Del Orinoco al Tíber: Apuntes del Sínodo Amazónico

Equipo Amazonía Casa Común en una de las actividades de calle frente a la Iglesia Santa María in Traspontina. Foto: Minerva Vitti Rodríguez

Del 22 al 27 de octubre de 2019 tuve la oportunidad de asistir a la cobertura del Sínodo de la Amazonía, realizado en Ciudad del Vaticano. Eran los últimos días de un encuentro que duró tres semanas. Durante estas jornadas me encontré con las mujeres indígenas que continúan luchando en sus comunidades; los obispos venezolanos insertos en nuestra Amazonía; las víctimas de los proyectos extractivistas; pero, sobre todo, pude sentir el mensaje contundente de un papa Francisco cercano y diáfano: o salvamos la Amazonía, o salvamos la Amazonía. Lo que sigue son algunos apuntes de aquellos días

 Minerva Vitti Rodríguez*

No existe otra experiencia en la historia de la Iglesia católica donde un Papa convoque a los pueblos indígenas, habitantes originarios de la Amazonía, a un Sínodo, para que estén en sus discusiones internas, den propuestas y eleven su voz. Pero este encuentro no comenzó en Ciudad del Vaticano, sino que va más atrás, cuando el papa Francisco viajó desde el centro hasta la periferia. Estamos hablando de enero de 2018, en Puerto Maldonado, Perú. De aquellos días una imagen poderosa: Yesika Patiachi, indígena Harakbut, leyendo un documento que contiene los principales clamores de los pueblos de la Amazonía, una región donde hay 3 millones de indígenas y 31 millones más de habitantes.

Durante mucho tiempo los ricos recursos de esta región, de 7 millones de kilómetros cuadrados que se extiende a 9 países: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana Francesa, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela, han sido explotados por las industrias extractivas – petróleo, gas, madera, oro – y por la cría de ganado y agroempresas.

La construcción de infraestructura a gran escala ha desplazado o aniquilado a comunidades indígenas, dañando su ecosistema, sus economías y sus culturas ancestrales. Rara vez se les consulta y tienen muy poco poder en las negociaciones[1].

Transcurrieron casi dos años desde Puerto Maldonado, y en octubre de 2019 se realizó el Sínodo titulado: “Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral”. En Ciudad del Vaticano, se reunieron aproximadamente 283 personas entre obispos,  jefes de dicasterios de la curia romana, miembros del consejo presinodal, expertos, auditores y auditoras, delegados fraternos e invitados especiales.

 

El largo camino hacia el Sínodo de la Amazonía

Misa de clausura del Sínodo de la Amazonía. Foto: Minerva Vitti Rodríguez

El Sínodo de la Amazonía estuvo guiado por dos documentos claves: el documento preparatorio[2] y el documento de trabajo o Instrumentum laboris[3]. El documento preparatorio incluye una lista de preguntas que se discutieron con las comunidades locales en la Amazonía, para garantizar que el Sínodo respondiera a la experiencia y las preocupaciones locales. El Instrumentum laboris toma sabiduría de estas conversaciones para guiar las discusiones de los padres sinodales[4].

Estas consultas, que involucraron a más de 87 mil personas en los 9 países, fueron realizadas por la Red Eclesial Panamazónica (Repam), creada en 2014 con el apoyo de la Conferencia Episcopal de Latinoamérica (Celam), en respuesta a las grandes preocupaciones del papa Francisco y la Iglesia en Latinoamérica en relación con “las profundas heridas que sufre la Amazonia y sus pueblos”.

Si vamos más atrás encontraremos que en este proceso ha sido clave la Encíclica Laudato Si, Sobre el cuidado de la Casa Común, un documento publicado el 24 de mayo de 2015 que “es un llamado a todos los hombres y mujeres de la tierra, para cambiar nuestro estilo de vida. Pero, también llama a los líderes los Estados a una profunda transformación de las actuales políticas locales, nacionales e internacionales, haciendo notar las limitaciones existentes para un acuerdo climático global, a pesar de los progresos alcanzados”[5].

