Bernardino Hernando, un periodista singular, elogio sin humo, ni incienso

Foto: Archivo Web

Por Jesús María Aguirre, sj

Anteponer el mensaje al mensajero parece ser una inversión del periodismo actual, en que el personaje se impone sobre las informaciones y los comentarios adobados de publicidad.

Cuando aún era joven, y casi toda la literatura eclesiástica destilaba muchas noñeces, la aparición de la revista VIDA NUEVA, fue mi lectura de flotación para mantenerme al día, o como se decía entonces en onda con el “aggiornamiento” eclesial, que fue una ráfaga de viento desatada por el Concilio Vaticano II. Hoy, después de 60 años es posible acceder también a su versión digital.

La renovación del periodismo eclesial contó con este personaje singular que dirigió la revista durante 13 años. Su personalidad me fue conocida después de varios años de lectura de sus editoriales, a veces proféticos, y de su pluma vivaz. Definitivamente su mensaje caló en una generación, y hoy descubro que llevó a cabo su consigna: “lo importante es el mensaje, no el mensajero”-

Tal vez en su condición cristiana quería evocar el mensaje evangélico de Juan el precursor cuando sentenció: “conviene que él crezca y yo disminuya”. Un periodista a contracorriente de las tendencias actuales.

Artículo: Fallece el ex director de Vida Nueva Bernardino M. Hernando

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