Denles ustedes los medios para que coman

Foto: Tairy Gamboa | Crónica Uno

Según la FAO, para que exista Seguridad Alimentaria en un país deben cumplirse cuatro dimensiones fundamentales: disponibilidad, acceso y utilización de los alimentos, además de la estabilidad de los tres indicadores anteriores. En Venezuela, pese a los acciones realizadas por el gobierno, la emergencia humanitaria compleja ha revelado que más de 9 millones de venezolanos se encuentran en situación de inseguridad alimentaria; realidad que, sin duda, preocupa a la comunidad internacional.

Juan-Salvador Pérez* y Susana Raffalli**

Cuando hablamos de hambre, es decir, de personas pasando hambre, siempre viene a mi mente ese pasaje increpador del Evangelio de Lucas. Describe el evangelista que luego de una jornada larga de predicación y curación de enfermos, caía la tarde, se hacía de noche, y aún la multitud de seguidores se mantenía allí a pesar de la hora, de la lejanía, del cansancio, del hambre…

Tal sería la situación, que los doce apóstoles en pleno se acercan a Jesús, conmovidos y sobre todo preocupados por toda esa gente y sus necesidades. Y en un acto de –diríamos hoy– total solidaridad, le dicen a su Maestro: “Despide a la gente para que vayan a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario”. La respuesta que reciben de Jesús sin duda les dejó perplejos, no la esperaron, les sorprendió: “Denles ustedes de comer”.

El mensaje fue clarísimo, y sigue siéndolo hoy. No basta preocuparse, hay que ocuparse.

Venezuela: ¿crisis o emergencia alimentaria?

El tema que nos ocupa en el presente artículo es precisamente la situación alimentaria en Venezuela. Pero antes de entrar en la materia es conveniente que nos detengamos un poco y definamos algunos conceptos que nos permitan organizarnos, entender bien de qué estamos hablando, a qué nos estamos enfrentando.

El mismo pasaje del evangelio citado así nos lo indica: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: ‘Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta’. Así lo hicieron, y todos se sentaron”. Para dar soluciones hay que comenzar por poner orden.

Debemos comenzar por comprender la escala humanitaria del daño de la seguridad alimentaria que vivimos en Venezuela. Lo humanitario se refiere a aquella circunstancia por la que pasa una nación o un grupo humano, en la que ocurre alguno de los siguientes supuestos:

  1. Daño en el bienestar.
  2. Pérdida de vidas.
  3. Vulneración de la dignidad e integridad humana.
  4. Sufrimiento a gran escala.

Es decir, cuando se utiliza la palabra humanitario está implícito que lo que se haga o se deje de hacer cuesta vidas.

Dependiendo de la escala y de la capacidad de respuesta, una situación humanitaria puede ser a su vez, una crisis o una emergencia, entendiendo por crisis aquella interrupción en las condiciones de vida habituales de una nación o un grupo humano, pero que el Estado las puede manejar con recursos usuales y de los cuales dispone. La crisis se convierte, como ya vimos antes, en crisis humanitaria en el momento en el cual a raíz de la situación ocurren daños y pérdida de vidas humanas.

Por su parte, hablamos de emergencia humanitaria cuando ante esa situación inusual que produce daños y pérdida masiva de vidas y de integridad, el Estado no logra darle respuesta, convirtiéndose entonces en una situación inmanejable que requiere la asignación de recursos adicionales, e incluso recursos excepcionales (ayudas internacionales) y que alcanza niveles de afectación regional.

En Venezuela, la crisis alimentaria que comenzó en 2010 pasó a ser una crisis humanitaria cuando murió el primer niño por desnutrición a causa de esta. Es así que la crisis, desde entonces, ha presentado aumentos en la escala y en la intensidad del daño; por parte del Estado se evidencia cada vez más la incapacidad de respuesta, y se han presentado mayores factores agravantes de la situación.

Según el marco internacional para la clasificación de Crisis Alimentarias de la IPC (International Food Security Phase Classification), podríamos decir que Venezuela se encuentra hoy en un grado de emergencia en cuanto a su situación de seguridad alimentaria con elementos bastantes particulares, porque aunque presenta algunos rasgos de situación de crisis (menos severa), también se presentan elementos que nos podrían colocar ante un escenario de hambre catastrófica como lo son los niveles de desnutrición en niños entre un 15 y 30 %, el incremento en la tasa de mortalidad en niños menores de cinco años, la migración no estacional masiva y el colapso de servicios públicos.

Venezuela, sin duda alguna, se ha convertido en un tema que preocupa a la comunidad internacional. El aporte más significativo que da muestra de ello es, sin duda, la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria realizada por el Programa Mundial de Alimentos (WFP por sus siglas en inglés) en Venezuela, entre los meses de septiembre a noviembre de 2019. Según esta encuesta se estima que (para finales de 2019) 7.9 millones de venezolanos se encuentran en una situación de inseguridad alimentaria moderada, (es decir, con un consumo deficitario de alimentos) y 2.4 millones de venezolanos se encuentra en inseguridad alimentaria severa, con un consumo extremadamente deficitario de alimentos junto a un colapso total de sus medios de vida.