Del Sínodo surgió un documento final[6] con 120 puntos que llaman a cuatro conversiones fundamentales: pastoral, cultural, ecológica y sinodal. Estas son algunas de las propuestas que no pueden pasar desapercibidas[7]: ordenación de hombres casados para zonas remotas de la Amazonia; sí al diaconado femenino y al ministerio de “la mujer dirigente de la comunidad”; voz y voto para los laicos; se agrega un nuevo pecado: el pecado ecológico; la ecología integral como único camino posible; rechazo de la evangelización colonialista; rechazo al modelo extractivista y llamado a una transición energética radical; una Iglesia aliada de los pueblos amazónicos para denunciar los atentados contra la vida.

Al concluir la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, se creó un Consejo Especial para la Región Pan-Amazónica[8].

 

Amazonía con rostro de mujer

Yesika Patiachi, pueblo Harakbut, Perú, en la misa de clausura del Sínodo de la Amazonía. Foto: Minerva Vitti Rodríguez

Patricia Goalinga, pueblo Kichwa de Sarayaku, Ecuador; Yesika Patiachi, pueblo Harakbut, Perú; y Anitalia Pi jachi Kuyuedo, pueblo Uitoto, Colombia, fueron algunas de las mujeres indígenas que participaron como auditoras en el Sínodo de la Amazonía. Además de las entrevistas individuales con cada una, un día tuvimos la oportunidad de escucharlas a las tres dándonos sus impresiones sobre el Sínodo.

Yesika comentó que sentía un respaldo y la escucha del Papa Francisco pero que todavía muchos obispos no entendían la importancia de la Amazonía: “Nos enseñaron que el agua no tiene vida, que la roca es inerte, pero para nosotros no es así. Si no fuese por nosotros la Amazonía no estaría viva”.

Patricia dijo que nada sería lo mismo luego de este Sínodo porque ellas viajaron para traer la voz de sus pueblos y que encontraban en la Iglesia un aliado para proteger la Amazonía. Ella también denunció la inversión de algunas instituciones eclesiales en empresas extractivistas.

Anitalia, que también forma parte de la Repam, dijo que por primera vez la Iglesia comenzaba a ver diferente a los pueblos indígenas, pero pidió que se les diera su lugar porque ellos, a través de su cultura, tradiciones y espiritualidad pueden aportar elementos que ayuden a la vida del planeta y de la humanidad.

Próximamente publicaremos el trabajo completo y las enseñanzas de estas grandes mujeres que viven en los territorios amazónicos.

 

Gregorio Mirabal y la mirada regional de los pueblos indígenas

La COICA es la organización indígena más grande del planeta. Foto: Minerva Vitti Rodríguez.

Gregorio Mirabal es del pueblo indígena curripaco de Venezuela y actualmente dirige la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA). En una entrevista publicada en SIC, conversamos sobre su experiencia en el Sínodo y dijo que dentro había mucho debate científico y religioso pero la pregunta fundamental es ¿la humanidad quiere una Amazonía destruida o en pie? “Los pueblos indígenas están luchando porque se mantenga en pie, pero va a depender mucho también de las inversiones que haga Europa, Asia, Estados Unidos hacia el extractivismo en América Latina”.

 

Las voces de los obispos de la Amazonia venezolana

Obispos de la Amazonía venezolana. Foto: Minerva Vitti Rodríguez

Felipe González (Vicariato del Caroní, Bolívar), Ernesto Romero (Vicariato de Tucupita, Delta Amacuro), Jhonny Reyes (Vicariato de Puerto Ayacucho, Amazonas); Pablo Modesto (Diócesis de Guasdualito, Apure), José Ángel Divassón (obispo durante 20 años en Puerto Ayacucho y actualmente director de la Repam Venezuela), fueron algunos de los obispos que participaron por Venezuela. A cada uno de ellos los he conocido en la Amazonía venezolana, trabajando directamente en los territorios con la gente. Los obispos compartieron algunos de los temas que plantearon en esta asamblea sinodal: diezmo misionero, ecumenismo ecológico, diálogo intercultural, inculturación y experiencia de trabajo entre los yanomamis, los pueblos como protagonistas de su destino.

Insistieron en que la Iglesia venezolana debe revisarse, no solo porque se están concentrando en las grandes ciudades y no están yendo a los territorios, sino que necesita “denunciar las situaciones de pecado, las estructuras de muerte, la violencia y las injusticias internas y externas, fomentar el diálogo intercultural, interreligioso y ecuménico”.

