Volver a la fuente

Lc 10, 38-42

Alfredo Infante sj

Muchas madres y padres invierten gran parte de su vida en trabajar y trabajar por sus hijos. Son unos héroes anónimos en el servicio desinteresado; pero, trabajan tanto y tanto, que no les quedan energías para sentarse delante de ellos y contemplarlos, escucharlos y acompañar sus procesos. Aunque los aman y les sirven con esmero, poco a poco sus hijos se van convirtiendo en unos extraños, desconocidos; sin saber cómo ni cuándo se han distanciado de sus hijos porque descuidaron la escucha y la contemplación, fuentes del conocimiento verdadero. Invirtieron todas sus energías en «trabajar por» sus hijos, y arrinconaron inconscientemente el «estar con» sus hijos.

Hoy Jesús nos dice que «el estar con» es la fuente del conocimiento y la actitud que dota de sentido «el trabajar y desvivirse por», porque es signo del verdadero amor. Es lo que pasa en el evangelio de hoy con Marta y María.

Marta y María son hermanas, viven en Betania, y su casa es el lugar donde Jesús se suele retirar a descansar y recuperar las fuerzas. Ambas aman a Jesús. No hay mejor descanso que una buena amistad. Pues bien, al llegar Jesús a casa de sus amigas, Marta se desvive e invierte su atención en hacer cosas por Jesús, su delicadeza humana le lleva a hacer cosas para que no falte ningún detalle en la recepción, mientras, María, se queda con Jesús, acogiéndolo, acompañándolo, escuchándolo con atención, estando con él, disfrutando de su presencia.

Marta, quien está pendiente de todos los detalles para que el protocolo quede perfecto, al verse sobregirada de trabajo y ver a María, disfrutando a los pies de Jesús, se queja y dice: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.» Pero el sabio Jesús le responde: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria.

María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.» Jesús no está en contra del hacer, pero sí nos llama la atención, como a Marta, para no desligarnos de la fuente, el fundamento, el ordenador del hacer, que es la escucha, el amor, «el estar». Si nuestra acción se desliga del amor, del centro que es la persona, nos desordenamos, nos fragmentamos internamente, perdemos el foco, la brújula y nos desgastamos, nos quemamos y al final patinamos en la queja impotente de Marta.

Hoy, en este desierto adverso que transitamos, cuando las tareas y los desafíos cotidianos son superiores a nuestras fuerzas, necesitamos recuperar nuestro centro para ordenar en el amor nuestra praxis, y no andar por la vida dando patadas de ahogados, en un hacer infecundo. Volvamos al fundamento y construyamos desde él, porque si nos erosionamos, seremos presa fácil de dominación y no sujetos de liberación.

Oremos: Señor, danos la sabiduría necesaria para no desligarnos de tu amor, fuente y ordenador de acciones fecundas al servicio de la dignidad humana y la fraternidad universal. 

Sagrado corazón de Jesús, en vos confío.

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega.

Caracas-Venezuela.

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