Ruta para la movilización social

Revista SIC 808

Septiembre – Octubre 2018

Estamos convocados a la búsqueda y construcción solidaria de la verdad ante la mentira del poder dominante. Estamos llamados a la construcción colectiva de la belleza ante la “fealdad” expresada en la desidia, deterioro y destrucción de lo público como política de Estado. También, tenemos que insistir en la construcción solidaria del bien frente a la lógica mafiosa que permea el clima social cotidiano y atenta contra la dignidad humana y el bien común.

Constatamos que estamos ante una crisis integral inédita en nuestro país. Nunca antes, en nuestra historia moderna, habíamos llegado a tales niveles de destrucción y muerte en nombre de la “patria”. Hoy, nos encontramos ante un nuevo modelo de dictadura que tiene como divisa, a diferencia de las dictaduras clásicas, el caos, la incertidumbre, la destrucción y el retroceso como mecanismo de dominación, y, en continuidad con las dictaduras clásicas, la persecución, difamación, represión y tortura de los adversarios políticos, tratados como enemigos, desde la razón de Estado.

El control y destrucción de las distintas dimensiones de la vida del país ha sido progresivo durante estos veinte años, pero sin pausa. Se inició con la destrucción del aparato productivo por la vía de la expropiación, restricción de divisas y la imposición corrupta del modelo importador, al tiempo que se iba diseñando por la vía electoral, y a través de leyes anticonstitucionales, el copamiento y destrucción de la institucionalidad política democrática y, de igual modo, el control de los medios de comunicación apelando a la expropiación y/o a la compra de algunos de ellos por personas afines al Gobierno.

Una vez estrangulado el aparato productivo nacional e inhabilitada la institucionalidad política y mediática, y ante la pérdida de legitimidad del Gobierno, se han ido afinando las estrategias para el control social. Para esta fase se ha profundizado como estrategia la utilización de la mentira, la fealdad y el mal como recurso desmovilizador de la psique y el espíritu de los ciudadanos y del cuerpo social. Esta es la tendencia: deshumanizar. Al poder no le interesa la legitimidad sino el poder en sí, y por ello, centra sus energías y esfuerzos en las estrategias de desmovilización direccionadas al control y deshumanización social.

¿Cómo responder alternativamente desde la acera de enfrente? Lo primero que hay que tener claro es no responder con la misma moneda, evangélicamente esto significa poner la otra mejilla, es decir, apostar por la construcción social de la verdad, la belleza y el bien como hoja de ruta de la no violencia activa. Unido a esto es importante dejar de repetir y repetirnos “que no hay propuestas” sino, por el contrario, estar conscientes que estamos en un proceso titánico de construcción de propuestas, remando hacía la otra orilla, a contracorriente, en una dirección alternativa, contraria a la que se nos quiere imponer por la fuerza. Es hora de convencernos que la construcción práctica de alternativas exige trascender intereses particulares poniendo al país en el centro. De igual modo, actuar con espíritu fraternal, desmarcado de los modos de proceder y las estrategias del poder de facto, el cual para sostenerse, cada vez más, va cerrando los espacios democráticos y quitando el oxígeno cotidiano a la sociedad.

No podemos ser alternativos y propositivos si nuestros modos de proceder no lo son, es necesario actuar lo que creemos. La construcción de alternativas implica ya, como teoría y práctica, el ejercicio democrático personal, comunitario y social. Por eso insistimos en la necesidad personal y comunitaria de la metacognición de nuestros procesos de aprendizajes societales para no dejarnos configurar por los modos del poder arbitrario, y subrayar estas tres notas como hoja de ruta: verdad, belleza y bien, como alternativa a la mentira, la fealdad y maldad propias del régimen.

¿Qué significa la búsqueda y la construcción de la verdad? Mantener una actitud propositiva, no reactiva, creando espacios para escucharnos, hablar, deliberar, razonar, convencer, acordar, negociar, compartir aprendizajes, construir imaginarios compartidos del país que queremos, trabajar y luchar con alma vida y corazón para crear las condiciones de posibilidad para que estos ocurran históricamente. Este modo propositivo de resistencia es movilizador y evidencia la mentira del poder, porque como dice nuestro amigo Luis Carlos Díaz en su tuit: “El gobierno miente. No importa cuando leas esto”. Por eso, en la medida que los micros espacios democráticos se expandan por la geografía nacional iremos tejiendo y construyendo una atmósfera de cultura democrática de resistencia. En dictadura, cualquier espacio, por pequeño que sea, de auténtico ejercicio democrático es de gran valor para desmontar desde la razón la mentira del poder. Por ejemplo, pronto saldrá a la luz pública la nueva constitución, será un traje a la medida del régimen, pero también, una gran oportunidad para el cuerpo social, en su diversidad interna, de encontrarnos, escucharnos y dialogar para organizarnos y defender la Constitución de 1999, que es el acuerdo que todos nos hemos dado. Es necesario, como en el 2007, movilizarnos socialmente en torno a la Constitución.

¿Qué significa la búsqueda y construcción solidaria de la belleza? El deterioro de lo público, los basureros en plena vía pública, los malos olores en el metro y en las colas de los bancos, las escenas de camiones transportando como animales a las personas, los apagones eléctricos, la falta de agua potable y las filas interminables por la bombona de gas, son la fealdad y la desidia como estrategias desmovilizadoras y desarticuladoras del cuerpo social; con esto se busca deprimir a las personas y opacar el espíritu. Es propio de los regímenes con pretensión totalitaria destruir, opacar y hacer gris el ambiente porque esto tiene un efecto deprimente en la psique colectiva. Aunque por supuesto, lo encubren con campañas falsas de embellecimiento que no son otra cosa que maquillajes ideológicos y propagandísticos que pretende calar en el imaginario colectivo. Ante este hecho, es necesaria la construcción solidaria de la belleza, que implica encuentros, reflexiones, diseño de propuestas, acordadas y encaminadas a acciones comunitarias concretas de recuperación de los espacios públicos. Este tipo de actividades genera una atmosfera espiritual y psicológica que levanta el ánimo tanto a los que participan directamente como a los transeúntes, además ayudan a crear identidad y sentido de pertenencia comunitario y ciudadano.

Toda actividad comunitaria, vecinal, compartida, abocada a embellecer los espacios de convivencia es importante para movilizar socialmente y construir pequeños logros que permiten interactuar, conocerse, familiarizarse, reestablecer la confianza y plantearse desafíos más ambiciosos. Por algo, ciudades como Medellín, donde se han recuperado los espacios públicos para el encuentro han rehabilitado también la conciencia ciudadana de sus habitantes.

¿Qué significa la construcción solidaria del bien? En una atmósfera mafiosa e impune, donde la justicia, el respeto y reconocimiento del otro se ha ido desdibujando, es menester profundizar y visibilizar todos los esfuerzos a favor de la vida y del bien común que en medio de esta crisis humanitaria se van dando en muchos rincones del país. La apuesta por modelos relacionales de solidaridad y cooperación, de defensa de los derechos humanos, de solidaridad con los más vulnerables y pobres, es la decisión evangélica de vencer el mal a fuerza de bien. La atmósfera de egoísmo y maldad genera impotencia y pérdida de fe en la condición humana, y el ejercicio del bien restablece la confianza personal y comunitaria movilizando la voluntad al servicio del país. El bien nos hace bien.

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