En el artículo publicado en SIC,  Los obispos que remaron desde Venezuela hasta el Sínodo de la Amazonía, recogemos las impresiones de estos religiosos cercanos y comprometidos con una Iglesia aliada de los pueblos amazónicos y por sobre todas las cosas respetuosa de las diferencias.

 

Las lágrimas de Brumadinho, el extractivismo y la intolerancia religiosa

Rostros de las víctimas de la tragedia de Brumadinho. Foto: Minerva Vitti Rodríguez

Paralelo al Sínodo ocurrieron muchos eventos. Uno de ellos fue un homenaje a los 270 muertos en la tragedia de Brumadinho, Brasil. La ceremonia se realizó dentro de la Iglesia Santa María in Traspontina. Las fotos de los muertos estaban colocadas en círculo, incluso había ecosonogramas de bebes en pleno proceso de gestación. El desastre ocurrió el 25 de enero de 2019 cuando un dique minero con aguas residuales de la mina Córrego de Feijão, propiedad de la minera Vale S.A., se derrumbó y derramó miles de metros cúbicos de agua y barro eventualmente tóxico sobre la región. “Estamos aquí para demostrar que las empresas europeas están directamente implicadas en tragedias como la de Brumadinho», dijo el abogado que acompañaba el grupo. Fue muy difícil contener las lágrimas en medio de esta ceremonia. Pienso que cada uno de los que estuvimos acompañamos el dolor de los familiares.

Otro momento que me marcó ocurrió en las afueras del aula sinodal. Todos los días un grupo de indígenas, misioneros y religiosos se juntaban para cantar “vayan hacia agua profundas y echen sus redes para pescar…”. Armaban una especie de rueda en el centro ponían redes de pescar u otros elementos simbólicos. Algunos de los asistentes al sínodo pasaban por el centro y abrazaban este gesto, en cambio otros, en su mayoría religiosos, decidían caminar por fuera, mirando de reojo el acto.

Recordé el día en que un sacerdote entró a la Iglesia Santa María in Traspontina. Muy sorprendido miraba la exposición fotográfica de los desastres socio-ambientales generados por las corporaciones, las esculturas indígenas, la canoa gigante en el pasillo, las calabazas con semillas de coco y las redes de pescar. Solo aguantó unos segundos y se fue despavorido. Por esos días se hablaba que los indígenas estaban profanando este templo con “símbolos paganos de adoración a la Pachamama”. Y precisamente ese extremismo incentivado por algunos medios de comunicación ultraconservadores generó el siguiente acontecimiento que me indignó aún más: el robo de esculturas indígenas en esta misma Iglesia.

Esculturas amazónicas que simbolizan vida, fertilidad y Madre Tierra. Foto. Minerva Vitti Rodríguez

El hecho ocurrió al amanecer del 21 de octubre de 2019. Yo llegué a Roma al día siguiente y esta fue de las primeras cosas que escuché. Un hombre entró a la Iglesia y robó  estas figuras de madera con la forma de una mujer indígena embarazada. Grabó el robo y también el momento en que lanzó las esculturas al río Tíber. Las esculturas habían sido traídas por los indígenas desde la Amazonía, estuvieron en la basílica de San Pedro y fueron cargadas en procesión por los indígenas para un acto con el Papa y los obispos durante la primera jornada del Sínodo.

El 25 de octubre el Papa informó que las estatuas habían sido encontradas, pidió perdón a los indígenas como obispo de Roma, ya que esto ocurrió en su jurisdicción, y dijo que “no hay nada de idolátrico en el hecho de enriquecer la oración con símbolos y gestos que provienen de las culturas indígenas”.

El Papa criticó las “palabras ofensivas” contra los indígenas y rechazó las “colonizaciones ideológicas” destructoras o reductoras: “Me dio mucha pena escuchar aquí dentro un comentario burlón, sobre ese señor piadoso que llevó las ofrendas con plumas en la cabeza. Díganme: ¿Qué diferencia hay entre llevar plumas en la cabeza y el ‘tricornio’ que usan algunos jerarcas de nuestros dicasterios?”.

