La guerra de los cuentos

Foto: Archivo Web

Por Jean Pierre Wyssenbach 

Una cosa son las cosas como son. Y otra cosa son las cosas como las cuentan.

Y tenemos un gobierno sumamente inteligente para contar las cosas como ellos quieren.

Por ejemplo, los apagones son causados por la falta de mantenimiento del sistema eléctrico. Ellos lo saben. Es un gran fracaso de su ineficacia.

Pero ellos lo transforman en un éxito político. Le mienten a la población, diciéndole que es fruto de un saboteo de Trump, del Imperio, de la oposición, de Guaidó.

Y lo utilizan para atizar el odio. Hipócritamente se lamentan de cómo es posible que la gente de oposición sea capaz de quitar la electricidad, con lo que no pueden funcionar los aparatos de diálisis, con lo que están condenando a muerte a sus propios familiares. No tienen corazón. No quieren a la patria.

Y al pueblo, que agacha la cabeza y no pueden hacer nada ni reaccionar, lo halagan felicitándoles por “su valentía, su coraje”.

En una “guarimba” en Barcelona llevaron tres cajas, con plata, ron y drogas, para que su gente se infiltrara entre la oposición, para hacer desastres y provocar enfrentamientos. Y luego acusan a la oposición de hacer lo que han hecho los suyos.

Cierran las calles alrededor de la casa de Roberto Marrero para que no haya testigos. Irrumpen en la casa. Le siembran todas las armas que les da la gana. Y lo acusan de formar parte de una célula terrorista.

Se les va la mano en las torturas a Fernando Albán. Lo matan. Lo lanzan por la ventana. Y lo acusan de suicidio.

Niegan el papel a todos los periódicos que no se les arrodillan. Roban o compran los canales de televisión que no se les someten. No quieren permitir que nadie cuente las cosas como son, sino como cuentan ellos.

Organizan unas elecciones de una asamblea nacional y que constituyente con un récord mundial de trampas. Y lo presentan como unas elecciones limpias. Organizan fuera de tiempo unas elecciones presidenciales en las que inhabilitan a todos los candidatos y partidos que les da la gana. Y las presentan como unas elecciones limpias.

Está muy difícil la guerra de las cosas como son. Pero quizá podemos hacer algo en la guerra de los cuentos. Quizá podemos encontrar la forma de participar en la guerra de los cuentos. Contando las cosas como en realidad son. Descubriendo sus mentiras. A ellos no les duele que los delitos sucedan. Les duele que se sepan.

Nuestra tarea es descubrir cuál puede ser el nuevo camino para que la verdad llegue a millones de venezolanos buena gente, a los que los tienen engañados. Empezando quizá por las redes sociales. Pero buscando el camino para los venezolanos que no tienen acceso a ellas.

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