Votar para buscar sentido

Arnaldo Esté

La crisis general se incubo desde hace décadas y tiene que ver con un magro logro de la democracia, de una democracia que no alcanzo a ir más allá de las direcciones de los partidos, de los llamados cogollos, y que prestaron espacios para la, pobremente diseñada y argumentada, revolución bolivariana con refritos de un comunismo ya agotado.

Hay que hablar más que de reconstrucción, de construcción, de búsqueda de sentido. Para ello la soberbia, con el nombre de abstención, como uso repetido y mirada desde arriba, no ayuda.  La búsqueda de sentido es una tarea ética que va más allá del instrumental político. Una búsqueda de sentido que pareciera tener notas intuitivas que sobrepasan la capacidad de las organizaciones.

Hay un flujo no medible con los recursos tradicionales de las encuestas y análisis, que buscan alimentos cuantitativos. Que tratan de reducir las complejidades del agite social a una lógica manejable.

La búsqueda de sentido, en un lenguaje más inmediato, podría llamarse proyecto: proyecto de país. Pero proyecto suena a plano, a esquemas de papel donde se esconde esa complejidad en la que se funde lo racional y lo sensual. Un ser humano que emerge de las profundas hibridaciones que la expansión global de lo occidental, con las alas digitales, trae. Una hibridación que deja atrás y para los museos, las ideologías que el mismo Occidente produjo.

Es en un caldo así, de discusiones, entendimientos y transiciones, donde deberían interpretarse los problemas y cultivarse las decisiones.

Así de bella, trágica y difícil es nuestra situación. Un reto tanto para la poesía como para la reflexión de los investigadores.

Los próximos días, llenos de angustia en esta terrible escasez y penuria, serán cruciales. Las discusiones sobre el voto y sus maneras llenarán las intimidades y el gobierno, apresado en sus graves y muy solventes temores, aumentará sus voces, amenazas y atropellos ventajistas.

Habrá sorpresa.

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