La angustia e impotencia de vivir los apagones desde afuera

A Mario el primer apagón nacional que se produjo el 7 de marzo lo agarró llegando a Estados Unidos. Es un veterano periodista que decidió emigrar este año en busca de oportunidades que le permita sacar a su familia del país en medio de la crisis económica, política y social que vive.

Ahora, cuando la crisis eléctrica venezolano ha llegado a un punto sin precedentes, afirma que “no es fácil” para él como padre de familia estar lejos de su esposa y tres hijos en edad de primaria.

“Llegué en medio del primer apagón y tenía la esperanza de que iba a volver la luz, pero cuando iban pasando las horas y los días me entró una sensación de estrés bastante fuerte de pensar en las consecuencias a futuro: si la luz no vuelve, como ocurrió, la comida se iba a dañar, entonces cómo iba a hacer mi familia”, cuenta. “Esas preguntas te pasan por la cabeza, más cuando eres jefe de familia”.

Mario es del Zulia –específicamente de Maracaibo– donde la situación parece ser peor que en cualquier otra entidad de la nación, con diversas zonas donde se reportan hasta ocho días continuos de apagón. Confiesa que ha sentido depresión por no estar cerca de sus seres queridos para “acobijar”.

“Particularmente me he sentido deprimido porque viene la sensación de querer estar ahí para abrigar, acobijar, para animar”, comenta. “Aunque uno puede comunicarse, no es lo mismo”.

“Mi esposa me dijo durante el segundo apagón que no pudo comprar comida; eso me puso mal, mal, mal, hasta un punto en que casi me quiebro al no poder hacer nada. Lo primero que te pasa por la mente es montarte en un avión y regresarte y meterte de nuevo en la candela”, dice Mario…

Fuente: Radio Fe y Alegría Noticias 

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