La encuesta alerta que este total de 9.3 millones de venezolanos no estarían en capacidad de sobrellevar o enfrentar una crisis humanitaria sobrepuesta (como lo podría ser la crisis COVID-19). El estudio ofrece otros datos que hacen ver la precariedad de la situación actual en el país. El 72 % de los hogares venezolanos no tiene acceso regular a gas doméstico, el 25 % de los hogares no tiene acceso a agua potable, el 21 % de la población, según la FAO, se encuentra (para finales de 2019) en situación de hambre.

Según el Reporte Global de Crisis Alimentaria 20201, Venezuela se encuentra en el cuarto lugar de las diez peores crisis alimentarias del mundo, solo superada por Yemen, la República Democrática del Congo y Afganistán, y nos coloca en una situación mucho peor que Etiopía, Sudán, Siria, Nigeria y Haití.

Este mismo reporte muestra que entre 2018 y 2019, el total de personas en el mundo que viven con inseguridad alimentaria por razones económicas y políticas aumentó en 13 millones de personas, de los cuales 9 millones son venezolanas (72 %). Y así mismo, muestra que el 82 % de las personas subalimentadas en América del Sur son venezolanos.

En virtud de todo lo anterior, no hay lugar a dudas, vivimos hoy en Venezuela una gravísima situación de inseguridad alimentaria. Y ante esto ¿qué hacemos?

Resulta imposible para cualquier venezolano –en realidad para cualquier ser humano sensible– no conmoverse frente a este panorama. Así como los doce apóstoles se conmovieron y preocuparon ante aquel gentío hambriento y cansado, hoy a nosotros nos ocurre lo mismo.

Pero igual que aquellos doce, no solo nos preocupamos, sino que también caemos en la tentación de justificamos en nuestra incapacidad para resolver. “No tenemos más que cinco panes y dos pescados…” es la respuesta primaria, honesta, genuina, limitada. Y entonces ¿cómo hacemos para darles de comer?

Luego de la compasión y de la auto-justificación, el llamado es a la acción. Se trata pues, de dar respuestas entendiendo bien la situación, sabiendo con qué se cuenta, y a quién y cómo atender.

Escenarios y acciones concretas

Las respuestas a nivel macro de país que se deben emprender frente a la crisis de seguridad alimentaria y nutricional en Venezuela dependen, evidentemente, de los escenarios que se nos presenten.

El primer escenario que nos planteamos es que no se dé ningún cambio en la administración del sistema alimentario venezolano.

  1. Fortalecer las capacidades que actualmente existen (sitios centinelas) para la detección e identificación, así como el manejo temprano de la desnutrición, atendiendo especialmente a la población más vulnerables para protegerla.
  2. Favorecer y aumentar el acceso alimentario que tiene la población más empobrecida a través de subsidios directos vía transferencias monetarias y no necesariamente mediante la apertura de comedores o casas de alimentación, sino otorgándole a la gente la autonomía de poder comprar lo que necesiten (siempre que la oferta alimentaria lo permita).
  3. Fortalecer capacidades humanitarias de las organizaciones dedicadas a la atención de la crisis alimentaria, pero incluso a las demás organizaciones, aunque no sean de corte humanitario, pero realicen actividades y tengan presencia en comunidades vulnerables. Necesitamos trabajar y ampliar el sistema de redes.
  4. Sistematizar y optimizar el papel humanitario de la diáspora, es decir, los aportes humanitarios de todos esos venezolanos que emigraron. Diseñar maneras para que nos puedan ayudar desde otros países.
  5. Optimizar las campañas de información y educación nutricional a la población, enfocándonos en las mejores con los pocos recursos que se cuenta, así como la identificación y reconocimiento de los signos de peligro de desnutrición para el manejo temprano de los casos. No solamente desnutrición aguda, sino también de desnutrición por micronutrientes.
  6. Movilizar asistencia internacional también para la reactivación del sector agrícola nacional.
  7. Emprender programas de pedagogía ciudadana en derechos humanos y riesgos ambientales, para que mantengamos alerta la memoria y la documentación de evidencias de todo el daño que se ha sufrido.

El segundo escenario que nos planteamos es que –más allá de cambios o no en el Gobierno– ocurran cambios en la concepción y administración del sistema alimentario venezolano. Dada la situación de emergencia, se debe comenzar por una fase de socorro (con una duración aproximada de dieciocho meses), enfocada en:

  • Salvar vidas, es decir, en recuperar de la desnutrición.
  • Proteger a los más vulnerables.
  • Reabastecer mercados y aparato productivo: asignación de divisas, levantar controles restrictivos, y reconocer las deudas a este sector.
  • Desmilitarizar el sistema alimentario venezolano.
  • Solicitar recursos internacionales (importaciones extraordinarias para llenar los anaqueles hasta que el sistema productivo nacional pueda dar respuesta).
  • Asistencia alimentaria directa.
  • Acceso a agua segura.
  • Transferencias monetarias focalizadas.
  • Vigilancia epidemiológica.
  • Educación nutricional.
  • No descuidar ni bajar la guardia de la gestión de riesgo ante otras situaciones que pudieran agudizar la crisis.

