Tocar su manto

Alfredo Infante sj*

Marcos (6, 53-56) hoy nos retrata un día de la vida del Nazareno. Lo primero que contemplamos es a un Jesús en misión, desembarcando en la orilla del lago, caminando por las calles, acompañado de una muchedumbre. Un Jesús itinerante, de calle, que atraviesa pueblos, ciudades y caseríos, curtido de sudor, en contacto con su gente, escuchando, atendiendo, sanando, liberando, predicando, tocando, levantando. Dice el Papa Francisco, parafraseo, «prefiero una iglesia herida y manchada por salir a la calle e involucrarse con su pueblo, que una iglesia conservada y encerrada».               

Si queremos ser iglesia discipular de Jesús estamos llamados a contemplarlo y seguir su camino haciendo del mundo nuestro lugar de misión y encontrar en cada persona, especialmente, en los más vulnerable el rostro de Dios. Pero hay una imagen que hoy resalta y es la de Jesús sanando. Un pueblo excluido y abandonado, hambriento y sin salud encuentra en Jesús la vida, su paso despierta las consciencias y rehabilita la vida. Jesús inaugura una nueva relación. Aquellos que por su enfermedad estaban excluidos y no podían tocar ni ser tocado por nadie, el Nazareno se deja tocar y los toca, Jesús con su modo de relacionarse despierta su dignidad y la fuerza sanadora de la fe.   

Termina Marcos diciendo *«los que lo tocaban quedaban sanos». Te propongo que contemples a Jesús en medio de la gente, en misión. Toma consciencia de la fe y dignidad que suscita su paso. Imagina que estás en medio de la muchedumbre y tocas a Jesús. ¿Para qué lo quieres tocar? ¿Qué quieres sanar? ¿De que deseas liberarte? Deja que su fuerza sanadora, liberadora, armonizadora, rehabilitadora despierte tu fe, haga su trabajo en ti y recuerda «tu fe te ha salvado».                

“Sagrado corazón de Jesús en vos confió” Parroquia San Alberto Hurtado, Parte Alta de La Vega. Caracas-Venezuela.

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