René Bros: la presión integradora y los pueblos indígenas

Los warao son el segundo pueblo indígena más numeroso de Venezuela. Este pueblo habita prinmcipalmente es las islas y caños del delta del Orinoco en el estado Delta Amacuro. Foto: Minerva Vitti

Minerva Vitti

René Bros nos brinda una panorámica de la situación de los pueblos indígenas en Venezuela. ¿Qué pasa cuando las presiones de occidente hacen que los pueblos indígenas pierdan el horizonte? Un problema que debe ubicarse desde el marco de las migraciones originarias, la integración a un sistema y el riesgo de perder la identidad cultural.

Este hermano de Foucauld vivió desde 1965 con los indígenas yekuana y sanema en Santa María de Erebato, una comunidad ubicada en el alto Caura, estado Bolívar. Al principio trabajó el tema de educación para adultos y recuerda que muchos comenzaron a escribir sus tradiciones en cuadernos. Hoy se encuentra muy preocupado por todos los cambios que ha visto en los últimos tiempos, transformaciones en todo nivel (progresos científicos, proezas técnicas, leyes), que si no van acompañadas por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre.

—¿Cómo ha sido la situación de los indígenas?

Los indígenas siempre lo han pasado mal, con la conquista, la guerra de independencia y con el período republicano. A pesar del trabajo de los misioneros que, también han transculturado pero trataron de hacer lo mejor que se podía;  y a pesar de todas las buenas intenciones de las leyes, los indígenas siempre lo han pasado mal. La actitud humanitaria ha estado desde los tiempos de Bolívar hasta nuestros días. El problema es si estas leyes son viables y se pueden cumplir.

—Pero pareciera que nunca han sido reconocidos como verdaderos sujetos de derecho.

—Nunca. Hay un elemento que señala el padre capuchino Adrián Setién que es el endoracismo entre los indígenas y la población que salió del mestizaje. “A esto se suma la eterna inseguridad del mestizo y su resentimiento ante la seguridad racial del indígena”. También dice que los próceres de la independencia carecían de programas sociales para los ciudadanos de a pie y mucho menos para el indígena, porque su única meta era la emancipación política. Uno pudiera decir que siguiendo a Bolívar, la revolución bolivariana también tiene sus debilidades, su meta es la lucha contra el imperialismo pero carecen de verdaderos proyectos sociales. El indigenismo bolivariano deriva del foro de Sao Paulo donde se decidió que había que integrar a los indígenas en la lucha por la revolución y eso teniendo en cuenta sobre todo el Altiplano donde la población indígena ha sido más consecuente. En cierto modo el indigenismo venezolano ha tomado ejemplo del indigenismo altiplano, pero al ser minoría es más difícil.

—Actualmente hay un reconocimiento de sus derechos en distintas leyes…

—Es cierto que hubo un reconocimiento y una visibilización del indígena y ha sido positivo, pero en cierto modo ha producido saturación y rechazo en la utilización del tema indígena en Venezuela.

—Entiendo. Son noticia cuando hay coyuntura. Por ejemplo: el día de la Resistencia Indígena, cuando el pueblo pemon cierra la pista de aterrizaje de Canaima…

—Claro. Por ejemplo para de los pemon, en Bolívar hay toda una campaña que son los indios malos, porque resisten. Se habían opuesto al tendido eléctrico, quieren controlar la minería.

“Yo como cacique no he dado permiso para que trabajen en la minería. Ahora viene el gobierno con el Arco Minero. Wanadi nos dijo que vivamos como yekuana y algunos nos hemos corrompido. La minería no es nuestro trabajo. Wanadi nos está viendo desde arriba, estamos haciendo maldad, maltratando a nuestros compañeros. Yo no puedo maltratar mi tierra porque eso pertenece a mis nietos. Ellos van a sufrir”, dice Cayetano Pérez, cacique general de los pueblos yekuana y sanema, y deja clara su posición con respecto a los indígenas que practican la minería. Foto: Minerva Vitti

—¿Cómo están los indígenas actualmente?

