Susana Raffalli reconocida con el Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos y Estado de Derecho 2018

Foto: Cortesia Prodavinci

Por: MonitorProdavinci 

El miércoles 21 de noviembre de 2018, Susana Raffalli, especialista en gestión de seguridad alimentaria, emergencias humanitarias y riesgos de desastre desde hace 21 años, fue galardonada el Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos y Estado de Derecho 2018. El reconocimiento, que empezó en 2016, se concede anualmente “a personalidades que hayan contribuido de manera excepcional a la protección y la promoción de los derechos humanos y el Estado de derecho en su país y a nivel internacional”.

Raffalli lidera el proyecto S.A.M.A.N (Sistema de Monitoreo, Alerta y Atención en Nutrición y Salud) que evalúa el estado de nutrición y la situación de seguridad alimentaria en niños y niñas menores de 5 años en los estados Miranda, Vargas, Zulia y Distrito Capital de Venezuela.

La lista completa del Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos y Estado de Derecho 2018:

1. D.ª Chak Sopheap (Camboya);

2. D. Yu Wensheng (China);

3. D.ª Aminata Traoré (Côte d’Ivoire);

4. D. Mohamed Lotfy (Egipto);

5. D. Alfredo Okenve (Guinea Ecuatorial);

6. D. Nityanand Jayaraman (India);

7. D.ª Hessen Sayah Corban (Líbano);

8. D.ª Mekfoula Mint Brahim (Mauritania);

9. D.ª Liz Chicaje Churay (Perú);

10. D. Oyub Titiev (Rusia);

11. D. Anwar al-Bunni (Siria);

12. D.ª Vuyiseka Dubula-Majola (Sudáfrica);

13. D.ª Sirikan Charoensiri (Tailandia);

14. D. Daoud Nassar (Territorios Palestinos);

15. D.ª Susana Raffalli Arismendi (Venezuela).

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El deslave de la economía ha colocado en el debate público temas como la magnitud de la desnutrición, la veracidad de las cifras que presenta el Gobierno en foros internacionales y la pertinencia o no de decretar una crisis humanitaria en Venezuela. Susana Raffalli, nutricionista especializada en gestión de la seguridad alimentaria, en emergencias humanitarias y riesgo de desastres, aborda estos temas y advierte que el país requiere con urgencia políticas públicas para atender lo que técnicamente denomina como un episodio de inseguridad alimentaria severa.

El informe que presentó el Gobierno en el Examen Periódico Universal (EPU) de octubre de 2016, señala: “La Sub Nutrición se encuentra al 2014 por debajo del 5% y la desnutrición en menores se ubicó en 3,4% en el 2013. Venezuela es el cuarto país con menor desnutrición infantil. En la actualidad la estatura del niño promedio venezolano es casi dos centímetros más que el niño de la década de los años noventa”. ¿Estos indicadores reflejan lo que está ocurriendo en el país?

El Gobierno se presentó con cifras viejas, indicadores inadecuados y un sistema de clasificación obsoleto porque su intención es enmascarar la situación nutricional de Venezuela. Existe la desnutrición aguda que se evidencia en una deficiencia del peso respecto a la talla y es el termómetro más adecuado para evaluar lo que ha sucedido en los últimos dos años. La talla del niño, que es lo que difunde el Gobierno, cambia muy lentamente y se utiliza para evaluar la desnutrición crónica. La talla no se pierde, se deja de ganar. En publicaciones como el último perfil nutricional emplearon peso respecto a la edad, que es un indicador intermedio. No hay estadísticas que reflejen el peso para la talla desde 2007. Entonces, acudieron al EPU con un indicador que no mide la desnutrición aguda y con cifras de 2013.

¿Por qué afirma que el Gobierno emplea un sistema de clasificación obsoleto para medir la desnutrición infantil?

La desnutrición aguda puede ser leve, moderada o severa. Para ubicar a un niño en alguna de estas fases se le compara con lo que debe pesar y medir un niño sano, de acuerdo con los parámetros establecidos por la Organización Mundial de la Salud en 2006. Digamos que cada casilla que separa a un niño desnutrido de uno sano es una desviación: entre una o dos desviaciones hablamos de desnutrición leve; entre dos y tres, de moderada; y más de tres, severa. La manipulación del Gobierno consiste en aplicar las directrices que estableció la Organización Mundial de la Salud en 1997, ya obsoletas, y no las de 2006.

 ¿Y qué consecuencias tiene utilizar las directrices antiguas de la Organización Mundial de la Salud?

Que los puntos de corte son distintos. De acuerdo con las directrices de 1997 un niño se encuentra en desnutrición severa a partir de cuatro desviaciones y no a partir de tres como se estableció en 2006. Mi estimación es que usando los puntos de corte de 1997, se requiere de un millón ochocientos mil niños para que podamos dar una alerta de salud pública por desnutrición aguda que, si se emplean los patrones de 2006, probablemente ya los tenemos. Evaluaciones que he realizado en distintas ciudades del país arrojan cifras preliminares muy preocupantes porque la desnutrición también afecta a las generaciones futuras. Una niña desnutrida tiene 30% más de chance de parir niños desnutridos que su par sana.

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Fuente: Prodavinci 

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