Septiembre en junio

Lo importante es que el niño venga a la escuela

Luisa Pernalete

Sé que septiembre puede resultar muy lejos para muchos en la escuela: ¿A cuánto llegará la inflación para entonces? ¿Cuántos alumnos dejarán de venir al plantel? ¿Cuántos compañeros de trabajo se irán a otro país? ¿Cuántos ni siquiera terminarán el año escolar simplemente porque el sueldo no les alcanza ni para el pasaje? ¿Cuánto costará un lápiz en septiembre? ¿Podrán las familias comprar los uniformes?

Precisamente, por lo mal que ha terminado mayo, es que debemos desde ya pensar en septiembre, si queremos que haya escuela el próximo año escolar.

Comenzaría por contribuir a proteger el tejido escolar de los que todavía están en el aula, que se sientan compañeros de verdad, que se tengan la confianza de decir a qué tienen miedo, qué les alegra, con qué sueñan.  Todo el mundo a construir sus metas, aunque sean a corto plazo: terminar el año y continuar el otro. Cuando trabajé en Maracaibo como voluntaria con niños y adolescentes “huelepega”, que vivían al día, empezábamos por metas tales como “el sábado, o sea dentro de dos noches, todo el mundo con ropa limpia y sanitos para poder ir al paseo”. Luego fuimos pasando a metas más largas, aprender a leer, volver a estudiar, dejar la calle. Conocí uno que se salvó y se pudo como metas: una casa con porche, un carro, y una familia… Los tres sueños los cumplió, murió de un infarto y no de manera violenta.

Seguiría con acompañar a las madres a expresarse también. Compartir sus planes, sus miedos – miedo compartido toca menos pro cabeza -, que hagan su grupo de apoyo mutuo también. Conozco una cuantas que ya están preparando los planes vacacionales para hijos de otros, a sabiendas de lo dura que está la situación. “Dios proveerá”, me dijo Del Valle – San Félix – el año pasado, y atendieron 450 niños el año pasado.

Pediría a los estudiantes, y me metería en alguna comisión, para que pregunten cuánto están costando los lápices, los cuadernos y las cajas de creyones, lo mínimo pues.  Yo les puedo decir que en mi Índice Lápiz Today, el humilde lápiz, herramienta imprescindible en el aula, oscila desde febrero a la fecha, entre 30 mil en -chinos de Barquisimeto, hasta 170 en librerías del centro de Caracas.  Pero sé también que buscando aquí y allá, he conseguido cajitas de 12 que sale cada uno a 40. O sea, si desde ya nos organizamos en el salón, ya podríamos comprar entre todos para tener en septiembre cada quien su lápiz. ¿Y qué tal si replicamos en nuestra escuela “buenas prácticas” como las que he conocido años anteriores, como esa de la campaña para que los que salen de sexto grado, o del “ciclo azul” o del beige, porque ya se van y que no rayen sus franelas, sino que las donen?

¿Qué tal si se buscan alianzas y se pide a empresas grandes que donen papel reutilizable? ¿Cuántos dibujos podrían hacer en esas hojas que tienen un lado limpio?

Tal vez lo más complicado sea que desde ya los docentes, y los directivos, nos mentalizamos que lo importante es que el niño venga a la escuela y se quede, que permanezca, con cualquier franela, con cualquier color de zapato, y que enseñemos a todos a comprender lo que está pasando y valorar que el otro asista con cualquier uniforme. Que nadie se burle de ese héroe. Antes bien, que se valore el esfuerzo. Las sonrisas nuestras y los abrazos, tienen que multiplicarse para que el estudiante se sienta acogido.

Un ejercicio que haría el 30 de julio, sería una carta de bienvenida con fecha de septiembre, como señal de que les esperamos.

Propondría atender a los niños hasta el 30 de julio, después de todo, bastantes clases hemos perdido, obligados por las autoridades – CNE en comicidad con el MPPE-.  Es hora de “cobrar” … Tengo una mejor idea: organizaría planes vacacionales con madres y jóvenes voluntarios. Hay gente dispuesta a ayudar. ¿Estará penalizado que una escuela tenga actividades en agosto? ¿Puede sancionarse a un equipo de docentes, de mano de las madres, que se proponga recreación sana, liceo de vacaciones, al etilo del gran Wysennbach, con merienda incluida? ¿Alguna autoridad podría negarse? ¿Alguna mamá diría que no? ¿Es mucho pedir al gobierno que en vez de gastar 900 millones dólares en cambiar los billetes, que más bien haya desayuno para todos los escolares, que hayan lápices, cuadernos y colores para poder pintar los sueños?

Pensar en septiembre ahora en junio, con una idea fija: ¡Lo importante es que los niños vengan a la escuela!

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