Los ataques al Sínodo, no eran nuevos, incluso se publicó otro video donde se dijo  que “satán estaba en la Iglesia”. Me sorprendió leer posturas en contra del Sínodo en portales católicos como Aciprensa, donde en artículos como este iban fortaleciendo la postura ultraconservadora de estos sectores.

Los actos mencionados contradijeron el espíritu de diálogo y especialmente mostraron el miedo a la diversidad, pero no enturbiaron el apoyo de la mayoría a un Sínodo que busca poner en alto el clamor de los pueblos amazónicos.

En este sentido me resultó muy iluminador el artículo “Sínodo Amazónico: una estatuilla y el miedo inducido a lo diferente” del padre Dário Bossi, publicado en la Red Iglesias y Minería: “Los críticos del Sínodo de la Amazonía saben bien que el problema no está en esta imagen. Si no en la estrategia eficaz de la comunicación actual: cuando se pretende desmontar, confundir o debilitar procesos, se tiende a focalizar elementos simbólicos que apelan a los sentimientos primarios de las personas: el miedo, la autodefensa, el vínculo visceral con las propias convicciones (…) Detrás de esa apología, en un tiempo de precariedad y de incertidumbre sobre el futuro, se esconde el miedo de perder otras seguridades. Nos atrincheramos en nuestras convicciones, sin darnos cuenta del serio peligro de la asfixia espiritual y del racismo de nuestras posturas”.

Particularmente pienso que este robo fue una verdadera analogía de lo que ocurre en los territorios amazónicos donde los gobiernos y las corporaciones entran a robar y matan la vida y cultura de nuestros pueblos. La Iglesia Santa María in Traspontina era espacio de oración y reunión para los indígenas, misioneros, religiosos, también un lugar de encuentro donde se realizaban conversatorios, justo aquí estaban las esculturas que simbolizaban la fertilidad, justo a ese lugar que era refugio y hogar entraron a robar. Nada es casual.

 

Leer los signos de los tiempos

Grupo de personas hacen oración por la Amazonía. Al fondo se aprecia la Basílica de San Pedro. Foto: Minerva Vitti Rodríguez

La experiencia en el Sínodo de la Amazonía hizo que reflexionara sobre los destinatarios este mensaje, especialmente porque uno de los lemas era “amazonizar el corazón romano”. Una de las conclusiones a la que muchos llegamos es que este no es un asunto de católicos o no católicos, o solo de los que vivimos en la Amazonía. Se trata de la vida y cómo ésta es atacada por los mismos gobiernos de izquierda o derecha, las mismas corporaciones y un sistema donde se le da predominio al dinero a costa del otro.

Lo que ocurre en la Amazonía debe impactar de forma profunda a Europa y otros continentes, porque se trata de la depredación para mantener un estilo de consumo, promovido desde los gobiernos. Mientras no haya una reforma estructural nada va a cambiar. No en vano ya se habla de extender este Sínodo a la Cuenca del Congo, el corredor biológico Mesoamericano o el Asia meridional, territorios que actualmente están siendo arrasados por el modelo extractivista.

A lo largo de América Latina, y más allá de nuestras fronteras, existe una crisis civilizatoria. La raíz se encuentra en que las tres relaciones vitales se han roto, no solo externamente, sino también dentro de nosotros mismos: la relación con Dios y las fuerzas espirituales (de acuerdo a cada religión), la relación con los demás, y la relación con la naturaleza (o la creación). De este modo, dice el papa Francisco: “El ser humano no redescubre su verdadero lugar, se entiende mal a sí mismo y termina contradiciendo su propia realidad”.

Esta ruptura se hace evidente en el modelo extractivista, que responde a una lógica global donde los países buscan obtener ingresos monetarios a corto plazo, a cambio de la destrucción socio-ambiental irreversible de una significativa proporción del territorio nacional y el etnocidio de los pueblos indígenas, comunidades campesinas, y demás habitantes de estos lugares.

Si el modelo de desarrollo actual destruye y expulsa de las comunidades; el Buen Vivir es un modelo que recoge y te devuelve al origen, a la raíz.

