Viernes de Concilio: dignidad versus soberanía

Alfredo Infante sj

Hoy se reúne el sanedrín para deliberar qué decisión tomar ante el Nazareno. ¿Por qué un judío marginal como Jesús de Nazaret ha llevado al sanedrín a esta importante deliberación? Jesús ha habitado  entre los que la sociedad  consideraba desechables, descartables; ha tocado a los impuros; ha acogido sin juzgar a los pecadores; ha compartido su pan con los hambrientos; ha denunciado con indignación y vigor las injusticias; sus enemigos reconocen que nunca nadie había hablado con tal autoridad; muchos publicanos, extorsionadores, cobradores de impuestos, se han convertido a su paso y han reparado sus delitos; pero sobre todo, el Nazareno ha demostrado  el amor de Dios y ha revelado que somos hermanos, hijos de un mismo Padre; no ha venido a sustituir, ha venido a despertar, y por eso, cuando sana, cuando perdona, cuando libera, dice: «tu fe te ha salvado».

Nos ha devuelto la vista para que veamos con honestidad la realidad. Por eso, la pregunta del poder ante lo que Jesús hace y dice es de un cinismo espantoso, descarado: «¿Qué haremos?»  y continúan «este hombre está haciendo muchas señales milagrosas, si lo dejamos todos van a creer en él y las autoridades romanas vendrán y destruirán nuestro templo y nuestra nación». Aparece la soberanía como un comodín para justificar los intereses del poder. 

La soberanía históricamente ha sido un comodín que el poder ha utilizado para defender sus intereses; y, en este caso concreto, se utiliza para apresar, enjuiciar, y torturar al justo inocente Jesús de Nazaret. En dicha deliberación conciliar, el sumo sacerdote Caifás, concluye: «es mejor para ustedes que muera un solo hombre por el pueblo y no que toda la nación sea destruida». Hay, pues, una tensión entre dignidad y soberanía nacional. En este caso, el poder, amparándose en los intereses de la nación, decide apresar, enjuiciar, torturar y quitar del medio al justo inocente Jesús de Nazaret. En esto consiste la ideología, en la construcción de una mentira que justifica y crea un imaginario que justifica los crímenes del poder.

En realidad, al sanedrín lo que le interesaba no era el bien de la nación sino desechar y eliminar al Nazareno.  La verdad de Jesús le era insoportable. Este hecho histórico, será interpretado teológicamente por Juan, el evangelista, dando cuenta de cómo Dios saca bien de nuestros males, así la frase de Caifás: «conviene que un hombre muera por el bien de la nación», se cumple cabalmente en Jesús.  Pues el justo inocente, Jesús de Nazaret, se entrega, no sólo por el bien de la nación, sino por el bien de la humanidad. Recordemos que «si el grano de trigo no muere, queda infecundo». Jesús llevo su proyecto de la fraternidad universal hasta las últimas consecuencias, no doblegó sus rodillas, su dignidad, ante el poder. 

Hoy, en Venezuela, el poder, como en tiempos de Jesús, amparado en la ideología de la soberanía nacional, sigue apresando injustamente, torturando y crucificando a los justos inocentes. Basta con leer los informes del observatorio penal que dan cuenta de esta dramática realidad que viven muchos presos políticos y sus familiares.         

Oremos: Señor danos la gracia de anteponer la dignidad humana por encima de cualquier poder e interés sobre la Tierra. Tú, señor de la vida y de la historia, danos la lucidez para desmantelar las ideologías e intereses que siembran mentiras para atentar contra la dignidad humana.           

“Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de la Vega.

Caracas-Venezuela

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