Picasso camarada: Una exposición estrambótica

Jesús María Aguirre

El sábado pasado 8 de septiembre fui a disfrutar la exposición de Picasso, con alguna prevención por la reseña crítica del diario El Nacional, pero en definitiva quería completar mi visión de este multifacético artista y creador incansable. No esperaba unas presentaciones como las del Museo Sofía, donde está el famoso “Guernica”, las del Prado o las del Tate Gallery, con lujo de iluminación y apoyos didácticos, pero al menos me ilusionaba recrearme con las 149 obras expuestas. Lo cierto es que, si uno va a una exposición de Picasso en el Museo de Bellas Artes, no es por su vieja afiliación comunista de “camarada sino es por su gran obra artística. Es decir, le admiramos por su arte y nos complace que se hubiera comprometido contra la dictadura franquista (aunque nos hubiera gustado que también lo hubiera hecho contra la estalinista y su archipiélago Gulag).

Me encontré con un panel de presentación en que tres de los cuatro párrafos hablaban de su “compromiso político” y una de su afiliación al Partido Comunista francés. Solamente eché de menos otro quinto que pudiera decir algo como: “sacó el carnet de la patria en ultratumba”. Pregunté por el origen y autoría del documental que estaban proyectando sobre la guerra civil española, pero nadie me dio razón de ello. En toda la exposición no se hace mención de sus diversas etapa y evolución plástica. Me adhiero, pues, a las críticas aparecidas en la prensa sobre el cretinismo artístico y puedo garantizar que el calor por falta de aire acondicionado y la inadecuada iluminación de los cuadros, no son “fakenews”. No pregunté por los baños, pues, últimamente en los Museos nacionales en el Cinemateca están cerrados o en reparación.

Merecen la pena algunos facsímiles sobre bocetos que trabajó en la preparación del Guernica, la serie de una centena de grabados Suite Vollard, encargados por el galerista Ambroise Vollard, y para mi gusto Las mujeres de Argel, inspirado en Delacroix, quien fue uno de los pioneros en la representación del mundo argelino y en particular de los harenes.

Ante una figura tan polimorfa y cambiante como Picasso es habitual enzarzarse en una controversia sobre el valor de su faceta más destacada. Cierto fundamentalismo político de izquierda pretende rescatar su figura destacando su posición política y su inscripción en el partido comunista francés en los años cuarenta. Sus críticos más feroces sacarán a relucir que no demostró ser un predicador comprometido con la igualdad comunista al comprar el castillo de Vauvenargues y no precisamente para acoger refugiados o mendigos como un Nazarín de la dupla Pérez Galdós y Buñuel. No hablemos de ciertas fobias femeninas contra su persona por su relación con las mujeres-modelos (para ello le recomendamos el documental “Picasso y sus mujeres”, puede verlo ingresando al siguiente enlace http://ow.ly/Ejqf30lO46w).

Picasso es comunista, yo tampoco”, dijo Dalí sobre Pablo, esto en plena dictadura franquista. En cualquier caso, le recomiendo ir a ver la exposición, pues no hace falta todavía estar afiliado al Partido Comunista de Venezuela y tener el carnet de la Patria para disfrutarla. Y, por siquiera averiguar otras particularidades de Picasso vea en: http://ow.ly/qayu30lO4aU.

 

 

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