Política de la convivencia: una alternativa de ordenamiento social para Venezuela

Para tener resultados positivos, la política requiere conocer verdaderamente los problemas de la comunidad, y eso se logra a medida que los dirigentes de organizaciones políticas se insertan en las comunidades y cultivan relaciones de confianza

Leandro Buzón*

Una definición simple de la política es imposible, y abarcar sus determinaciones esenciales es sumamente complejo. Algunas de las descripciones unilaterales que nos ofrecen ciertos manuales de ciencia política giran en torno a: la política solo como competencia amigo-enemigo, la política solo como consenso discursivo, la política solo como el espacio de negociación de acuerdos para resolver conflictos, la política como supra-estructura de lo económico.

La vida política en Venezuela ha girado en torno a estas grandes definiciones, pero ha carecido de un elemento sustancial que nos identifica como pueblo y es la relación, que dice tanto de nosotros y permita la construcción de leyes, instituciones y estructuras sociales que se nos parezcan como sociedad, y dejemos de importar modelos y patrones de comportamiento de otras naciones para alcanzar esa sociedad moderna con la que muchos venezolanos sueñan.

Distintas son las razones planteadas por miembros de organizaciones comunitarias cuando expresan la relación entre las comunidades y las organizaciones políticas.

El primer problema se encuentra en la direccionalidad y verticalidad con la que las organizaciones políticas se relacionan, en la práctica concreta, con las comunidades. Se revela allí, de manera muy transparente, la preponderancia pragmática y utilitaria de las organizaciones políticas. Estas siempre conciben los planes para la comunidad desde fuera, generalmente basados en suposiciones respecto de las actitudes y comportamientos de la comunidad. Sean estos talleres, eventos deportivos, reparaciones de canchas, pero también, actividades más “políticas”, como volanteos, caminatas, casa por casa, y demás.

Cuando las personas sienten algo como propio se motivan más, sobre todo se involucran en asuntos que tienen sentido para ellas. El problema está que para sentirlos como propios deben ser realmente propios y no solo un mero efecto teatral, es decir, las personas deben poder realmente decidir sobre esos asuntos, tener algún control sobre ellos.

Cuando se les permite a las comunidades participar, cuando de verdad se trata de conocer el mundo de estas, cuando se acerca la mirada de forma detenida y sistemática sobre la cotidianidad de ellas, es decir, más allá de los ejemplos aislados desde los cuales suelen generalizarse, estas teorías sobre la actitud de las comunidades suelen cuestionarse.

Ahora bien, la participación de la comunidad tiene un problema asociado, un problema que le es inherente, entre otros, para poder resolver los problemas de esta, pero también para que la comunidad se incline hacia la organización, y es que la participación es real solo cuando se da en una relación de confianza.

Es decir, si se quieren conocer los verdaderos problemas de la comunidad, así sea para tan solo construir un discurso político “que venda”, es necesario ganarse la confianza de la comunidad; es decir, que pueda haber un trato genuino entre iguales, donde cada una de las partes importen de manera tal que, si las circunstancias lo permiten, cada quien pueda mostrarse tal cual es.

Cuando ello ocurre, los miembros externos a la comunidad pasan a ser miembros de la comunidad, pasan a formar parte del nosotros, no porque se muden a esta, no porque hablen como ellos, no porque se vistan como ellos, no porque hayan hecho un trabajo eficiente, sino porque está con nosotros más allá de la política. “Ese sí es malagradecido, se fue de aquí y más nunca vino a visitar, se olvidó de uno”, afirmaba alguien sobre un trabajador comunitario que luego de estar trabajando en la comunidad por seis meses, no había vuelto a visitarlos desde entonces.

El trabajo de conocer a las comunidades, de establecer relaciones cercanas, para que luego la comunidad pueda mostrarse tal cual es, es aún más necesario para los dirigentes de las organizaciones políticas, pues en muchos casos no han tenido ningún contacto cercano con las comunidades. Se hace necesario para los políticos desarrollar el oficio de escuchar.

En otras palabras, lo que se quiere decir es que las organizaciones políticas, al concebir el trabajo comunitario en la práctica casi en exclusividad como una estrategia electoral, no promueven el desarrollo comunitario ni tampoco la democracia más allá de la que se tiene hasta ahora, porque no se ven a sí mismas como las instituciones que proveen a la sociedad de la organización y socialización política necesaria para reformar al Estado, de forma tal que todos los ciudadanos pueden ser autónomos.

Bajo el paradigma convivencia versus conflictividad nace el movimiento social Caracas Mi Convive. Nació en el marco de una notable polarización política, elevados niveles de violencia y criminalidad que afectan a todos los venezolanos.

La situación actual nos desafía: el hambre ataca a todos los venezolanos, chantaje vía CLAP, y la vocación totalitaria de la elite psuvista totalmente desconectada de los problemas del país pretende callar a los venezolanos disidentes.

Queremos innovar políticamente y esta innovación queremos llenarla de sentido a través de valores como la solidaridad. Nacimos con un sueño que es “promover una Caracas de la Convivencia” que permita fomentar relaciones de confianza entre líderes y organizaciones de base del municipio Libertador.

La organización comunitaria y la creación de redes de apoyo y confianza son fundamentales para la construcción del tejido social comunitario que hemos venido construyendo durante estos años de trabajo.

Politizar la acción comunitaria en la Venezuela herida del presente es una tarea impostergable. Politizar los desmanes que hoy padecen nuestras comunidades es fundamental. Los responsables de esto son los líderes y las organizaciones de base. Para ello, se hace necesaria la creación de espacios de encuentro en donde la gente pueda conversar de los problemas que le atañen para derrotar la vocación totalitaria de una élite política que desea mantenerse en el poder a sangre y fuego.      

La experiencia comunitaria de Caracas Mi Convive y Alimenta la Solidaridad han sido experiencias capaces de tocar la fibra y el alma de un pueblo que desea formar parte del cambio y de los procesos de empoderamiento y organización de su comunidad. El desafío es seguir sembrando esperanza, derrotar la apatía y convertirse en el faro de calidez, luz, en medio de la oscuridad que arropa al país.  

*Miembro del Consejo de Redacción de SIC.

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