Rafael Luciani: “La reforma de la Iglesia no es una reestructuración corporativa”

               Por José Beltrán /Vida Nueva Digital

Rafael Luciani, Teólogo

Rafael Luciani, Teólogo

Aterrizar el pensamiento del Papa Francisco y su propuesta de conversión misionera para la Iglesia. Este es el empeño del teólogo laico venezolano, Rafael Luciani, a través de la formación que ofrece desde el Boston Collegue como coordinador del Proyecto Iberoamericano de Teología. “Ya contamos con más de 20.000 personas que han pasado por nuestros cursos”, expone a Nueva Nueva el profesor titular de la venezolana Universidad Católica Andrés Bello. El también perito del CELAM está convencido de que el nuevo curso online y gratuito sobre ‘Las mujeres en la Iglesia’  logrará que “cambiemos esa mentalidad patriarcal y machista de una Iglesia que se niega a asumir en serio y con todas las consecuencias la eclesiología del Pueblo de Dios del Concilio Vaticano II”. En esta línea, considera que “nos ayudará a caminar hacia una Iglesia cada vez más sinodal y corresponsable por el bien de la misión evangelizadora”.

PREGUNTA.– La Escuela de Teología del Boston College ha elaborado un amplio programa que incluye cursos que abordan desde el papel de las mujeres en la Iglesia hasta Amoris Laetitia, pasando por los aspectos y teológicos de Francisco. ¿Cual de estos tres aspectos urge abordar más en profundidad hoy en la Iglesia?

RESPUESTA.- Los jesuitas del Boston College han apostado por la formación teológica online y gratuita en español. Es un proyecto que se hace en colaboración con Universidades jesuitas y otras instituciones académicas de gran prestigio a nivel internacional. La intención es apoyar al proceso de reforma de las mentalidades que el Papa Francisco ha invitado a seguir desde el inicio de su pontificado. Por ello, estos cursos, si vemos bien los temas que se han abordado, tocan aspectos fundamentales de una mentalidad eclesial que debe cambiar y renovarse. El discernimiento, la eclesiología del pueblo de Dios y la participación en la Iglesia, han sido parte de los temas que se han ofrecido. Este nuevo curso sobre la participación de las mujeres en la Iglesia busca aportar una reflexión seria y bien fundamentada —desde la tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio— sobre el rol de la mujer en la Iglesia y la necesidad de repensar su liderazgo y autoridad en las estructuras eclesiales actuales.

P.- ¿Qué le diría a quienes siguen cuestionando hoy el peso teológico del Pontificado de Francisco?

R.- En Francisco se encuentra el rostro de una Iglesia latinoamericana que pasó de ser Iglesia reflejo (de Roma) a una Iglesia fuente, que ha inspirado no sólo a la realidad eclesial de nuestra región, sino a toda la Iglesia universal. Esto se aprecia con mucha claridad en el pontificado de Pablo VI. Recordemos que la Populorum Progressio seescribe con una clara intención de aportar a los problemas del entonces llamado tercer mundo. Categorías que aparecieron como desarrollo integral o promoción humana inspiraron a la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano reunido en Medellín, en 1968. A su vez, Medellín inspiró a Pablo VI, quien integró en la Evangelii Nuntiandi la noción de liberación en relación a los procesos de evangelización. Hoy en día, con Francisco, vemos de nuevo como existe esta circularidad entre el aporte de la Iglesia en América Latina y el magisterio de la Iglesia Universal. Esto se aprecia en la relaciónque existe entre la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano reunido en Aparecida, en 2007, y la Evangelii Gaudium del Papa Francisco. En ambos pontificados se hizo una clara opción por lo pobres y, desde ahí, se pensó en reformar las mentalidades para poder llegar a una reforma de las estructuras.

Los que cuestionan al Papa Francisco hoy, realmente no están cuestionando a su pontificado, sino que se manifiestan en contra del Concilio Vaticano II, no aceptan la centralidad de laeclesiología del Pueblo de Dios que invierte la tradicional pirámide eclesial preconciliar. Esta pirámide comenzaba por el Papa y luego descendía hasta llegar a los laicos, mientras que el Concilio propone un modelo eclesial en el que todos y todas somos pueblo de Dios y caminamos juntos a partir de la base. El Papa, los obispos, el clero, los religiosos, los laicos. Todos y todas con igual dignidad bautismal y, por tanto, sujetos activos en la misión de la Iglesia. Este cambio o giro que trae el Concilio es a lo que hoy se oponen quienes critican al Papa Francisco y al próximo Sínodo para la Amazonía.

P.-Si tuviera que elegir solo una palabra, ¿cuál definiría el pensamiento teológico del papa Francisco?

R.- Diría que el discernimiento porque eso implica un trabajo de ver la realidad, escuchar a las personas, reflexionar sobre los acontecimientos que afectan la construcción del bien común y tomar decisiones que respondan a la misión de la Iglesia en esta época. De ahí que Francisco ve que hoy los migrantes son los nuevos rostros de la pobreza, fruto de la exclusión global y de un modelo económico que fracasó y no produce un bienestar común. A través de sus viajes apostólicos ha escogido lugares precisos donde escuchar a estas voces sufrientes, a estos nuevos crucificados de nuestra historia. Y esto lo ha llevado a tomar decisiones, no siempre fáciles, tanto en lo pastoral como el lo geopolítico, que acompañan y definen a la misión de la Iglesia hoy como constructora de puentes y diálogo.

