«Sí quiero, sana»

Por Alfredo Infante sj

Jesús toca y sana a un leproso (Mc 1, 40-45). ¿Qué significaba esta acción de Jesús? Una señal de parte de Dios que la dignidad humana es absoluta y está por encima de todo; de cualquier ley, Estado y religión. Recordemos que los leprosos eran excluidos de la comunidad. Según esta norma de la pureza (Levítico 13, 1-2.44-46) instituida para resguardar la salud pública mientras el pueblo de Israel, errante, vivía hacinado y en carpa buscando una tierra donde asentarse, se mandaba al leproso a rasgar su ropa, dejar crecer su barba y, en las afueras, gritar «soy impuro», para que nadie se acercara y así, resguardar la salud de la comunidad. Si se curaba debía presentarse al sacerdote para que este lo examinara y lo reincorporara a la vida corriente. Pero esta ley, que fue una medida de salud pública por las condiciones en que se vivía, se perpetuó, se absolutizó y llegó a ser excluyente, en tiempos de Jesús, pues la lepra no sólo se consideraba enfermedad sino castigo de Dios, lo que creaba en la persona una carga interior insoportable.

La ley era tan dura que, en tiempos de Jesús, quien se acercaba y tocaba a un leproso era, también, considerado impuro. Bueno, en el Evangelio de hoy el leproso se acerca a Jesús y le dice «Señor, si quieres puedes curarme». Lo primero que hay que resaltar es la fe del leproso que ante la presencia de Jesús se acerca buscando sanación, contrario a lo mandado por la ley, porque según ésta el leproso debía gritar «soy impuro» para que nadie se acercara y, por supuesto, mucho menos acercarse él a otro.

Jesús deja que el leproso se acerque, es su hermano predilecto, por su condición. Lo atiende. Lo escucha. Y le responde «sí quiero, quedas sano». Es interesante que tanto el leproso como Jesús utilizan el verbo «querer». El verbo «querer» en la biblia es entrañable y totalizante, implica convencimiento, decisión profunda confianza. Al decir el ciego «si quieres, puedes» está poniendo toda su confianza en Jesús. Al responder Jesús «sí quiero» le está diciendo que este encuentro no es casual, ni marginal en la misión de Jesús, es su opción de vida reconocer su dignidad y darle vida.

Jesús, respetando la institucionalidad judía, le dice al leproso una vez sanado «ve y preséntate al sacerdote para que te acepte en la comunidad y le prohibió que hiciera propaganda del hecho. Pero aquel hombre, agradecido por la buena noticia de su sanación, comenzó a anunciar a todos las  maravillas de Señor. Jesús lo reconoció, lo tocó, lo escuchó, le habló con amor, lo sanó y liberó de la exclusión social y religiosa a la que había sido condenado. Para Jesús, no hay persona impura, más allá de cualquier condición, se encuentra con la dignidad de la persona.

Este es el verdadero signo. Hoy, nuestro país está herido, quienes ejercen el poder  excluyen como impuros a quienes no piensan ideológicamente igual y a quienes no portan el carnet de la patria. También están excluidos quienes padecen de enfermedades crónicas (diábetes, renales, VIH, hipertensos, cardiopatias, psiqui+atricas) y no encuentran respuestas en las políticas públicas. Nuestros jóvenes «Embajadores Comunitarios» siguen privados de libertad por promover entre los jóvenes de sectores populares conciencia ciudadana y liderazgo social. Pero hoy, Jesús sigue pasando y liberando. Ante todo poder excluyente y arbitrario Jesús viene a tocarnos para decirnos «sí quiero, quedas sano», recupera tu dignidad, que para Dios, la dignidad humana está por encima de cualquier ley, Estado, ideología y religión.

Petición: toca nuestro corazón y libéranos de nuestras lepras, es decir, de toda aquellas dinámicas que excluyen y niegan la dignidad humana. Pronuncia sobre nosotros tú palabra «sí quiero, quedas sano».          ¡Sagrado corazón de Jesús, en vos confío!

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte Alta de La Vega. Caracas-Venezuela.

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