Disponible en: http://cartasdelbarrio1.wikifoundry.com/page/Los+Flores+de+Catia
  10. LAZCANO, J., s.j. (2016): Sembrando esperanza. 100 años de los jesuitas en Venezuela. Caracas: Exlibris, C.A.
  11. VELASCO, A. (2015): Barrio rising. Urban popular politics and the making of modern Venezuela. California, Estados Unidos: University of California Press.
  12. CAPRILES, en Pérez-Mena, D., Cañizales, R. y Mendoza, M. (2019): Memorias de organización comunitaria y violencia en el sector Andrés Eloy Blanco del 23 de enero. XII Jornadas de Investigación y I Jornadas de Extensión de la Facultad de Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela.

*Doctora en Humanidades; MPhil. Filosofía de la Práctica; MSc. Psicología del Desarrollo Humano; Lic. Psicología, mención Psicología Social. Profesora Asociada e Investigadora del Instituto de Psicología.

** Doctora en Psicología, MSc. Psicóloga Social; Lic. Psicología. Profesora Titular e Investigadora del Instituto de Psicología.

*** MSc. Psicología Social, Lic. Psicología. Profesor Instructor e Investigador del Instituto de Psicología.

Fuente: Revista SIC | Marzo 2020 | N° 822.

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