Pero Buen Vivir no es lo mismo que Vivir Mejor, que significa vivir a costa del otro, enemigo-persona que te sirve para conseguir tu objetivo.  Buen Vivir- Vivir Bien viene de las palabras indígenas Sumak Kawsay (en quechua) – Suma Qamaña (en aymara), que significan vida en plenitud, en armonía y equilibrio con la naturaleza y en comunidad, por lo que también se le llama el Buen Convivir.

El pensamiento ancestral del Buen Vivir, es un viejo-nuevo paradigma, que propone una vida en equilibrio, con relaciones armoniosas entre las personas, la comunidad, la sociedad y la madre tierra a la que pertenecemos. En el fondo lo que se busca es generar un dialogo con el modelo civilizatorio de Occidente, buscando los valiosos aportes de cada cultura, en pro de la vida.

En estos tiempos es indispensable saber leer los signos y enfocar nuestro trabajo para lograr esa vida en plenitud y respetuosa de la dignidad de todos los seres vivientes. Armando Rojas Guardia, poeta y ensayista venezolano, habla de cómo el examen de conciencia, una práctica de la espiritualidad ignaciana, le permite leer la caligrafía de Dios en el presente: “(…) Intento darme cuenta, igualmente, de la masiva corriente de amor que, pese al horror y el asco que provoca la historia, y el contexto trágico de nuestro país, alimenta la realidad: en mi examen personal de conciencia trato de tomar nota mental de las epifanías de bondad, las explícitas manifestaciones de entregada misericordia de tantos hombres y mujeres, cercanos y lejanos, conocidos y desconocidos (…) todos aquellos que intentan responder a la interpelación ética que significa la existencia de las víctimas, los pobres y los excluidos… Quiero sumergirme en ese tácito océano de amor. Tomar conciencia, una vez más: delante de Dios, de que ese amor existe y de que es más fuerte, aun en medio de su invisibilidad aparente, que la muerte”.

La Ecología integral no es una idea abstracta, la interculturalidad tiene vida y el Sínodo de la Amazonía continúa ocurriendo.

 

*La periodista Minerva Vitti Rodríguez viajó a la cobertura del Sínodo de la Amazonía, en  Ciudad del Vaticano (Roma, Italia), invitada por Burness Communications.

 

Notas

[1] Repam: la Iglesia en el corazón del Amazonas:

https://www.caritas.org/que-hacemos/desarrollo/repam/?lang=es

[2] Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Documento preparatorio del Sínodo de los Obispos para la Asamblea Especial sobre la Región Panamazónica, 08.06.2018: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/06/08/panam.html

[3] Amazonía nuevos caminos para la iglesia y para una ecología integral. Documento de trabajo (Instrumentum laboris). Versión simplificada: https://redamazonica.org/wp-content/uploads/SinAmDT-es.pdf

[4] Amazonía Casa Común: http://amazonia-casa-comun.org/about-the-synod-es/

[5] Czerny, SJ Michael. Desde la Laudato si’, acompañar los clamores de la Amazonia y del Congo: caminar juntos en la casa común. Encuentro de la Red Pan-Amazónica – REPAM. Bogotá, noviembre de 2015.

[6] Documento Final: Asamblea Especial para la Región Panamazónica. Amazonía: Nuevos Caminos para la Iglesia y para Una Ecología Integral:

http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es/documentos/documento-final-de-la-asamblea-especial-del-sinodo-de-los-obispo.html

[7] Las 20 propuestas imprescindibles del documento final del Sínodo para la Amazonía: https://www.vidanuevadigital.com/2019/10/26/las-20-propuestas-imprescindibles-del-documento-final-del-sinodo-para-la-amazonia-al-papa/

[8] Consejo Especial para la Región Pan-Amazónica: http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es/noticias/consejo-especial-post-sinodal.html

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Acerca del autor

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Periodista. Pertenece al área de investigación de la Fundación Centro Gumilla, dedicada a la línea sobre asuntos indígenas, justicia socio-ambiental y ecología. Miembro del Consejo de Redacción de la Revista SIC del Centro Gumilla, de la Red de Solidaridad y Apostolado Indígena (RSAI) de la Conferencia de Provinciales de América Latina (Cpal), y de la Red Eclesial Panamazónica (Repam)