¿Por qué celebrar la esperanza?

Por Alfredo Infante  s.j.

El sábado 30 de noviembre, víspera del primer domingo de Adviento, la iglesia de Caracas se congrega en la parroquia de La Chiquinquirá, en la Florida, a las 9.30 de la mañana, para celebrar la  2da. Misa de la esperanza.

¿Por qué celebramos la esperanza? La esperanza no es optimismo. El optimismo es una actitud  psicológica positiva, lo que en el lenguaje de la literatura de autoayuda llaman “mente positiva”. El optimista tiene la capacidad de ver lo bueno y bonito de las cosas, pero tiene la tentación de encapsularse en su mente para protegerse, y, muchas veces, huye hacia adelante de los conflictos y las adversidades propias de la vida, sin afrontar la realidad.

La esperanza, por el contrario, es una virtud teologal, va más allá del talante psicológico de la persona, lo trasciende. La esperanza es una fuerza que viene de Dios y, si abrimos nuestro corazón y nos dejamos configurar por ella, nos hace crecer en medio de la adversidad, nos hace virtuosos, y, desde la fe, nos impulsa a discernir los signos de los tiempos y abrir la historia.

El optimismo tiene la fragilidad de nuestra psicología, es quebradizo. La esperanza, por el contrario, transfigura nuestra fragilidad en los momentos más adversos, es una fuerza interior, espiritual, que experimentamos más adentro de nuestra propia intimidad, porque tiene que ver, como decía San Agustín, con la presencia del espíritu de Dios. Es esa fuerza que nos trasciende desde dentro, la que le llevó a decir a Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”.(Rom 8, 35-39).

Adviento es tiempo de esperanza. Esperamos al Emmanuel, al Dios con nosotros, pero no es una espera pasiva sino paciente, y la paciencia se labra en la entrega y trabajo constante por lo que creemos. Somos conscientes de que nuestro país se merece un mejor destino, que Dios bendice nuestros esfuerzos, y si despertamos, nos organizamos, luchamos pacíficamente construiremos la Venezuela justa y fraterna.

El mensaje de esta segunda Misa de la Esperanza es “Ya es hora. Despierta. La salvación está cerca”. Que este encuentro eucarístico, en medio de esta “emergencia humanitaria compleja” que vivimos los venezolanos y que amenaza nuestra vida, sea un momento oportuno para fortalecernos, y ser, fermento en la masa, signos de esperanza.

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