La reelección indefinida, un golpe a la democracia en Bolivia

Por Carlos Torrealba

La alternabilidad es fundamental para un sistema democrático sano porque permite poner límites a los abusos del poder, facilita la fiscalización, el control y la transparencia de la gestión pública.

El que una persona, partido o proyecto político persista en el poder atrae serios peligros. Uno es que permite concentrar de forma paulatina el control de las instituciones y funciones del Estado; lo que implica, a su vez, el riesgo de que sean utilizadas para beneficio propio.

Cuando se impone, por ejemplo, la figura de la «reelección indefinida» con algún tipo de maniobra constitucional, sin garantizar el principio de alternancia en el poder, la democracia queda seriamente debilitada y entra en un proceso de decadencia.

La crisis de Bolivia tiene como uno de sus trasfondos las reelecciones de Evo Morales, quien gobierna desde enero de 2006.

La Constitución Boliviana dispone que solo dos mandatos presidenciales continuos son permitidos, pero Evo Morales estaba por concluir el tercero por maniobras previas.

Con la elección del 20 de octubre ya iba por su cuarto mandato que le habría permitido gobernar hasta 2025.

Evo Morales para poder habilitarse como candidato presidencial tuvo que cobijarse en fallos del Tribunal Constitucional y en reconocimiento del Tribunal Supremo Electoral, ambas instituciones afines al gobierno.

Según analistas bolivianos, la crisis política en Bolivia se veía venir desde el mismo momento que Evo Morales planteo su reelección presidencial para un cuarto período. Sin embargo, lo que estos analistas no vaticinaban era el desenlace que está teniendo la crisis política aún en desarrollo.

 

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