La destrucción del Banco Central de Venezuela

Por José Guerra.

Del Banco Central de Venezuela (BCV) solo queda el edificio, una mole de concreto armado, unos escritorios y unas sillas. Como institución monetaria, dejó de existir hace un buen tiempo. Para que se tenga una idea de esto último, desde el año 2013 el BCV no da a conocer los lineamientos de política monetaria. Un banco central que perdió el rumbo en materia de lucha contra la inflación y su mejor arma es esconder y manipular las cifras, siendo éstas publicadas cuando le sea más conveniente a su presidente usurpador.

El banco central tiene sentido para una sociedad cuando ese ente logra que la moneda por él emitida, conserve su valor, pero nada de eso ocurre en Venezuela. Todo lo contrario, el BCV ha sido el sepulturero de su propio signo monetario y lo ha envilecido al extremo que, desde 2008 le ha tenido que quitar ocho ceros para hacer comprensibles las transacciones. La hiperinflación de más de dos años ha contribuido a la ruina de los venezolanos. Ha sido dirigido, en los últimos diez años, por una mezcla indigesta de mediocridad, corrupción e ignorancia.

Para que se entienda el tema, Nelson Merentes, después de haber dado un tour por distintos ministerios, aterrizó en el BCV y con él, fue a dar a la Esquina de Carmelitas la abyección, la lujuria y el porcentaje corruptor. Pero otros no han sido mejores. Las pasantías de Ricardo Sanguino y Ramón Lobo por la presidencia del BCV, solo pudieron haber ocurrido en la Venezuela decadente de hoy. Y de allí, llegamos a ver sentado en la presidencia a Calixto Ortega, un personaje hiperbólicamente ignorante en asuntos monetarios y financieros.

Pero la tragedia no es solamente de los presidentes, sino del directorio completo. Allí no se salva nadie. De veras que tanta insensatez junta no cabe en el salón de sesiones de ese cuerpo. Así, para tratar de estabilizar el precio del dólar en un contexto donde los venezolanos rechazan al bolívar, a esa gente se le ocurrió la idea aplicar una política de encaje bancario de 100%, con lo cual acabaron con el crédito bancario y están terminando de secar la economía.

Pero la historia no concluye con lo anteriormente mencionado. El personal técnico y de apoyo a la gestión ha sido degradado, humillado y depauperado, mediante una reducción de sus salarios reales hasta el punto tal que, un gerente de área no devenga una remuneración mensual equivalente a US$ 50, por no hablar de los cargos más bajos. El seguro médico y odontológico de los trabajadores literalmente fue eliminado, el crédito hipotecario fue pulverizado y hasta el derecho a usar el comedor que se les había negado a los jubilados, tuvo que ser recuperado con protestas pero con la condición que deben llevar sus propios cubiertos para poder comer. Los jubilados actualmente claman por justicia y que al menos les respondan las comunicaciones exigiendo sus reivindicaciones. Así actúan los llamados socialistas que dirigen al BCV.

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