Solidaridad y Justicia; ayuno agradable a Dios (Isaías 58,1-9a)

Alfredo Infante s.j

El profeta Isaías denuncia una religión desvinculada de la defensa y custodia de la dignidad humana. De parte de Dios, le echa en cara a su pueblo, que la práctica de un ayuno narcicista y adormecedor de la conciencia no le es grato a Dios, esa es una religión vacía, autocomplaciente, tranquilizadora de la conciencia y desconectada de la realidad. Por eso reclama preguntando: «¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo?».

Después de describir y denunciar la falsa religión, el profeta nos señala apasionadamente el ayuno que agrada a Dios. «Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no cerrarte en tu propia carne dándole la espalda al pobre».

Hoy diríamos que el ayuno que agrada a Dios es defender los derechos humanos; luchar con alma, vida y corazón para reducir el hambre y la sed de nuestro pueblo; rehabilitar el sistema de salud para que enfermarse no sea un viacrucis; para que los enfermos crónicos no tengan que salir a la calle a protestar con la consigna «no queremos morir»; para que nuestros educadores no tengan que desertar del sistema escolar porque el sueldo no alcanza para un cartón de huevos; que nuestros niños y niñas no abandonen el aula de clase y sus juegos hambre y falta de vestido; que los presos políticos sean liberados; para que haya verdad, justicia y reparación y nos volvamos a reencontrar como país de hermanos.

Este es el ayuno que agrada al Señor: la fe que se expresa en hambre y sed de justicia. Gracias a Dios, hoy, en medio de la adversidad que vivimos y padecemos muchos hombres, mujeres y organizaciones se mantienen firme en la defensa de los derechos humanos, con el convencimiento, desde el amor a Dios y al prójimo, que no cerrarán su corazón al hermano.

Petición: Señor, convencidos que el ayuno que más te agrada es nuestra dedicación a la defensa de los derechos humano y a la construcción de un país con justicia y libertad, te pedimos que infundas siempre en nosotros un espíritu siempre renovado, para mantenernos firmes en medio de tanta adversidad y muerte.  Confiamos en tu Palabra viva que nos dice que si hacemos este ayuno agradable a ti   *«entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: “¡Aquí estoy!”.            

*Sagrado corazón de Jesús, en vos confío*

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega.

Caracas-Venezuela

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