La comunidad internacional no es un fetiche

Por Adriana Morán

 

El duro golpe propinado al autoritario de Miraflores y su entorno por el informe Bachelet, es un ejemplo claro de cooperación entre el ámbito internacional y el nacional. La Alta Comisionada de las Naciones Unidas hizo un trabajo que no fue solo el resultado de su visita de dos días, sino el de miles de víctimas organizadas dentro del país por activistas en defensa de derechos humanos que trabajaron de forma valiente y sostenida para presentar ante el organismo internacional representado en su persona testimonios fidedignos y con suficiente respaldo. Aún con el inmenso compromiso demostrado por Bachelet, sin el testimonio directo de esas víctimas y sin la organización de muchos para sacar a la luz lo que desde el poder quieren esconder, ese informe no hubiera sido posible.

Del mismo modo, sin organizar la lucha política interna por esas elecciones libres a las que aspiramos, poco podrán hacer quienes están decididos a apoyarla desde afuera. La comunidad internacional no es un fetiche. Un amuleto al que se le pueda pedir, exigir o incluso rogar por ayuda si aquí dentro no tenemos la capacidad de ponernos de acuerdo para ir en una misma dirección. Tenemos mucho tiempo caminando sobre vidrios rotos. Tenemos heridas para demostrarlo. Pero de nada nos servirá exhibir ante el mundo esas heridas si de este duro tránsito no hemos aprendido nada.

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