Gremios y sindicatos en conflicto

Foto: Luis Morillo

El mes de octubre cierra con una alta volatilidad. Desde los diferentes gremios y sindicatos del país comienzan a darse reclamos por aumentos salariales, mejores condiciones laborales y discusión por nuevos contratos colectivos. En este último caso, llama la atención cómo los representantes del Estado llevan años sin realizar dichas negociaciones con los líderes profesionales y obreros de las diferentes áreas. Hoy los sectores que han escalado más en el conflicto son el de educación y salud

No ha comenzado del todo el nuevo año escolar y los docentes comienzan a reclamar lo que por derecho consideran justo: un aumento de sueldo y mejores condiciones laborales. Desde hace años el gremio no ha tenido una discusión con el Ministerio de Educación sobre la contratación colectiva, lo que ha llevado a dejar rezagada la escala salarial de los diferentes profesionales que hacen vida en las escuelas y liceos del país.

Incluso los docentes han denunciado la violación de la Convención colectiva vigente. Ellos no solo pelean por sus derechos laborales, también lo hacen por el de los estudiantes, para que tengan un ambiente adecuado y puedan desarrollarse académicamente. En la actualidad, la infraestructura de las instalaciones educativas se encuentra en un estado de constante deterioro, producto de la falta de mantenimiento por parte de las autoridades.

Las calamidades de la educación venezolana son muchas, la lista se hace cada día más interminable. No es solo el salario de los profesores o el estado de las escuelas, también es la falta del Programa de Alimentación Escolar, la ausencia de transporte y la casi inexistencia de servicios tan básicos como la luz y el agua. Todo esto propicia la deserción escolar y la renuncia del personal obrero, administrativo y docente en las instituciones.

El ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, “se encuentra aislado u ocupándose de las actividades de la vicepresidencia del Área Social”, manifiestan los docentes. El ministro les ha prometido mejorar sus condiciones de vida “con una caja del CLAP”, cosa rechazada abiertamente por ellos, ya que exigen que se converse de manera franca sobre la situación que padecen, incluso exhortando al propio Istúriz a que entienda dicho problema ya que, en el pasado, él mismo luchó por los derechos laborales de los docentes.

Al día de hoy los maestros han tenido dos jornadas de conflicto: un paro de 24 horas y otro de 48; llama la atención que durante dichas jornadas se sumaron los profesores universitarios, algunas escuelas privadas y subsidiadas, que también han sido golpeadas por la crisis.

Según la Federación Venezolana de Maestros hay un 20 % de renuncias del personal docente; un número alarmante, más cuando no se cuenta con el personal calificado para suplir dichas ausencias. En algunos casos, a un profesor le toca atender más estudiantes; en otros, se suple la falta con algún padre, madre o representante y, en el peor de todos: se tienen que utilizar a los conocidos docentes exprés, con una formación mínima y poca preparación para estar dentro de un aula de clases. Una verdadera tragedia.

Los docentes esperan que sus demandas sean atendidas y se cumplan las cláusulas de una nueva contratación colectiva, ya que ellos consideran que un salario de Bs. 150 mil es insuficiente para cubrir sus necesidades y la de sus familiares. Evidentemente, muchos siguen en su trabajo por convicción, pero otros comienzan a buscar distintas fuentes de ingreso para poder sobrevivir en un país que ellos desconocen.

Salud en terapia intensiva

Otro gremio que se ha declarado en pie de lucha es el de la salud. Médicos, enfermeras, personal administrativo y obrero se encuentran reclamando también mejoras laborales: desde un aumento significativo de los salarios, hasta mejoramiento de la infraestructura de hospitales y centros de salud. El Estado esquiva el bulto de su responsabilidad alegando que la crítica situación del área se debe al bloqueo que han impuesto desde el imperio pero, los gremios y sindicatos de la salud afirman que dichos problemas son de vieja data.

Médicos y enfermeras reclaman que todos los días mueren de mengua los pacientes. “No hay los insumos para atenderlos adecuadamente”, denuncian. Cosas tan sencillas como una curita, algodón o alcohol, no hay en los hospitales, los pacientes tienen que correr con los gastos de esos insumos. Si lo que padecen no es de preocupación, pueden ir a sus casas a recuperarse, siguiendo las indicaciones médicas. Aun así, peor suerte corren quienes tienen enfermedades graves; en estos casos, esto es una sentencia de muerte. Se ha perdido la cuenta de las personas que han fallecido por falta de tratamiento. Los más emblemáticos son los pacientes del J.M. de los Ríos que, a pesar de contar con medidas de protección por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, siguen abandonados a su suerte por parte de las autoridades.

El conflicto de la salud sigue escalando, desde el Ministerio de Salud no dan respuesta a la situación. Los diferentes gremios y sindicatos han dicho que un salario adecuado para poder tener una vida digna debe rondar los seiscientos dólares. Las protestas continuarán y crecerán mientras no tengan una respuesta desde el Gobierno nacional.

