Mujabarat I

Foto: Archivo Web

Por Noel Álvarez 

En días pasados, sostuve una preocupante conversación con un amigo empresario, oriundo del Medio Oriente. Me contó sobre la función que cumplen los servicios de información secretos en algunos países del mundo árabe. Enfatizó sobre la palabra “Mujabarat”. Con este vocablo árabe se identifica a los departamentos de policía secretos que se utilizan para imponer el terror estatal.

En el lenguaje popular, cualquier organización de policía secreta se le da ese nombre y cumplen funciones de exterminio político, moral y en especial, la eliminación física de los calificados como traidores por no ser nacionalistas.

Lo que se desprende de esta realidad, que me cuenta el amigo, es que estos regímenes en cuestión, no solo desconocen la existencia de quienes se les oponen, sino que además trabajan para aniquilarlos, moral o físicamente, utilizando para ello, todas las opciones que tienen sobre la mesa. Puede que un régimen autócrata no mate a todos, ni encarcele a todos, ni torture a todos, ni mande al exilio a todos, como le pasó a mi amigo que fue torturado y logró escapar por trochas, pero otros no corren con esa suerte, porque son utilizados como carne de cañón para demostrarle a la mayoría de la población que su turno está cerca, y que su vida, es solo una excepción a la muerte.

Reflexiona mi interlocutor: “¡Cuántas veces han sido los aparatos terroristas del Mujabarat el instrumento activo del desmembramiento de los grupos políticos independientes con todo lo que ello conlleva desde detenciones a torturas, encarcelamiento y continuas presiones!  Ciertamente, agrega, han logrado acabar por completo con los partidos políticos o los han devuelto a lo que parecen pequeñas plantas del desierto, que apenas pueden mantenerse vivas teniendo que pagar el precio de la pequeñez”.

“Sin embargo, la exterminación política puede también manifestarse como la domesticación de algunos partidos, sin llegar a anular su existencia como tal, pero anulando su independencia y capacidad para tomar iniciativas. Existe una forma intermedia de exterminación política que se manifiesta en el abandono de algunos partidos “opositores” a los que se da libertad para mostrar su interior al régimen, pero sin enfrentarse a él en nada. Esto mismo le pasó a los intelectuales y a uno que otro francotirador que quiso jugar papeles públicos independientes”, agrega tristemente mi amigo.

“El resultado de esta estrategia fue el silencio de los opositores, limitándose a hacer declaraciones intrascendentes, o incluso, el verse obligados a vivir fuera del país, pero con sustanciosos negocios con algún régimen. Y nuevamente se interroga el amigo “¿Fueron libres allí? e inmediatamente se responde: La libertad no tiene valor fuera del lugar al que uno pertenece, la tierra de la lucha por la que se lucha, uno no es feliz con ella, si no es fruto de dicha lucha. Más que al exterminio político, las sociedades que padecen estas calamidades, se han visto expuestas a un exterminio moral. Las aniquilaciones políticas y morales se intensifican en la geografía de quienes se sienten dueños del mundo y las guerras parecen perpetuarse. Ese es el caso del continente de donde procedo. Los mandatarios quieren ser eternos”.

“Es el caso de los presos políticos, que cada régimen dictatorial se afana, a conciencia. en humillar, no permitiéndoles su libertad si no es a costa de su dignidad. En una dictadura feroz de las que gobiernan en Asia y África, no queda hueso sano de dirigente político. Casi todos han pasado por alguna de las muchas sedes del Mujabarat.

El universo de los mayores de edad de un país con pocos millones de habitantes, puede haber pasado negociando para convertirse en soplones a cambio de que sus asuntos legales sean agilizados o para obtener prerrogativas, o simplemente para evitar un castigo arbitrario y cruel”.

Todavía impresionado por el tema de la conversación, recordé haber leído una frase pronunciada por el escritor ruso Fiodor Dostoyevski: «A veces hablan sobre la brutalidad animal del ser humano, pero es terriblemente injusto e insultante para las fieras; un animal nunca podrá ser tan cruel como el ser humano, nunca tan artísticamente cruel».

Esta reflexión refleja palmariamente las acciones a que recurren las policías secretas en países gobernados por comunistas y dictadores, los cuales, se valen de brutales métodos de torturas y asesinatos para acallar el rechazo que despiertan, entre la ciudadanía, sus políticas violentas. Paradójicamente, Mujabarat, es una palabra nacida en la India antes de Cristo para designar una serie de poemas dedicados al amor y a la paz, pero en el camino, su sentido fue tergiversado por los tiranos.

Este artículo tendrá una segunda parte.

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