El llamado que hacemos va pues en dos líneas: lo urgente y lo importante. Urgente es atender a las víctimas, a los sectores más vulnerables, a quienes lo necesitan ¡ya! Este es el principal foco. Pero igualmente debemos ocuparnos de lo importante, es decir, entender y avanzar de manera coordinada, sensible, seria y coherente en la rehabilitación y desarrollo de un sistema alimentario sostenible, fuerte, justo, seguro, que siga el enfoque de una salud integral nacional.

Hoy, sigue siendo más que precisa la respuesta de Jesús a sus apóstoles: “Denles ustedes de comer”, pero entendida no como una acción proselitista, ni clientelar, ni mucho menos de dominio, sino bajo la concepción de la ayuda al prójimo, al igual, al hermano.

El Sistema Alimentario es aquel que más allá de dar de comer, crea los medios y oportunidades para que todos coman.

Caso Zulia: una muestra de la realidad país

“Más del 90 % de los hogares en Cabimas, Lagunillas, Maracaibo y San Francisco adopta estrategias de sobrevivencia para mantener un consumo básico de alimentos”

Vía @Codhez

Maracaibo. – La Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia (Codhez) realizó el segundo sondeo sobre el consumo de alimentos en la región zuliana durante los días 10 al 17 de mayo para conocer la dieta de los zulianos, el consumo diario de alimentos, estrategias para su adquisición, entre otras situaciones relacionadas al acceso a la alimentación durante la cuarentena por COVID-19.

Al contrastar los resultados de este sondeo sobre las estrategias de sobrevivencia con los hábitos de consumo de alimentos, Codhez apunta que las familias de Cabimas, Lagunillas, Maracaibo y San Francisco, tienen graves dificultades para alcanzar cierta diversidad en la dieta a pesar de sus intensos sacrificios, que consisten en adoptar cambios en la calidad de la dieta, racionar las comidas, disminuir el número de personas que pueden comer en casa, o realizar alguna adaptación para lograr el acceso a los alimentos.

Al explorar sobre las estrategias que adoptan las familias de Cabimas para acceder a alimentos, Codhez observa que 89 % sobrepasa el umbral de adaptaciones negativas extremas, mientras que 11 % presenta inseguridad alimentaria. En Lagunillas, 76 % sobrepasa el umbral de adaptaciones negativas extremas, 6 % presenta inseguridad alimentaria, y 18 % está en riesgo de padecerla. En términos generales, ningún hogar en estos municipios estaría en una situación normal.

Por su parte, en Maracaibo 60 % de los hogares sobrepasa el umbral de adaptaciones negativas extremas, mientras que 11 % presenta inseguridad alimentaria, y 20 % está en riesgo de sufrirla. Esto significa, en términos generales, que 91 % de hogares experimenta serias dificultades para acceder a los alimentos, debiendo adoptar estrategias de sobrevivencia para mantener un consumo básico. Apenas 9 % de hogares estaría en una situación normal. En el caso de San Francisco, 70,6 % sobrepasa el umbral de adaptaciones negativas extremas, mientras que 15,7 % presenta inseguridad alimentaria, y 9,8 % está en riesgo de sufrirla. Es decir, 96,1 % de hogares debe adoptar estrategias de sobrevivencia para mantener un consumo básico de alimentos.

Urgen acciones para garantizar el derecho a una alimentación adecuada

Los resultados del sondeo evidencian la fragilidad –en un contexto cada vez más precario– de la economía familiar en los hogares zulianos para afrontar los gastos en alimentos que, además, concurren con los de otras necesidades básicas como el agua potable o medicamentos. En este sentido, es urgente el diseño e implementación de un programa de compensaciones que asegure el derecho a no padecer hambre.

En las circunstancias actuales, más de diez semanas después de haberse decretado el estado de alarma, Codhez reitera que el Estado venezolano debe diseñar e implementar con urgencia un plan que dé respuesta inmediata y eficiente a la inseguridad alimentaria, con particular atención a las poblaciones más vulnerables.

Nota:

Para leer el informe completo consulte el reporte del 10 al 17 de mayo, titulado “Sondeo sobre consumo de alimentos y seguridad alimentaria. Cabimas, Lagunillas, Maracaibo, San Francisco” de la Comisión para los Derechos Humanos del estado Zulia (CODHEZ) (2020).


*Magíster en Estudios políticos y de gobierno. Miembro del Consejo de redacción de la revista SIC. Coordinador general de la Fundación Centro Gumilla.

** Nutricionista. Asesora del Sistema de Monitoreo, Alerta y Atención en Nutrición y Salud (SAMAN) para la protección y supervivencia infantil con Cáritas de Venezuela.

Notas:

  1. “Global report on food crises 2020”. En: https://www.fsinplatform.org/report/global-report-food-crises-2020/

Fuente: Revista SIC 825

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