No hay agua, ni luz

Los servicios básicos en Venezuela se están convirtiendo en un privilegio y no un derecho. En muchas partes del territorio se denuncia, y hasta se protesta, porque a los hogares no llega el agua ni la luz, lo que disminuye la calidad de vida de millones y afecta el desenvolvimiento de las diferentes actividades que contribuyen al desarrollo económico de la sociedad. Si en un colegio no hay agua ni luz, se deja de impartir clases; si un centro de salud no recibe esos servicios, no puede atender a sus pacientes; una empresa que depende de energía eléctrica tiene perdidas cuando no le llega la luz y, en muchos casos, tiene que prescindir de una parte de su personal, para no correr el riesgo de cerrar definitivamente.

Desde los primeros apagones que ocurrieron entre febrero y marzo, sumado al racionamiento eléctrico, se ha visto un efecto dominó en el país: Empresas a media máquina, escuelas y universidades suspendiendo clases, comercios cerrados y ciudades y poblados convirtiéndose en espacios fantasmas… Venezuela va muriendo lentamente ante un Gobierno al que parece no importarle la situación de sus ciudadanos. Aun cuando la región capital no se ha visto tan afectada por la crisis en este servicio, ya en algunas zonas de Caracas se comienzan a notar fallas eléctricas recurrentes.

La calamidad que sí viven sus habitantes es la falta de agua. En algunas zonas llevan meses sin recibir el vital líquido, lo que obliga a la gente a cargar pimpinas cerro arriba para poder tener “algo de agua” en sus hogares.

 

Colapso del Metro de Caracas

Lo que hace años, era el sistema subterráneo envidia de los países del primer mundo, hoy ha entrado en una etapa caótica. Falta de trenes –y los que hay no tienen aire acondicionado–, estaciones con poca iluminación y limpieza, escaleras mecánicas fuera de servicio, falta de personal, aumento de la mendicidad y la buhonería…, son solo algunos de los problemas que viven los venezolanos día a día en el Metro de Caracas.

Ya es común ver, a diario, un retraso, o un tren que tiene que ser desalojado por un problema técnico, eso sin contar cuando hay falla de luz, lo que precipita que el sistema tenga que cerrar y los caraqueños se vean obligados a caminar hasta su destino, ya que también escasea el transporte urbano.

Caracas comienza a vivir las penurias de la crisis de los servicios, el Metro es una muestra clara de ello. Los usuarios extrañan esa época cuando llegaban a su destino en un tiempo récord, con un personal calificado que comprendía la importancia del servicio de calidad que prestaban a millones de caraqueños.

Conflictividad social en aumento

Según los datos del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, en lo que va de 2019, se han desarrollado casi trece mil protestas en el país, lo que equivale a un aproximado de 43 diarias. Los temas sociales son los más emblemáticos, la gente ve la ausencia de los servicios básicos como un motivo válido para salir a la calle a reclamar sus derechos.

En los últimos meses las exigencias políticas se han reducido significativamente ya que el ciudadano necesita reclamar ante la falta de agua, luz, gas, transporte, aseo urbano, entre muchos otros. Se destaca que la zona con mayor cantidad de protestas es la región capital, es decir, el Distrito Capital y el estado Miranda. Aun cuando en el interior del país se ha ido desarrollando una espiral de protestas, los números no son tan altos. Los estados con mayor índice son Zulia, Táchira y Anzoátegui.

Dolarización fáctica

El bolívar como moneda ha ido perdiendo fuerza y hasta vigencia, en cualquier comercio de nuestras ciudades principales se realizan compras con dólares. Cualquier transacción, por muy básica que sea, conlleva el intercambio en divisas.

Dependiendo de la zona se ve el manejo de una moneda extranjera, más que otra. Por ejemplo: en la zona fronteriza con Colombia se maneja el peso como moneda de curso para la compra y venta de cualquier producto o servicio, caso contrario ocurre al sur del estado Bolívar, donde el real es una moneda de intercambio.

Nuestra moneda, que durante gran parte del siglo XX fue una de las más estables del mundo –incluso compitiendo con monedas como el marco suizo– ya no vale nada, ni siquiera dentro del territorio nacional. Pudiera afirmarse que este tipo de situación solo ocurre en zonas pudientes, pero la realidad es que el intercambio en divisas está ocurriendo también en zonas populares de Venezuela.

Durante esta etapa histórica, se han vivido dos procesos de reconversión monetaria: la primera fue en el 2008, cuando comenzó el denominado bolívar fuerte, después en el 2018 pasamos al bolívar soberano. Ambos mecanismos, incluida la denominación original de Guzmán Blanco del año 1879, han quedado pulverizados producto de las desacertadas políticas económicas y la hiperinflación incontrolable.

La economía es una materia raspada para el Gobierno que no ha logrado frenar la crisis y no ha evitado que la calidad de vida de millones desmejore. La previsión no ha sido su fuerte, dependió tanto de la renta petrolera, que no supo cuidar a “la gallina de los huevos de oro”, hoy en estado crítico y sin esperanzas de que pueda sobrevivir para el final de este período histórico.

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