Son tiempos de temblores y estamos en el epicentro

Foto: archivo WEB

Por Francisco J. Contreras M.

Nada fácil será este año 2019 en el trance de una crisis transicional en el mundo. Por una parte, entre los dos modelos de gobernanza política fundados en la economía de mercado capitalista (democracia deliberativa y autoritarismo con contra balances de poder colegiado); y, por otra, por la insurgencia del populismo como evento más amenazante de erosión política para estilo de gobernanza occidental de la democracia deliberativa.

Lo más grave para los países con gobiernos forajidos, fallidos o con debilidad institucional es que ese enfrentamiento, descarga el peso de la conflictividad y de sus costos sobre las poblaciones más vulnerables sin que ni siquiera ellos tengan conciencia de las razones por las cuales tienen que sufrir con la inmerecida catástrofe.

Las consecuencias de esos enfrentamientos geopolíticos, disrupciones tecnológicas, cambio climático y depredación ambiental no acontecen en Nueva York, Beijín, Miami, Shanghái, Frankfort, Londres, Tokio… se descargan como detritus y basura en los sitios en los cuales esos sucesos -como las grandes placas tectónicas se rozan entre sí- alivian y liberan la energía destructora en sus fronteras: Siria, Nigeria, Irak, Afganistán, Venezuela, Haití, y otros pueblos de escasa conciencia cívica.

La malaventura no es ideológica, es propia de esas sociedades en las cuales las élites cegadas por el populismo no se dan cuenta de la necesidad de un proyecto con sentido de propósito, que libere las fuerzas productivas y ofrezca empoderamiento a las grandes masas de excluidos en una economía de mercado, libre de asimetrías de información, poder discrecional e incentivos perversos, que extraen rentas en favor de los gobernantes y sus aliados. Son tiempos de temblores y estamos en el epicentro.

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