Refrán

Foto: Archivo Web

Por Gonzalo Oliveros

Es uno que utilizamos mucho en Venezuela. “Lo bueno que está la cosa es lo malo que se está poniendo”.

Tenemos tiempo en mi país que las cosas no marchan bien. En lo político, en lo económico, en lo social, en lo humanitario.

Pero en La Habana, donde desde 2004 se adoptan las decisiones venezolanas, eso no ocurría. Sin embargo, las cosas cambian… y ¡cómo!

Este sábado, en la asamblea nacional de ese país, quien funge de presidente de esa isla pero no manda pues hay otro que sí lo hace, reconoció en presencia de este y en el pleno de dicha corporación, que la situación está mal…muy mal. Y empeorará.

No lo dijo expresamente pero lo cierto es que los envíos de petróleo y recursos venezolanos vía triangulación, que desde la época de Chávez les permitieron vivir, tal como en su época se lo facilitaron los que les remitían los soviéticos, no están llegando como antes, lo cual les complica la situación.

Desabastecimiento e inflación. Algo que los venezolanos conocemos bien gracias a las recetas que vienen de esa isla por la genialidad de sus economistas, sus militares y sus adoctrinados venezolanos que desde 1999 han ejercido el poder en Venezuela, aderezadas por las instrucciones de los podemistas españoles, son fenómenos que los cubanos empezarán a ver. Nosotros lo padecimos por decisión de ellos. Cuba los padecerá por respuesta venezolana. Ironías de la vida.

Uno, sin querer queriendo se contenta. No porque al pueblo cubano le vaya mal. No. A ese pueblo le corresponde reaccionar o no. Esa es su decisión. Como lo hacemos los venezolanos.

Me contento porque el que ello ocurra implica que nosotros, aunque no lo parezca, estamos mejorando. Porque las decisiones que se están adoptado desde la Asamblea Nacional presidida por el Ingeniero Guaidó en combinación con los países amigos, están afectando el flujo de caja de quienes usurpan el poder en Venezuela y por ende el de los cubanos. Y sí ellos allá afirman que su situación empeorará quiere decir que la nuestra mejorará.

No sé cuándo terminará esta pesadilla que tiene a familias venezolanas regadas por el mundo, a presos en celdas o en casas y a exilados por doquier. No lo sé.

Sí estoy convencido que más pronto que tarde retornaremos quienes debemos y queremos hacerlo. Que reconstruiremos el país y haremos nuevamente, una Gran Venezuela. Para orgullo nuestro y tranquilidad internacional.

Cada día, un día menos. ¡Vamos bien!

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