P.-Sobre la cuestión de las mujeres, hay quien sigue considerando un peligro que piensen, que hablen o que investiguen, porque eso implica que van a pedir más en la Iglesia…

R.-Lo primero que habría que decir es que quien no cree en la participación de las mujeresen la estructura Iglesia, no cree tampoco en la dignidad por igual que brota del sacerdocio común de todos los bautizados. Cada persona en la Iglesia es sujeto, y no objeto, y tiene que tener un lugar y un espacio reconocido con autoridad en la estructura eclesial. No es suficiente una reforma de las mentalidades que no venga acompañada de un cambio en las estructuras. Esto significa que las mujeres, aún cuando están presentes en ciertas áreas pastorales de la Iglesia, aún no son reconocidas en los procesos de discernimiento y toma de decisiones que se dan en los altos cargos en la Iglesia. Esto tiene que cambiar si hablamos de una reforma inspirada en la sinodalidad porque, de otro modo, estaríamos negando la autoridad del sacerdocio común y otorgando una supremacía al sacerdocio ministerial o presbiterado, lo cual, como dice Francisco, ha desembocado en una crisis tremenda de clericalismo y abuso de poder.

Aunque me extienda un poco, quisiera citar las palabras de monseñor Joseph De Smedt durante las discusiones conciliares, pues siguen siendo actuales para quienes se oponen a Francisco y a la eclesiología del Pueblo de Dios que asume el Concilio Vaticano II como central. En ellas encontramos lo que hoy está en juego en el actual proceso de reformas y la verdadera razón que está detrás en quienes se oponen al actual pontificado. Decía De Smedt a los padres conciliares: “Ustedes están familiarizados con la pirámide: papa, obispos, sacerdotes, cada uno de ellos responsables; ellos enseñan, santifican y gobiernan con la debida autoridad. Luego, en la base, el pueblo cristiano, más que todo receptivo, y de una manera que concuerda con el lugar que parecen ocupar en la Iglesia … [Sin embargo] en el Pueblo de Dios, todos estamos unidos los unos con los otros, y tenemos las mismas leyes y deberes fundamentales. Todos participamos del sacerdocio real del pueblo de Dios. El Papa es uno de los fieles: obispos, sacerdotes, laicos, religiosos, todos somos [los] fieles … Debemos tener cuidado [por lo tanto] al hablar sobre la Iglesia para no caer en un cierto jerarquismo, clericalismo, y obispolatría o papolatría. Lo que viene primero es el Pueblo de Dios”.

P.- ¿Está la Iglesia preparada para que esa mitad del Pueblo de Dios exija, sin más pretensiones, el lugar que se merece?

R.-Si somos fieles al significado de Pueblo de Dios para el Concilio, hay que decir que una parte de ese pueblo de Dios, conformado por obispos, clero, religiosos y laicos, aún no está preparado. Pero en toda reforma siempre se vive un período de transición, lo cual supone crisis, pero también crecimiento. La reforma de la Iglesia no se puede mirar como una simple reestructuración corporativa. Estamos pasando de mil años de la existencia de la reforma gregoriana y hemos entrado en una nueva etapa eclesial que abrió el Concilio Vaticano II, y cuyas consecuencias apenas están iniciando. Por ello, cuando decimos que es fundamental una reforma de las mentalidades nos referimos a ese ámbito en el que la conversión al otro y a la otra es una condición indispensable para cualquier reforma de las estructuras. Pero una conversión inspirada en un modelo eclesiológico concreto, el del Pueblo de Dios, como se propone en la Lumen Gentium.De otro modo, como recordaba al citar las palabras de Mons. De Smedt, seguiremos profundizando los grandes males de la actual cultura eclesial que nos han llevado a la crisis que vivimos, como son: “el jerarquismo, el clericalismo, la obispolatría y lapapolatría“.

P.- Tiene entre manos un ambicioso proyecto de trabajo en común de todas las facultades de teología iberoamericanas. ¿Qué aire fresco pueden aportar hoy a la Iglesia universal?

R.- Estos cursos de formación teológica masiva —online y gratuita— son parte de las iniciativas que se llevan acabo bajo el Proyecto Iberoamericano de Teología. Queremos crear puentes entre Facultades de Teología e Instituciones que se dedican a la reflexión teológico-pastoral. Pero, a la vez, queremos llegar con nuestras propuestas a personas que no tienen acceso a una formación académica, en lo teológico y pastoral, ya sea por tiempo, porque no viven cerca de un centro de estudio, o por los costos económicos que este tipo de formación significa. Nuestros cursos son ofrecidos por los más prestigiosos teólogos y teólogas de América Latina, España y la comunidad latina en Norteamérica. Además, son gratuitos y de fácil acceso, y vienen avalados por instituciones de gran reconocimiento internacional.

P.-¿Cree que los pensadores eclesiales europeos siguen mirando de reojo y con cierto recelo a los teólogos americanos?

R.- Siempre hay quienes tienen esa actitud. Sin embargo, el Grupo Iberoamericano de Teología ha ido construyendo un camino que indica todo lo contrario. Uno que habla de la posibilidad real de trabajar juntos y aprender los unos de los otros desde nuestras distintas culturas y realidades eclesiales. Este año, de hecho, tuvimos dos encuentrosde trabajo sobre la sinodalidad. Uno en Puebla y otro en Madrid. No sólo estuvieron presentes eclesiólogos/as y canonistas de las Facultades de Teología latinoamericanas, sino también de casi todas las de España. Fue muestra de que ya no nos miramos con recelo. La teología latinoamericana es hoy universal. Su método, su espíritu, su opción por los pobres, son hoy parte esencial del magisterio y de la teología en cualquier parte del mundo. Es lo que llamamos el paso de una Iglesia reflejo a otra fuente, a partir de la Conferencia de Medellín en 1968.

Este camino y diálogo emprendido se puede ver en la web dedicada al proyecto: https://www.bc.edu/content/bc-web/schools/stm/sites/formacion-continua/proyecto-iberoamericano-de-teologia0.html

 

 

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