—Están apegados a su tierra, porque ya no tienen posibilidad de buscar otros territorios, con el agravante de que sus tierras y aguas están contaminadas. Por eso la lucha indígena está ligada a la lucha ambiental pero también con el fariseísmo. Ellos convivían con la madre tierra pero al mismo tiempo uno invade su territorio y lo contaminamos. O uno dice tiene que aprender de su filosofía del buen vivir y al mismo tiempo lo transcultura y agrede y los manipula políticamente. Y hay un grupo de indígenas que también son contaminadores. Entre los pemon está la lucha entre los hombres que son mineros y las mujeres que defienden las aguas. Y los de Canaima que quieren defender el turismo y al mismo tiempo son mineros. Los hemos metido en una contradicción interna. En el endoracismo uno culpabiliza a las víctimas: que son borrachos, mineros, drogadictos.

—Usted ha mencionado que podríamos caracterizar a los pueblos indígenas en tres grupos de acuerdo a la presión integradora a la cultura occidental. Pienso en los que están resistiendo dentro de su cultura y en sus territorios; en los que están en ciudades o pueblos, es decir en un ambiente distinto, pero fortalecidos como sujetos en su cultura y su idioma; y en un tercer grupo que está en un proceso muy grave de aculturación. ¿Qué está ocurriendo y cómo se muestra la relación con el territorio?

—No hay refugio. Ahora la tierra está maluca y ellos lo pasan mal. Y estos últimos territorios que eran de misión, actualmente son muy codiciados por el potencial mineral. Según los últimos censos más de la mitad de los indígenas han migrado hacia las ciudades, una migración que se hizo en forma individualista, aunque luego en algunos lugares reconstruyen cierta comunidad y sus prácticas, a través de ciertos bailes, ritos, artesanía, vestuario, que comercializan, pero es un hecho que han migrado.

Hay otra comunidad, como los kariñas, que se habían vuelto campesinos y se han fortalecido a nivel cultural y socioeconómico. Los indígenas que están en la frontera, como los wayúu se dedican mucho al comercio y la situación de la frontera es muy fuerte por lo que implica la cuestión de los paramilitares y el comercio. Los waraos están con el comercio y tráfico a través del delta. Y los yanomamis están defiendo sus tierras que cada vez son más penetradas y amenazadas.

Hay un grupo que se está integrando con sus valores. Algunos logran formar comunidades y otros son absorbidos por la presión integradora, ejemplo los que ocupan cargos públicos.

—Podría profundizar un poco más. Tal vez ayude dar algunos ejemplos con los pueblos indígenas.

— El primer grupo está formado por los que se han integrado: políticos indígenas que están de espalda a sus comunidades. Luego se encuentran los que están resistiendo, mantienen la estructura de comunidad pero con las presiones de integración: wayúu en Maracaibo, warao en Tucupita, pemones en Ciudad Bolívar. Dentro de este grupo también podríamos mencionar a los kariñas y los chaimas. Finalmente están los pulverizados o vulnerables: los warao y yukpas porque son los que están en la calle. Los cuivas me dicen que está en Elorza y toman mucho. Kariñas de Bochinche que están en Tumeremo, en las minas. Sanema que son caleteros en El Caura. Sapé, Chiriana (La Paragua).  ¿Quién se va hacer cargo de ellos? El bolivarianismo ha sido una presión muy igualitaria pero sin tanto sentido de la diferencia. La presión integradora desintegra.

Buscando la tierra sin mal

René Bros cuenta que en tiempos de la conquista cuando los portugueses llegaron a las costas de Brasil, estaban los tupí- guaraní. Algunos cronistas de la época dicen que estos se iban de la costa atlántica a la pacífica por la llegada de los extranjeros ya que se crearon bastantes tensiones, se iban buscando la tierra sin mal que forma parte de cierta espiritualidad indígena. “No es un hecho fortuito. Uno puede pensar que todas las migraciones de los indígenas tenían este motivo”. Lo anterior aplicaba para un mundo de recolectores, gente que vive de los frutos de la selva y la pesca. Para ellos el mundo estaba abierto y cuando había algún mal o dificultad, marchaban para ver si la tierra era mejor en otra parte.Las migraciones provenientes de Asia y Europa también tenían este sentido. Eran una forma de huir del mal.

El hermano Bros dice que cuando el recolector se vuelve agricultor hay un cambio cultural muy fuerte. En América Latina comenzó en la Amazonia no tanto en el Altiplano por las condiciones climáticas.  Y en el caso de Venezuela, hay un flujo de migración que venía del norte al sur: los primeros que eran recolectores y cazadores.

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Acerca del autor

Periodista [UCAB]. Jefa de redacción de la Revista SIC.