Transparencia y rehabilitación

(Jn 3,14-21) 

Alfredo Infante sj

Dios nos ama y apuesta siempre por nuestra rehabilitación, no da a nadie ni nada por perdido: «tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo para que tengamos vida». Dios no se rinde en su apuesta por nosotros, por la vida, la plenitud de la humanidad es su pasión «no envió a su Hijo al mundo a juzgar al mundo, sino para que el mundo por él se salve». Su propósito es salvífico, pero la salvación acontece en la corresponsabilidad; como muy bien lo formuló San Agustín «quien te creo sin ti, no te salvará sin ti».

Nos dice el evangelista Juan que un indicador de salvación es la transparencia. La luminosidad de Jesús atrae y repele, suscita seguidores y perseguidores. Y es que su luz pone en evidencia el estado de nuestra conciencia, así como el fundamento y la calidad de nuestras relaciones. Por eso enfatiza Juan en su evangelio, que, aunque la pretensión primera de Dios no es el juicio, este acurre en nuestra respuesta: «el juicio consiste en esto: en que la luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus acciones eran malas.

Todo el que practica lo malo detesta la luz y no se acerca a la luz para que no se descubran sus acciones. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vean sus acciones, porque están hechas como Dios quiere». Un indicador de rehabilitación y salvación, es pues, la transparencia.

Los venezolanos hemos transitado en los últimos años del totalitarismo carismático a la dictadura militar y ambos regímenes se fundamentan en la mentira y la propaganda. La no transparencia es una estrategia de poder.

En Venezuela todos sabemos que el «sistema de salud está en coma» porque lo padecemos, pero el ministerio de salud hace tiempo no informa sobre el estado de la salud y quienes visibilizan el hecho son acosados y perseguidos como enemigos de la patria; lo mismo pasa con el estado de la electricidad y el agua potable, se exponen las miles excusas pero no se dice la verdad; también el estado de PDVSA y las empresas básicas; y así podemos recorrer muchos sectores y lo que constatamos es «mentiras podridas» y ocultamiento de la verdad; ese indicador salvífico que es la transparencia está ausente en quienes dirigen el país, el poder miente, teme la luz, su fundamento es la mentira. Basta con leer los informes de la ONG transparencia Venezuela para evidenciar los escándalos de corrupción y como la mentira es la estrategia del poder; si nos acercamos a los informes de la ONG Espacio Público constatamos la persecución a periodistas y medios que investigan y sacan a la luz pública la verdad intencionalmente oculta. Sin transparencia no hay rehabilitación ni salvación.

Es importante alertar al ciudadano común que estos modos perversos, sino tomamos los cuidados y vigilamos nuestra vida interior y nuestras relaciones pueden permear nuestra vida y hacernos participes y cómplices de estas lógicas perversa, la mentira seduce, y cuando caemos en sus redes nos deterioramos humanamente, es lo que llamamos, deterioro antropológico. Es tiempo de rehabilitación, de dejar que la luz nos ilumine y apostar por una construcción social fundada en la transparencia. Es tiempo.

Oremos: Señor danos sabiduría para evidenciar la mentira y construir sobre la luz de la verdad.                  

“Sagrado corazón de Jesús en vos confió”

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega.

Caracas-Venezuela.

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